Barrio a barrio
Calle Moret: de restaurante y cervecería de Cáceres a nueva vivienda unifamiliar
La transformación del histórico edificio de la calle Moret, sede de la Cervecería Castaño, culmina con su conversión en una residencia privada

El Periódico Extremadura

El número 7 de la calle Moret es un edificio cargado de historia, que albergó la célebre Cervecería Castaño y el Restaurante El Corregidor. Ahora, ese luga emblemático de la hostelería cacereña ya está cambiando de piel, dando los pasos para convertirse en una vivienda unifamiliar. El autor del proyecto es Javier Rubio Muriel, en quien también recae la dirección facultativa y la dirección de la ejecución de obras. El coordinador de seguridad y laboral es Borja González Casares. El promotor es Pedro Manuel Arroyo Mariscal y el constructor, Ángel Manuel Laso Caballero. En estos momentos, la empresa está desarrollando la obra.
La calle Moret se denominó Cortes hasta que el consistorio, en el año 1913, decidió poner a la misma el nombre de Segismundo Moret y Prendesgart. De hecho, muchos años después, el 30 de noviembre de 2013, al cumplirse el centenerario de su fallecimiento, el Ayuntamiento de Cáceres y tres cacereños promotores de la efemérides, instalaron en el antiguo Restaurante El Corregidor, una placa de Mármoles Vivas recordando a Segismundo Moret y Prendergast (Cádiz, 1838 - Madrid, 1913), Hijo Adoptivo de la Villa de Cáceres en 1881 y distinguido con el nombre de calle Moret de la capital en 1913.
Moret, conocedor de las rocas fosfáticas de Extremadura, viajó numerosas veces a Cáceres entre 1874 y 1881, en cuyo cercano Calerizo se descubrieron en 1864 y exportaron pronto a países europeos. En particular, estuvo en junio 1876 para constituir la Sociedad General de Fosfatos de Cáceres (SgFC), de ámbito internacional. Otras veces estuvo por asuntos del ferrocarril directo Madrid-Portugal.
El ferrocarril llegó a Cáceres en 1881. Lo hizo para sacar los minerales de los yacimientos de Aldea Moret hasta Lisboa vía Valencia de Alcántara. La inauguración de aquel ramal fue tal que acudieron los reyes Alfonso XII de España y Luis I de Portugal. Los raíles se adentraban por fin en la provincia cacereña. Ya lo habían hecho en Badajoz, donde el primer tren llegó en 1863, un proyecto que también había tenido su origen en la industria minera, a raíz del descubrimiento de carbón en el Valle del Guadiato, concretamente en los municipios cordobeses de Bélmez y Espiel. Se preocupó al máximo por las minas de Cáceres, descubiertas en 1864 por Francisco de Acuña, el Fraile, que tanto tuvieron que ver en el desarrollo de la ciudad.
Unas minas que imprimieron un gran dinamismo y movimiento económico-social en aquella desgarrada zona. De lo que fue su impulsor Segismundo Moret, 1838-1907, catedrático de Economía Política e Instituciones de Hacienda Pública, embajador en Londres, Ministro de Ultramar, de Hacienda, de Gobernación, de Estado, de Fomento, presidente del Congreso de los Diputados y presidente del Consejo de Ministros. Una figura calificada de un auténtico adelantado de los tiempos en el fomento de las reformas sociales. Lo mismo que trató de hacerlo con la educación, con las ciencias.
Fotogalería | La calle Moret de Cáceres: de restaurante y cervecería a nueva vivienda / Miguel Ángel Muñoz
Es de señalar, asimismo, que a raíz de dicho hallazgo y descubrimiento, Segismundo Moret viajó en numerosas ocasiones a Cáceres. sobre todo en el período comprendido entre los años 1874 y 1871, defendiendo la riqueza minera del Calerizo y, al tiempo, imprimiendo un gran desarrollo en la zona. Lo que supuso toda una revolución popular en Cáceres.
El empeño
Hasta el extremo de que Segismundo Moret se propuso en el empeño que batalló por la puesta en marcha del ferrocarril hasta la misma boca de la mina para la más rápida y cómoda exportación de la fosforita por España y diversos países europeos, participó en la Sociedad General de Fosfatos de Cáceres así como en la Sociedad de los Ferrocarriles de Cáceres a Malpartida de Plasencia y a la frontera portuguesa y se convirtió en uno de los pilares y artífices de la puesta en marcha del Tren Internacional Madrid-Lisboa, en 1881, con la presencia en Cáceres de los Reyes de España, Alfonso XII, y de Portugal, Luis I.
Ante sus esfuerzos y logros, que supusieron un señalado paso en la vida económica y social de Cáceres, en el año 1880 el Ayuntamiento de la Villa le dio su nombre al entonces barrio minero, que pasaría a denominarse Aldea Moret, y que se inaugurara en 1875, le nombró Hijo Adoptivo en 1881 y, ya en 1913, unos años después de su fallecimiento, el pleno municipal decidió dar su nombre a una de las calles más importantes de Cáceres, ya que Segismundo Moret se presentaba como una figura emblemática en la evolución de la Villa.
Se trata de una figura, sencillamente, que un estudioso de su obra, como es el profesor José Pastor, ha llegado a denominarle como "el personaje más importante que ha tenido la ciudad en la etapa contemporánea, porque originó una verdadera revolución industrial en la ciudad".
Hablemos ahora de lo que fue la Cervecería Castaño, donde ahora se acomoda una unifamiliar. Fue impulsada por Luis Castaño Gómez, quien llegara a Cáceres en torno al año 1910 procedente de Navés, un pueblo de la provincia de Toledo, porque habían fallecido sus padres y un tío suyo lo colocó en una sombrerería que casualmente tenía en la calle Pintores de Cáceres. Transcurridos unos años, Castaño se independizó y montó primero un almacén de licores en la calle Parras, que se incendió, pero que no cercenó su afán emprendedor, ése que lo llevó a conseguir que le dieran la representación de El Águila, que era en aquel tiempo la gran multinacional de las cervezas en España.
Con esa representación, Luis alquiló a los Muriel una casa de la calle Moret en la que abriría la Cervecería Castaño, un bar que junto a Jamec y Avenida eran los tres grandes puntos de referencia de tertulia de la capital. Los Castaño ocupaban el primer piso de la casa de la calle Moret, donde también estaban las cocinas. Arriba, el almacén, y en la planta baja aquella hermosa cervecería, aún de recuerdo inolvidable para muchos cacereños, con su escalera central maravillosa, con escalones de mármol, tan perfectos que hasta podían subirse de dos en dos, una barra con sus preciosos azulejos que primitivamente estuvo entrando a la derecha, pero que luego pasó al lado izquierdo tras la reforma del bar que se realizó en 1947.
La Cervecería Castaño disponía de dos reservados con mesas donde se jugaban las partidas vespertinas, y al fondo unas neveras grandes donde se almacenaba el marisco. Porque fue el marisco una de las claves del gran éxito que cosecharía el establecimiento. Y es que el renombre del bar se basó en tres puntos: su magnífico servicio de cerveza, que llegó de la mano de Aurelio Castaño, hermano de Luis, padre de tres hijos, que tenía fama de ser el mejor tirador de cerveza de Cáceres. El segundo, la cocina de doña Josefa: sus famosos calamares fritos, los manojos de gambas, los callos a la madrileña y las tortillas de perejil que animaban aquellas tertulias que se prolongaban hasta pasadas las nueve de la noche, protagonizadas por intelectuales, letrados, funcionarios de la época...
El tercer punto que dio esplendor a la cervecería fue, qué duda cabe, la marisquería. Porque Castaño era el único bar de la ciudad que disponía de servidores directos, venidos desde los puertos de Huelva y A Coruña que traían el marisco a la ciudad en menos de 24 horas a bordo de los Comet, camiones rápidos que recorrían España de punta a punta cargados con las mejores cigalas, gambas y percebes que hacían las delicias de los cacereños.
Tuvo Castaño momentos muy brillantes, aunque coronó la cima en los años de mayor auge del wolframio, durante la Segunda Guerra Mundial cuando alemanes e ingleses peleaban por ese mineral. El suministro de wolframio, del que España era productor, resultaba vital para los planes de Hitler y esto supondría una gran revolución económica en nuestro país y el nacimiento de una burbuja que ayudaría a pagar las deudas contraídas durante la guerra civil.
El wolframio, uno de los materiales más importantes durante el conflicto, acaparó todos los focos de la especulación en España como efecto de los acontecimientos internacionales en aquella época, cuando los alemanes comenzaron a aplicarlo en su maquinaria bélica al aprovechar sus características para endurecer proyectiles (especialmente los misiles antitanque) y el armamento.
Las minas
Esa denominada 'guerra del wolframio' hizo florecer las minas de toda la provincia, desde las que salían por toneladas camiones repletos de mineral en dirección a los puertos de Portugal y de Galicia. Las minas no tardaron en convertirse en un yacimiento vital para el empleo, de manera que todos los fines de semana Castaño se ponía hasta arriba de trabajadores procedentes de las excavaciones que en aquel tiempo disponían de mucho dinero. De manera que Castaño era un hervidero de gente consumiendo de lo bueno a lo mejor, que hasta cuando llegaban las ferias algunos utilizaban los billetes como papeles para fumar cigarrillos. Así que hasta Castaño llegaban en tropel cientos de trabajadores de aquellos pozos, entre ellos don Pedro Zaragoza, un facultativo de minas que vivía en el Hotel Álvarez y que luego fue alcalde de Benidorm coincidiendo con el boom turístico de la ciudad alicantina.
Trabajaron en la Cervecería Castaño muchos bartmans que luego se independizaron para montar sus propios negocios: Luciano, Gaona, Domingo, que tuvo un bar por Concejo... Aquella cervecería se convirtió después en Mecano (una tienda de máquinas de escribir), y en la actualidad está cerrado. Igual que cerró la Librería Chelo, fallecida en 2013 y que así recordaba en este periódico la escritora Pilar Galán: "Como laberinto de Borges, pozo sin fondo o pasaje al centro de la tierra, la librería Chelo. Otros míticos también dijeron adiós: la Camisería Payvi, Junco (dedicada a la moda de hombre y ceremonia), Calzados Marta, que luego se convirtió en Loja Da Jara (artesanía portuguesa que terminó diciendo adiós), Navarra (cuánta moda infantil en su escaparate del que hoy solo queda el recuerdo), la Banca Sánchez del bueno de Eloy o la Academia Matemáticas de la que solo queda un edificio ruinoso y un cartel con un teléfono diciendo que se trasladaban.
Moret, paralela a Pintores, entrada a la plaza de la Concepción, sigue siendo, pese a todo, uno de los grandes referentes de Cáceres. Ahora la cervecería Bokatines, las traseras del Ale-Hop y Samarkanda y su moda dan vida a la calle. Como la dan Spritzart (ideal para un regalo gracias a sus camisetas, calcetines y hasta paraguas), Abanca, Bordarte y dos apartamentos turísticos, Moret 11 y, seguidamente, La Morada de Moret.
Resisten también el Udaco, la pastelería Botanicc (en lo que fue el antiguo Mango, con entrada también por Pintores), Presen Joyas, Jvv (que es distribuidor oficial de Digi), Confecciones y Arreglos Yoli (que es taller de costura), la Mercería Pilar (que arreglan túnicas de Semana Santa y la Montaña), L'atelier de Monty y los invencibles Retales Manolo y El Siglo, antiguos almacenes ahora convertidos en tienda gourmet de productos de la tierra.
Y, cómo no, el Hotel Alfonso IX, que en su origen fue el Hotel Álvarez, el primero que tuvo ascensor en la ciudad y que acogió a figuras de la talla de Lola Flores y Miguel de Molina. Precisamente, justo enfrente de esta establecimiento está el edificio
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