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Centenarios

La niña prematura que sobrevivió en una olla de barro cumple 100 años en Cáceres

Ascensión Nevado, nacida en Torreorgaz en 1926, celebra un siglo de vida rodeada de sus hijos, nietos y biznietos tras una historia marcada por la fortaleza, la familia y las ganas de vivir

Ascensión Nevado, que ya es centenaria.

Ascensión Nevado, que ya es centenaria. / Extremeños Centenarios

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Ángel García Collado

Ángel García Collado

Cáceres

Hay vidas que parecen empezar ya con una promesa de resistencia. La de Ascensión Nevado Sánchez comenzó en Torreorgaz, en la provincia de Cáceres, el 14 de mayo de 1926, cuando llegó al mundo antes de tiempo, con apenas siete meses de gestación y en una época en la que nacer demasiado pronto era casi un desafío contra el destino. No había incubadoras ni medios médicos como los de ahora. Había ingenio, necesidad y amor. Por eso, a aquella niña menuda la cuidaron dentro de una olla de barro junto a la lumbre, como una improvisada cuna caliente que ayudara a sostenerle la vida.

Ascensión Nevado, que ya es centenaria.

Ascensión Nevado, que ya es centenaria. / Extremeños Centenarios

Cien años después, Ascensión ha celebrado en Cáceres capital un siglo entero de existencia. Y aquella imagen, casi de otro tiempo, resume bien el carácter de una mujer que ha atravesado décadas, pérdidas, mudanzas, alegrías familiares y cambios profundos sin desprenderse de una energía que quienes la conocen describen como contagiosa. Así lo señala en su página de Facebook la cuenta Extremeños Centenarios, que ha aprovechado para felicitar a la cacereña.

La pequeña de seis hermanos

Ascensión nació en Torreorgaz siendo la pequeña de seis hermanos. En los pueblos de la provincia, hace un siglo, la infancia tenía poco que ver con la de ahora. Se crecía pronto, se aprendía mirando y se vivía al ritmo de la casa, del campo, de la familia y de las estaciones. Ella lo hizo desde esa condición de niña frágil en apariencia, pero fuerte desde el primer día. Su supervivencia temprana se convirtió, con el tiempo, en una especie de anticipo de todo lo que vendría después.

Porque Ascensión no solo ha cumplido años. Ha acumulado memoria. Ha visto transformarse el mundo desde una Extremadura rural, dura y familiar hasta la Cáceres actual, donde vive junto a su hija y donde ha soplado las velas de los 100 años rodeada de los suyos.

Una vida junto a Juan Pavón Leo

Compartió su vida con Juan Pavón Leo, con quien formó una familia de cuatro hijos: Esperanza, Juan Antonio, Francisca y Benjamín. La familia ha sido siempre el centro de su vida, el lugar al que volver y desde el que mirar el mundo. También el refugio en los momentos difíciles.

Uno de los golpes más duros llegó hace trece años, con la pérdida de su hijo Juan Antonio. En la familia recuerdan que era "su ojito derecho", una ausencia que dejó una herida profunda. Pero hay dolores que no borran el amor, sino que lo dejan suspendido en la memoria cotidiana, en las conversaciones, en las fotografías y en esa forma que tienen las madres de seguir nombrando a quienes ya no están.

Ascensión también quedó viuda el 8 de septiembre de 1979. Desde entonces, su vida ha seguido adelante en Cáceres, acompañada por el cariño de su hija y el cuidado constante de toda la familia.

Cinco nietos y cinco biznietos

A sus 100 años, Ascensión tiene cinco nietos y cinco biznietos. Son una de sus mayores alegrías. Para ellos, no es solo una abuela centenaria. Es una raíz. Una presencia que une generaciones, que guarda historias de antes y que sigue participando en la vida familiar con una lucidez admirable.

Quienes la conocen hablan de una mujer alegre, generosa y divertida. De esas personas que llenan una casa sin hacer ruido, que convierten una reunión familiar en un lugar más cálido y que enseñan sin discursos. Ascensión ha llegado al siglo de vida con esa mezcla de serenidad y vitalidad que solo tienen quienes han vivido mucho, han sufrido también y, pese a todo, siguen mirando hacia delante.

Un siglo de vida y una lección sencilla

La historia de Ascensión Nevado Sánchez no necesita adornos. Basta con imaginar a aquella niña prematura, protegida junto al fuego en una olla de barro, y verla ahora, cien años después, rodeada de hijos, nietos y biznietos, celebrando la vida en Cáceres.

Su biografía habla de la Extremadura de antes, de la fuerza de las familias, de las mujeres que sostuvieron hogares enteros y de una generación que aprendió a resistir sin grandes palabras. Pero también habla de algo más íntimo: de las ganas de seguir cumpliendo años, de disfrutar de los suyos y de regalar cariño a cada paso.

Ascensión ha entrado en el selecto club de los centenarios. Y lo ha hecho como ha vivido: dejando huella.

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