Barrio a barrio
El mejor tataki a 17,90 y, de regalo, vistas a la ciudad monumental de Cáceres
En 1936, un redactor del diario anunció al mundo la designación de Franco en Cáceres como caudillo, convirtiendo la ciudad en centro internacional de noticias

El Periódico Extremadura

El paseo diario de El Periódico Extremadura por los barrios de Cáceres comienza hoy en la calle Arco de la Estrella que se une a la calle Adarve del Padre Rosalío. Uno de sus grandes edificios, en el corazón de la ciudad monumental, está en la esquina con la Plaza de los Caldereros es el Palacio de la Generala, construido a finales del siglo XV y principios del siglo XVI, transformándose durante los siglos posteriores con usos históricos relevantes en la ciudad.
El nombre deriva de su propietaria en el siglo XVIII: María Cayetana Vicenta de Ovando y Calderón, quinta Condesa de Peña Parda de Flores, esposa del General Vicente Francisco de Ovando y Roll, cuarto Marqués de Camarena y luego primer Marqués de Camarena la Real. El palacio cuenta con valiosos balcones, rejería y escudos en la fachada.
La primera sede de El Periódico Extremadura estuvo precisamente en el Palacio de La Generala (1923-1973). La ubicación en pleno corazón de la ciudad monumental de Cáceres no es casual, pues era entonces el espacio perfecto para los talleres -que hacían también trabajos para particulares y empresas- y una redacción en la que ejercieron su magisterio Tomás Murillo Iglesias (1923-1927), Antonio Reyes Huertas (1927-1937), Rafael Bittini (1937-1939), Dionisio Acedo (1939-1971) y Germán Sellers de Paz (1971-1987). Entre los hitos cabe destacar la visita en 1964 del nuncio de Su Santidad en España, Antonio Riberi.
Los muros de La Generala acogieron al Extremadura durante medio siglo. La Generala es uno de los espacios más bellos de Cáceres- Actualmente, es sede de la Universidad de Extremadura. EXTREMADURA nació con una clara vocación regional, la misma que en la actualidad conserva. El propio obispo anunciaba que el diario pretendía ser «el alma de la suspirada regeneración regional en todos los órdenes», sin perder la vertiente católica con la que fue concebido.
El cacereño Tomás Murillo Iglesias, abogado del Estado, jefe de la delegación de Hacienda de Cáceres, presidente de la Junta de Acción Católica y del consejo de administración de Editorial Extremadura, defendió la creación de un diario «esencialmente informativo», alejado -decía- «de todo partido político y de cualquier discusión de doctrina o personal».
Desde sus inicios, el interés por las nuevas tecnologías se dejó notar en el diario, que ya en febrero de 1925 inaugura una entonces potente estación receptora de telefonía sin hilos, todo un avance que nos permite una tirada de un millar y medio de ejemplares diarios, una cantidad insólita y hasta el momento nunca conseguida.
Poco después, en marzo de 1926, el EXTREMADURA inicia dos ediciones diarias, una cerraría a las cuatro de la mañana y otra lo haría a las seis de la tarde. Los tipos de letra, factura y composición del periódico mejorarían considerablemente.
Coincidiendo con el quinto aniversario de su fundación, Antonio Reyes Huertas se hace cargo de la dirección del periódico. Las mejoras que Reyes Huertas introdujo en el diario comenzaron a hacerse patentes el 26 de diciembre de 1928. El EXTREMADURA, que convivía entonces con otros diarios ya históricos como El Adarve o El Noticiero, era el periódico que contaba en Cáceres con mayor número de suscripción fija y de anuncios.
Pero su posición ideológica le acarreó las peores consecuencias con la proclamación de la Segunda República. En 1932 se produce la suspensión de nuestro periódico. Precisamente, es La Libertad, un diario de Badajoz, el que informa de la noticia en este párrafo: «Continúa la suspensión del Diario Católico Extremadura, habiendo sido lacrados y sellados los locales de Redacción, Administración y Talleres». Defensores de la Derecha General Agraria y combativos con la República, el rotativo acumulaba multas y generaba polémica por los continuos enfrentamientos con el ayuntamiento cacereño.
Cáceres, en el centro de la noticia
En 1933, al cumplirse nuestro décimo aniversario, el Extremadura afianzaba su tendencia ideológica recordando en su portada al fundador, un desterrado cardenal Segura al que definía como un «programa de ideales en estas palabras de San Pablo: Todas las cosas y todas en Cristo».
Pese a la dramática situación que vivía España en 1936, el Periódico siguió cumpliendo su papel de portador de noticias. Una de ellas hay que destacarla por su relevancia histórica: fue Juan Milán Cebrián, redactor de nuestro periódico, quien lanzó al mundo el 27 de septiembre, a las diez de la noche, la designación de Franco en Cáceres como caudillo de España, jefe del Estado y generalísimo de los tres ejércitos, un acontecimiento que convirtió a la capital cacereña en centro internacional de noticias y, a nuestro diario, en mensajero de un hecho que marcaría los próximos 40 años de la historia de España.
Años de guerra
La guerra se llevó muchas cosas, también ejemplares del Extremadura que han sido imposibles de localizar en la actualidad, aunque parece que queda constancia de que durante todo el conflicto bélico el periódico se publicó sin excepción. Un año después, en 1937, Rafael Bitini y López de Guijarro se encargaría de la dirección de la empresa. Bitini nació en Barcelona en 1909 y era secretario particular de Francisco Sáenz de Tejada y Olazágal, gobernador civil de Cáceres que ese mismo año sustituyó a Lepoldo Sousa.
En el año 1939 el periodista Dionisio Acedo fue nombrado director del Extremadura, lo que supuso el inicio de una nueva andadura del periódico, que fue guiado por la experiencia de un hombre singular. De marcado carácter social, el periódico celebró el 1 de abril de 1948 sus bodas de plata, un acontecimiento que los trabajadores vivieron con especial emoción y que valió incluso el reconocimiento del entonces director general de prensa, Tomás Cerro, quien envió un telegrama felicitando por estas bodas de plata que tuvo una amplia cobertura informativa en el periódico. Con tal motivo tiene lugar una fiesta religiosa solemne en la parroquia de San Mateo y el obispo es recibido por el Consejo de Administración de Editorial Extremadura, presidido por Emilio Villar, así como por los consejeros León Leal Ramos, Sánchez Manzano, González Herrera y González Ávila.
Modernidad en los 60
El 12 de marzo de 1958 se produce otro cambio importante en El Periódico, que a partir de ese momento pasaría de cuatro a doce páginas, cambiaría su diseño y ampliaría sus secciones. En ese período el Extremadura seguiría sin perder su fuerte vinculación con la Iglesia, como lo demuestra la visita, en 1964, del nuncio de Su Santidad en España Antonio Riberi.
Su llegada a las instalaciones del diario se definió entonces como un hito histórico. En el Palacio de la Generala, Riberi fue recibido por el Consejo de Administración y personal de la casa, con quienes departió durante 45 minutos. A las puertas del palacio le esperaban el presidente del consejo de administración, el secretario y los consejeros. También se sumaron el delegado provincial del Ministerio de Información y Turismo, Luis Fernández Madrid, el director del diario, Dionisio Acedo, su redactor jefe Germán Sellers y sus redactores Enrique Baltar y Juan Rosado Arroyo.Las cámaras de Bravo y Enrique Caldera inmortalizaron el momento. En 1971, después de 32 años como director del Diario Extremadura, Dionisio Acedo se despide del rotativo por motivos de jubilación. Su sustituto al frente de la dirección sería Germán Sellers de Paz.
El paseo continúa haciendo una breve parada en la plaza de los Caldereros, esquina con la Calle del Mono. En su interior, una placa redordando cómo Su Majestad el Rey inauguró en 2016 el curso de las universidades españolas 2016-2017 en la Universidad de Extremadura. En su exterior, la placa que relata que esta es la Casa de los Ribera, un edificio construido en el siglo XVI, reformado en el XIX y restaurado en el XX. Tiene una portada almohadillada de medio punto habitual en Cáceres, y fachada de mampostería de granito y pizarra con refuerzos de sillería. Los Ribera cacereños eran del linaje sevillano de los Duques de Alcalá; Alonso de Ribera, doncel de Juan II, casó en Cáceres con Doña Catalina de Ulloa.
Desde esta calle Adarve se puede divisar el Palacio de Moctezuma. También, uno de los accesos del Palacio de Mayorgalgo, ya propiedad de la Diputación de Cáceres. En esta zona se mantiene visible en su interior un yacimiento arqueológico descubierto en el patio del inmueble durante la rehabilitación, que ocupa una superficie de más de 500 metros cuadrados. Las excavaciones de estos restos, en 2001, permietieron documentar distintas fases ocupaciones, desde el siglo I a. C. hasta nuestros días.
Una serie de casas e instalaciones superpuestas de diferentes épocas y que permitirían conocer una parte importante del origen y del desarrollo de la ciudad. Entre ellas, una parte del foro de la ciudad Norba Caesarina, un tramo de calzada, además de una vivienda con un patio y cisterna en el centro.
En esta misma calle también nos encontramos el cartel del Restaurante Amaltea, que conserva algunas macetas en la fachada y está en el número 2. Aquí el producto es el protagonista y el detalle lo eleva todo. Ofrece un ambiente encantador y acogedor con vistas a la Plaza Mayor. Destacan platos como el tartar de tomate y el cochinillo a baja temperatura, que son muy recomendados. La atención del personal es excelente, con camareros amables que explican la carta con detalle. Es un lugar perfecto para disfrutar de una cena memorable, con una cocina de alta calidad y un servicio inmejorable. Equilibrio, sabor y elegancia en cada bocado.
El restaurante Amaltea refuerza su perfil gastronómico con una carta que mezcla guiños extremeños y cocina contemporánea. Entre sus platos destacan el tataki de atún, el risotto de jamón ibérico, los arroces, las carnes ibéricas y un brioche con producto local.
Una carta con raíz extremeña
La cocina extremeña vuelve a encontrar espacio en una carta pensada para comer con referencias reconocibles, pero también con elaboraciones más actuales. El restaurante Amaltea ha articulado una propuesta en la que conviven productos del territorio, técnicas contemporáneas y platos pensados para compartir o para una comida más reposada.
Entre los bocados más ligados a la región aparece el brioche de la tierra, servido por unidad a 7,90 euros, con patatera de Monroy o morcilla de Guadalupe, emulsión de su propio jugo y huevo de codorniz. Es uno de los platos que mejor resume la intención de la carta: partir de sabores muy extremeños y llevarlos a un formato más actual.
La torta del Casar también tiene presencia destacada en el risotto de jamón ibérico, a 19 euros, que se completa con crema de este queso extremeño y crujiente de parmesano. La combinación refuerza una línea clara: usar productos de identidad local sin renunciar a presentaciones más propias de una cocina de restaurante urbano.
Tataki, arroces y platos para compartir
Uno de los platos más llamativos de la carta es el tataki de atún, a 17,90 euros, acompañado de arroz salvaje, salsa ponzu y emulsión de mango. La propuesta introduce un registro más viajero, con notas asiáticas y dulces, dentro de una carta donde el producto extremeño sigue teniendo mucho peso.
Los arroces ocupan también un lugar visible. Además del risotto de jamón ibérico, Amaltea ofrece un arroz seco con pluma ibérica, a 29,90 euros, con espárragos trigueros, alioli de azafrán y champiñones. Es una de las elaboraciones de precio más alto dentro de la selección facilitada y apunta a una propuesta más contundente.
Para el centro de la mesa aparecen las croquetas del día, a 11,90 euros la ración de seis unidades, con la recomendación de consultar al personal del restaurante. También figuran los huevos rotos, a 14,90 euros, con huevos a 64 grados, pimientos caramelizados, gamba cristal y pil pil asiático.
Ibéricos y carnes como eje principal
La carne mantiene un peso importante en la carta. El secreto ibérico a baja temperatura, a 23 euros, se sirve con crema de boletus y guarnición de verduras al horno. La técnica de cocción lenta busca una textura más melosa para una pieza muy reconocible dentro de la tradición del cerdo ibérico.
También destaca el cordero sobre cama de patatas panaderas, a 23 euros, con salsa de pera en almíbar y picado de almendra crocanti. La combinación introduce un contraste dulce y crujiente sobre una base clásica, en una línea similar a otros platos de la carta: producto reconocible, acompañamiento elaborado y presentación más contemporánea.
El entrecot de vaca madurada, a 27 euros, se acompaña de patatas moradas y pimientos del padrón. La oferta se completa con un carpaccio de ternera, a 15,90 euros, con queso parmesano, foie rallado y aceite Marqués de Valdueza, una referencia también ligada al recetario de producto y a los sabores intensos.
Pescado y cocina de contraste
El pescado aparece representado por el bacalao gratinado, a 21,90 euros. Se trata de un lomo de 170 gramos gratinado con alioli, crema de cebolla y guarnición de verduras. La receta mantiene una base clásica, pero incorpora una presentación más elaborada y una guarnición vegetal.
La carta de Amaltea juega así con dos registros. Por un lado, platos de sabor directo, ligados a los ibéricos, los quesos, la patatera o la morcilla. Por otro, elaboraciones con salsas, emulsiones y guiños internacionales, como la ponzu, el mango, el pil pil asiático o el alioli de azafrán.
Ese equilibrio permite que la propuesta pueda leerse como una cocina de producto con intención actual. No se limita a reproducir platos tradicionales, sino que los utiliza como punto de partida para construir una carta pensada para un público que busca identidad, pero también novedad.
Precios entre 7,90 y 29,90 euros
La selección de platos facilitada sitúa los precios entre los 7,90 euros del brioche de la tierra y los 29,90 euros del arroz seco con pluma ibérica. En la franja intermedia se mueven las croquetas del día, el carpaccio, los huevos rotos, el tataki de atún, el risotto, el bacalao, el secreto ibérico y el cordero.
La propuesta permite distintas formas de consumo: desde una comida compartida con entrantes y platos al centro hasta una elección más completa con arroz, carne o pescado como principal. En una ciudad como Cáceres, donde la gastronomía forma parte del recorrido por el centro y por la vida cotidiana, Amaltea refuerza una línea reconocible: cocina con producto extremeño, presentación cuidada y una carta pensada para atraer tanto al cliente local como al visitante.
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