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Barrio a barrio

Los judiones con perdiz que se pueden saborear en Cáceres a 15,50

La Casa de los Ovando Saavedra alberga la sede de Acisjf, una entidad que desde 1971 trabaja en Cáceres para ofrecer apoyo y recursos a los más necesitados

Vídeo | De San Juan a la plaza de las Piñuelas de Cáceres

El Periódico Extremadura

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Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Cáceres

¿Qué ciudad española tiene en pocos metros tres plazas consecutivas?, ¿qué ciudad española no solo tiene tres plazas consecutivas sino que esas tres plazas conducen directamente a un joya declarada por la Unesco Ciudad Patrimonio de la Humanidad? Esa ciudad es Cáceres y la primera de esas tres plazas se llama de San Juan. Nuestro paseo de hoy discurre paralelo al arandel donde dejamos atrás el Hotel NH Collection Cáceres Palacio de Oquendo y dos fachadas de edificios cerrados, uno el que albergó el Mesón San Juan y otra en cuyo balcón aún cuelga el cartel de la constructora Abreu.

De ahí a la Casa de los Ovando Saavedra, habitada por los descendientes de Diego de Ovando. Su sencilla fachada oculta un interior con una bonita escalera de piedra, revestimientos de azulejos en las paredes y techos decorados con yesería policromada. Alberga la sede Acisjf, la Asociación Católica Internacional de Servicio a la Juventud Femenina. Nació de la preocupación de un grupo de mujeres que encabezadas por Ana María Marzal Fuentes decidió crear esta institución en 1971. Ana María pertenecía al Instituto Secular Hogar de Nazaret de Badajoz, que trabajaba con el Ministerio de Justicia de Protección a la Mujer. Ella conoció esta asociación, extendida por distintos países, que acabó recalando en Cáceres.

Fue el primer colectivo en el mundo que atendía directamente a las mujeres, pero no tardó en ocuparse también de los hombres. Los comienzos no fueron fáciles. Muchos críos venían de los pueblos. Llegaban por las mañanas y en Acisjf dejaban sus enseres, las cosas de aseo, luego se marchaban a los institutos para recibir clase. La sede estaba abierta a todos y hasta ella acudían para pedir trabajo, para consultas médicas, de abogados, jóvenes que iban a dar a luz, empleadas de hogar que por las noches se sacaban el título de estudios primarios. Acisjf ha trabajado codo con codo con los servicios sanitarios, con los sociales, ha prestado atención a ciudadanos que realizaban trabajos a la comunidad por haber delinquido, ha puesto en marcha talleres en las cárceles, ha salvado de adicciones y situaciones límite a los que habían caído en el pozo.

Pasado el tiempo, la Caja de Ahorros de Extremadura puso en sus manos la Residencia Universitaria Santa Teresa de Jesús en la calle Clavellinas. Más tarde, en San Mateo adquirieron el palacio de la Marquesa de Álava y lo hicieron gracias a las ayudas y los legados porque el edificio, por el que pedían 29 millones de pesetas, finalmente lo cedieron por 3 y medio. Allí tenían el comedor social, el ropero y una atención permanente de escucha.

Desde el primer momento fueron compartiendo vidas, porque una cosa es vivir con alguien y otra es compartir la vida con alguien. El nombre de Acisjf lo escribe toda la ciudad, desde el que busca ayuda hasta el que la puede dar. Aquí no se pide credo, ni religioso ni político, pero nuestra base es un credo de fe y de pensamiento cristiano. Luego llegaron los inmigrantes. El entonces obispo, Ciriaco Benavente, marcó ese camino. Y siguieron salvando vidas. Chicas muy jóvenes a las que perseguían para ser explotadas, hombres a los que les habían robado la documentación, otros que necesitaban dinero para gasolina, personas que querían ser libres y no las dejaban porque el mundo es de unos pocos.

Hoy, la asociación cuenta con cien voluntarios activos. El colectivo auxilia a los más necesitados, ofrece comida gracias a la colaboración del Banco de Alimentos y en Navidad realiza campañas para dar complementos de esos que a todos nos gusta tener en nuestra mesa. Por las tardes hay clases con profesorado que guía a alumnos en sus estudios, a quienes igualmente ofrecen material escolar. Es hogar para adolescentes, jóvenes embarazadas, personas que provienen de familias desestructuradas obligadas a salir de sus casas, internos de la cárcel que acuden los fines de semana durante sus permisos penitenciarios. 

Talleres de artesanía, voluntariado... todo es bienvenido en Acisjf, y más ahora que con el recibo de la luz ha subido. Hay cámaras frigoríficas, congeladores. Dan servicio de acogida a 315 familias, que suman 880 personas, de ellas 220 son niños. Además, residen 14 jóvenes enviadas por la Consejería de Bienestar Social. Mantener esta estructura sería imposible sin las aportaciones que reciben del Obispado, de la parroquia de San Juan, de la del monasterio de Guadalupe, de las fundaciones Valhondo Calaff y Mercedes Calles, de la ermita de San Antonio del Barrio, de las cuotas de los 120 socios o de los donativos esporádicos (como los que hacen los turistas cuando de camino a la parte antigua se topan con la casa de San Juan).

Esa casa, la Casa de Ovando Saavedra, fue adquirida en 1994. Para adaptarla a las necesidades, el proyecto fue realizado por el arquitecto Javier Hergueta, sin coste para la asociación. Acisjf hace un trabajo silencioso. En la memoria, siempre, una de sus alma mater: Corazón Rosado (besos al cielo).

Publio Hurtado

El paseo prosigue por la Casa de Publio Hurtado, hoy vinculada al Ayuntamiento para sus servicios administrativos y que recuerda al intelectual que documentó la ciudad. Fue uno de los nombres esenciales de la cultura local entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. Abogado, escritor, historiador y etnógrafo, Hurtado convirtió la investigación sobre Cáceres, sus familias, sus costumbres y su patrimonio en una forma de servicio a la ciudad. La clave simbólica del inmueble está en su fachada. Allí permanece el gran rótulo cerámico de la plazuela de Publio Hurtado, una pieza de azulejería que recuerda el homenaje que la ciudad tributó al intelectual cuando aún vivía.

La historia arranca en 1922, cuando vecinos de Cáceres solicitaron al Ayuntamiento que la plaza donde residía Hurtado recibiera su nombre. Hasta entonces, aquel espacio era conocido como Piñuelas Altas. La petición prosperó y acabó dando lugar a uno de los rótulos más singulares del callejero cacereño. El diseño elegido fue elaborado por la empresa de Juan Ruiz de Luna, de Talavera de la Reina, con el estilo característico de la azulejería talaverana. La composición está formada por 54 azulejos y combina tonos azules y amarillos, motivos vegetales y figuras humanas a ambos lados de la inscripción.

La plaza se inauguró el 12 de octubre de 1925. Aquel día, Publio Hurtado pronunció unas palabras desde uno de los balcones de su propia casa. Desde entonces, la fachada del edificio conserva algo más que una indicación urbana: guarda el gesto de una ciudad que quiso reconocer a uno de sus grandes estudiosos.

El Ayuntamiento de Cáceres anunció en marzo de 2025 la reparación de la fachada principal del edificio Publio Hurtado. La actuación, según explicó entonces el concejal de Infraestructuras, Víctor Bazo, incluía la impermeabilización de la cubierta del mirador, el picado de revestimientos interiores en mal estado, el lijado del óxido y la protección de elementos estructurales afectados, como vigas, viguetas y cargaderos.

El proyecto contemplaba también restaurar la carpintería exterior de acero, restituir revestimientos exteriores deteriorados y finalizar con la pintura de la fachada. La mayor parte de los trabajos se planteaban mediante trabajos verticales, con acceso mediante cuerdas, anclajes, dispositivos anticaídas y otros sistemas específicos.

La intervención tenía un sentido práctico evidente: conservar un inmueble municipal y evitar el deterioro de su envolvente. Pero en Cáceres, donde cada fachada del centro puede ser también una página de historia, la reparación adquiría una lectura patrimonial. Mantener la casa de Publio Hurtado es mantener visible una referencia cultural de la ciudad.

De ahí, al edificio del museo municipal que continúa cerrado y que tiene dos accesos: por la Plaza de Publio Hurtado y por el Adarve de Santa Ana. Sus contenidos forman parte del acervo cultural local, reuniendo orfebrería, objetos relacionados con las Ferias y Fiestas de la ciudad, documentación histórica, esculturas, pinturas, planos, carteles, fotografías antiguas, premios y distinciones ligados al propio Ayuntamiento, catalogados en 1996. También tiene dos salas de exposiciones.

Seguimos nuestro camino hasta el número 11: una casa preciosa que está en venta y un teléfono: 618 64 31 62, para los interesados. Al lado, otro inmueble donde está el Grupo Creativa, especialistas en pedagogía del ocio y el Restaurante Bouquet entre cuyos platos suculentos destacan el lomo doblado a 19,40, canelón de ensaladilla a 14,90, ensalada de perdiz roja a 14,60 y platos de cuchara, de los que sacamos a colación los judiones con perdiz a 15,50, y los garbanzos con foie a 15,50 euros.

Tampoco se deben dejar pasar por alto el arroz meloso ibérico por 15 euros, el pulpo a la brasa, el tataki de atún rojo por 23, el solomillo de cerdo por 15,50, el lingote de caramelo lácteo a 6 euros o los chipirones fritos a 15,50.

De ahí, a la tercera plaza, la de las Piñuleas, con su aparcamiento para bicicletas y la entrada trasera del Ayuntamaiento de Cáceres, edificio que proyectó el arquitecto Ignacio María de Michelena, de estilo neoclásico. La obra se inició en 1867 y culminó dos años más tarde, en 1869.

Preside la Plaza Mayor al encontrarse elevado sobre una escalinata. Destaca en su fachada el atrio porticado con cinco arcos de medio punto. Encima se halla el piso noble con balconada, sostenida por ménsulas, donde se encuentra el Salón de Plenos. Se remata el edificio con el escudo de la ciudad, una balaustrada rota por un frontón en el centro, que alberga un reloj.

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