Aventuras y desventuras
La Casa de las Veletas, un hito cultural en Cáceres tras su profunda rehabilitación en 1931
La constitución de la primera Junta de Patronato en 1927 y la elección de Juan Sanguino como director impulsaron el crecimiento del museo

La Casa de las Veletas. / E. P.

Todo edificio histórico tiene un principio y en el caso de nuestra ciudad esto no es una excepción. Además, nosotros tenemos la suerte de contar aquí en Cáceres con una amplísima bibliografía desde hace siglos y de muy variados autores, donde se detallan todos y cada uno de nuestros monumentos históricos prácticamente al detalle. Solamente es cuestión de paciencia consultar dichas fuentes documentales y así poder conocerminuciosamente cada piedra de nuestros palacios. casas señoriales y restos de construcciones que componen el Conjunto Monumental declarado Patrimonio de la Humanidad.
En el edificio que nos ocupa no es necesario remontarnos muy atrás en el tiempo, todo comienza en el año 1899 con la publicación de la Revista de Extremadura, cuando un grupo de inquietos hombres defensores de todo lo relativo a nuestra histórica ciudad, realizando numerosas reuniones, coinciden en la necesidad apremiante de crear un Museo.
Aquella comisión estaba integrada por don Gabriel Llabrés, don Juan Sanguino, don Daniel Berjano, y don Publio Hurtado, como promotores, secundados por don Mario Roso, don Rafael García-Plata de Osma, don Joaquín Castell Gabás, etc. quienes durante meses comenzaron a recoger antigüedades tanto en la ciudad como en los alrededores, de donaciones anónimas o de personas que las ofrecían por pequeños donativos económicos, llenando así unas discretas vitrinas, que siendo insuficientes para contener todos los objetos expuestos, inmediatamente gestionaron una subvención del Ministerio de Instrucción Pública, con la que pudieron conseguir utilizar dos salas en el entonces Instituto de Segunda Enseñanza, instalado en aquel tiempo en la Plaza de San Jorge. Aquel primer Museo fue declarado de utilidad pública por una Real orden de 11 de octubre del año 1917, lo que nos puede dar una idea de la importancia que había alcanzado en poco tiempo como consecuencia de las interesantes y variadas piezas que ya contenía.
Y por Real Orden de 30 de abril de 1927 se constituía la primera Junta de Patronato, presidida hasta su fallecimiento por don Publio Hurtado Pérez, conocido como el patriarca de las letras extremeñas.
En poco tiempo las ilustres figuras de nuestra ciudad y un elevado número de habitantes comenzaron a volcarse con tan magnifica tarea cultural, lo que aumento notablemente el número de donaciones de todo tipo, siendo elegido como primer director don Juan Sanguino Michel con fecha 21 de octubre de 1917, hasta su fallecimiento en febrero de 1921, hasta prácticamente nuestros días ha trascendido la gran dedicación con la que Sanguino empleó todo su tiempo en favor y beneficio del recién creado Museo. A tan insigne arqueólogo e historiador le sustituyó en el cargo el incansable investigador de archivos, don Miguel Ángel Orti Belmonte, verdadero artífice de la ampliación del Museo, con la adquisición necesaria de un nuevo edificio mucho mas grande. La actual sede, el palacio de las Veletas.
Nos situamos así en el año 1931, concretamente el mes de diciembre, cuando toda una serie de gestiones es necesario realizar en distintas instituciones locales, así como provinciales e incluso a nivel nacional. Son momentos en que se produce una gran unidad de los personajes mas insignes e ilustres de nuestra tierra, el motivo no puede ser mas noble, la necesidad de constituir los cimientos de un Museo provincial adecuado para exponer y custodiar los miles de objetos arqueológicos e históricos que ya están guardados.
La propuesta para las nuevas instalaciones museísticas no podía ser más ambiciosa, la conocida como Casa de las Veletas. Para tan magnifica propuesta el artífice de la idea y sus más cercanos colaboradores implican al diputado a Cortes por Cáceres, don Ángel Rubio y Muñoz, quién inmediatamente se toma la tarea como propia, siendo ayudado por el también diputado don Ángel Segovia, consiguiendo los dos convencer al Director General de Bellas Artes, don Ricardo de Orueta y Duarte, de la necesidad de la necesaria adquisición de mencionado edificio. Así el señor Orueta hace suya la idea y emplea todos sus esfuerzos políticos en dicha tarea cultural, llegando incluso a utilizar sus propias relaciones personales para tal fin a todos los niveles. Por todo ello los cacereños debemos eterna gratitud a dicho señor y no podemos olvidar nunca su nombre y esfuerzo.
Así las cosas y ante el peso de tantos ilustres locales como políticos con notable peso nacional, los propietarios de la Casa de las Veletas, accedieron a la petición de la Dirección General de Bellas Artes, según Orden de 11 de diciembre de 1931, por lo que se firmaba el correspondiente acuerdo de arriendo de dicho edificio.
Comienza así una profunda tarea de rehabilitación y adecuación de aquel dañado edificio, para lo cual son varios los arquitectos del Ministerio que acuden a nuestra ciudad a dirigir tales trabajos, entre ellos el señor Menéndez Pidal y el señor Moya.
Gracias a los numerosos datos que nos aporta en su momento Orti Belmonte, conocemos que las primeras seis mil pesetas que se entregan para la instalación de los objetos, son entregadas por eOrueta, al tiempo que la Diputación Provincial presidida por don Juan Marchena, entregó cinco mil pesetas con vista al presupuesto del año 1933. Con tan importantes sumas se pudieron realizar amplios trabajos de saneamiento y arreglo de dos grandes salones en la planta baja, además de derribar tabiques, reforzando pisos con vigas de hierro, además de restaurar el magnífico artesonado del siglo XVI que allí se encontraron. También fue necesario intervenir el patio central, así como las galerías superiores que carecían de todo refuerzo necesario.Pero la más sorprendente fue que en la totalidad del edificio fue necesario arreglar treinta y cinco pares de balcones y ventanas. Además de dar pintura a todo el edificio y sus diferentes estancias.
Tarea más concienzuda fue la que se presentó ante la restauración y conservación del aljibe árabe, reconocido como monumento arquitectónico artístico desde el 3 de junio de 1931, era necesario ponerlo en perfecto estado para ser visitado tanto por los cacerenses como por los visitantes que podrían llegar con el tiempo, todos eran conscientes que se trataba de la joya mas valiosa de la ciudad. Por ello la Junta del Tesoro Artístico de la República aprobó el presupuesto dado por el arquitecto Sr. Menéndez Pidal que ascendía a la cantidad de 2.100 pesetas. Por ello se secó el aljibe, y se derribó un muro interior que cortaba la última nave, realizada en el siglo XVI, al tiempo que se le abrió un desagüe para que las aguas no llegasen a los arcos. Arreglando la galería de acceso, dejando a la vista los arcos tapados, además de abrir una entrada en el muro para localizar la entrada al interior del aljibe. Y para finalizar todo el trabajo se colocó un anden de madera para poderlo recorrer por los visitantes hasta la mitad del mismo. Iluminándose con luces ocultas, lo que daba al monumento un aspecto fantástico e impresionante.
El 12 de febrero de 1933, Ricardo Orueta, Director General de Bellas Artes, con la representación del Ministro de Instrucción Pública, inauguró solemnemente el Museo.
Todo el espacio tanto interior del edificio como la propia plazuela próxima estaba repleta de autoridades y vecinos de nuestra ciudad, se estima en que más de dos mil personas fueron testigos directos de tan importante acontecimiento cultural para nuestra querida ciudad. Entre tantos asistentes se encontraban setenta y cinco bellísimas señoritas, alumnas de la Escuela Normal de Magisterio Primario de Cáceres, ataviadas con los trajes típicos de los pueblos de la provincia. Era una nota de belleza, un cuadro de color que contrastaba con la severidad del local.
Estaban presentes serradillanas, veratas, campuzas, cacereñas, malpartideñas, casareñas, montehermoseñas, corianas, arroyanas, montanchegas, molineras, acehucheñas, moralas, cabezueleñas, naveras, gitaleanas, talavaniegas, torreorgeñas, torremochanas, garrovillanas, moralejanas, plasenzueleñas, piornalegas, sanvicenteñas, valdefuenteñas... Llevando ricos y antiguos mantones, sayas y variados guardapieses ricamente bordados, las mayorías de estas piezas centenarias y sacadas de las arcas de las abuelas. Y todo este conjunto único, adornado con pendientes del aljófar y de reloj, bellas gargantillas, veneras y galápagos, piezas valiosísimas procedentes de los antiguos talleres de los orives de Torrejoncillo y Arroyo.
Tal y como se puede apreciar todo un acontecimiento social y cultural para un momento histórico para nuestra ciudad. Gracias al cual Cáceres ocupa un lugar preferente en el mundo de la museística nacional e internacional, sin olvidar a todas aquellas personas que hicieron posible esta realidad.
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