Hostelería
El Zani vuelve a levantar la persiana en Cáceres: "Queremos que siga siendo el bar de toda la vida"
Alfonso Pérez toma el relevo de Enrique Carrero en el histórico establecimiento de la plaza de Bruselas con la intención de conservar su esencia: desayunos, cañas con pincho, café de tarde, fútbol y barra de barrio

Ángel García Collado

El Zani no se fue del todo. Cerró la persiana a finales de enero, sí, y Cáceres despidió entonces a Enrique Carrero con ese nudo en la garganta que dejan los bares cuando no son solo bares, sino parte de la rutina sentimental de una ciudad. Pero había algo en aquella despedida que sonaba a pausa más que a final. La plaza de Bruselas se quedó sin el ruido de la barra, sin el cañeo de media mañana, sin la Super Bock servida como contraseña doméstica, sin esa manera tan de Enrique de atender y de estar. Ahora, unos meses después, el Zani vuelve a abrir camino con nuevo responsable al frente y una promesa sencilla: cambiar lo justo para que todo siga reconociéndose.
El nuevo encargado será Alfonso Pérez, cacereño de 27 años, hostelero desde muy joven y vecino de la zona. No llega al Zani como quien descubre un local vacío, sino como quien entra en una casa conocida. "Ha sido el bar donde nos hemos criado", explica. Esa es, precisamente, una de las claves del relevo. Alfonso ha comprado el negocio con la intención de mantener su espíritu, no de convertirlo en otra cosa. "Nos hemos decantado por este bar porque conocíamos a los antiguos dueños y era un bar de barrio", cuenta.
Una continuidad buscada
Para Alfonso, ponerse al frente del Zani supone su primer proyecto propio. Hasta ahora había trabajado siempre por cuenta ajena, tanto de día como de noche, en eventos, bares de Cáceres, establecimientos de la zona y, durante casi tres años, en el Buogaloo. Ahora ha decidido "tirarse al barro", como él mismo dice, y hacerse autónomo para defender un negocio con más de medio siglo de historia.
Prevé contar desde el inicio con un cocinero y, algo más adelante, incorporar otro trabajador. "Yo soy el primero que trabaja, evidentemente", señala.
La operación se ha cerrado después de meses de conversaciones con Enrique Carrero. Alfonso sabía que el anterior responsable del bar tenía cada vez más cerca la jubilación, aunque al principio todo parecía lejano. "Veía que ya le quedaba poco, que decía: tengo unas ganas de jubilarme", recuerda. Cuando la fecha se acercó, la posibilidad se volvió real. Había otros interesados, pero Alfonso cree que ha pesado la voluntad de continuidad. "Enrique sabía lo que nosotros queríamos hacer", afirma. Y lo que querían hacer era claro: que el Zani siguiera siendo el Zani.
El bar de barrio, sin disfraz
La reapertura no vendrá acompañada de grandes cambios estéticos. Alfonso tiene claro que tocar demasiado el local sería traicionar parte de su identidad. "Visualmente, no", responde cuando se le pregunta por la inversión. "Esto es un bar de toda la vida y, al final, como le cambies dos cosas, pequeños detalles marcan la diferencia. Deja de tener la esencia que tiene, de tasca", defiende.
La oferta será también reconocible. El Zani seguirá funcionando como bar cafetería: desayunos por la mañana, café, tostadas, cañas con sus pinchos, tardeo de café y copas al caer la jornada. "Lo que viene a ser un bar de barrio de toda la vida", resume Alfonso. No habrá una apuesta de cocina formal ni un giro hacia otro modelo de negocio. La idea es sostener esa fórmula que durante décadas convirtió el establecimiento en una prolongación del barrio: barra, confianza, pincho y conversación.
El nuevo responsable insiste en que la esencia de Enrique y de su familia seguirá presente. De hecho, quiere que el hostelero jubilado, sus hijos y quienes han formado parte de la historia del Zani estén en la reapertura. "Ellos están más que invitadísimos. Esto es su casa", asegura. Y va más allá: "Para mí sigue mandando Enrique. Aunque ya lo llevemos nosotros, Enrique dice misa y todos vamos a misa".
Fútbol, toros y memoria
Entre las señas de identidad que Alfonso quiere recuperar están también el fútbol y los toros en la televisión. Recuerda que, durante años, el Zani fue punto de encuentro para ver los partidos. "Queremos que vuelva eso: el Zani lleno", dice. El plan es retomar el fútbol de cara a la próxima temporada y mantener también las retransmisiones taurinas, algo que cada vez resulta más difícil encontrar en los bares de la ciudad.
No hay todavía una fecha exacta de apertura. Alfonso admite que la ilusión empuja a abrir cuanto antes, pero prefiere no precipitarse. "Teníamos pensado que ya estuviese abierto, pero a veces hay que poner un poco el freno para hacer las cosas bien", explica. La reapertura será, en cualquier caso, dentro de poco. Y el barrio espera.
Porque cuando el Zani cerró en enero, Cáceres despidió algo más que una barra. Despidió una manera de entender la hostelería, encarnada durante décadas por Enrique Carrero, por Domingo García Acedo antes que él y por una clientela que hizo del local un pequeño refugio cotidiano. Ahora el relevo llega con juventud, pero también con memoria. Alfonso no quiere inventar un Zani nuevo. Quiere conservar el que tantos cacereños tienen en la cabeza.
Y quizá esa sea la mejor noticia: que la plaza de Bruselas volverá a escuchar el ruido del café por la mañana, el golpe seco de la caña bien tirada, la conversación cruzada, el partido en la tele y esa vida de barrio que solo sobrevive cuando alguien decide no convertirla en decorado. El Zani vuelve. Y vuelve, precisamente, para seguir siendo de toda la vida.
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