Latinos en Cáceres
Daniela y Daniel, la pareja venezolana que puso de moda las arepas en Cáceres, abre cuatro apartamentos turísticos
El "éxito" de Tochesuras en Cáceres impulsa a sus fundadores a expandir su oferta con cuatro apartamentos turísticos en la Plaza de Santiago

Ángel García Collado

La plaza de Santiago tiene desde hace dos años un aroma distinto. Entre la iglesia, las piedras antiguas y el paso pausado de vecinos y turistas, Daniela Ceballos y Daniel Clavijo han ido levantando una pequeña historia venezolana en pleno corazón de Cáceres. Primero fue Tochesuras, el restaurante que convirtió las arepas, las empanadas y la cocina de su país en una propuesta reconocible en la ciudad. Ahora llega el siguiente paso: cuatro apartamentos turísticos en la misma plaza, con vistas directas a Santiago y la intención de que quien llegue a Cáceres también se asome a su manera de entender la hospitalidad.
Ella tiene 30 años y es de Valencia, en el centro de Venezuela. Él tiene 35 y viene de San Cristóbal, una ciudad andina fronteriza con Colombia. Ninguno imaginó de entrada que acabaría gestionando un restaurante en la Ciudad Monumental. Daniela estudió Psicología Clínica y Daniel Administración. La vida, sin embargo, los fue moviendo. Salieron de Venezuela "por la situación del país", llegaron por separado a Ecuador y allí se conocieron gracias a una amiga común. Vivieron cinco años en allí y, durante la pandemia, empezaron a buscar una segunda opción por si el futuro volvía a torcerse.
De los postres a la plaza
Tochesuras nació antes de Cáceres. Sus orígenes están en una cuenta de Instagram, como un pequeño negocio de postres a domicilio y como una palabra inventada con sentido propio. En la zona andina de Venezuela de la que procede Daniel se utiliza mucho la expresión "toche", una palabra flexible, casi comodín. Daniela la unió a la dulzura de aquellos postres y creó el nombre. Funcionó. Vendían a domicilio, reunieron seguidores y se dieron cuenta de que aquella idea podía convertirse en algo más estable.

Las vistas a la Montaña desde la terraza de los apartamentos turísticos de Daniela y Daniel. / E. P.
Al llegar a España, Daniela trabajó como profesora de inglés y pasó por la Fundación Mujeres, donde presentó su proyecto y recibió apoyo para entender mejor el camino empresarial. Daniel empezó en cocinas de Cáceres y fue aprendiendo desde dentro el ritmo de la hostelería. Querían abrir algo propio, pero no en cualquier sitio. Buscaban la Ciudad Monumental. Después de varios meses apareció el local de la plaza de Santiago donde antes estuvo La Matilda, un bar muy conocido que había funcionado durante trece años.
El espacio no estaba en su mejor momento, pero ellos vieron la oportunidad. La terraza, la plaza, la iglesia y el tránsito de gente les convencieron. Entraron sin experiencia directa en la gestión de un negocio, con tropiezos administrativos y mucho aprendizaje, pero también con una ventaja que todavía hoy consideran decisiva: desde el primer día notaron el respaldo del público.
Una cocina con conversación
Tochesuras se consolidó como una propuesta cien por cien venezolana. No era un bar con un plato latino en la carta, sino un restaurante construido alrededor de sabores y recetas de Venezuela. Consiguieron proveedores, apostaron por las redes sociales y el boca a boca hizo el resto. Daniela calcula que la mayoría de sus clientes son españoles y que muchos otros llegan después de haberlos descubierto en TikTok o Instagram.

La pareja posa frente a la entrada de Tochesuras. / Á. G.
Parte del éxito está también en la forma de atender. Daniel cocina, pero no se queda escondido. Sale a las mesas, explica los platos, pregunta y conversa. De ahí han salido incluso cambios en la carta, como una arepa vegetariana nacida a partir de la sugerencia de un cliente. Esa cercanía se ha convertido en una seña de identidad del local. "Los clientes ya se convierten en compañeros", resume Daniel.
El siguiente piso
La nueva etapa llegó casi como una broma cumplida. Daniela recuerda que, cuando vieron por primera vez el edificio, Daniel le dijo: "¿Te imaginas cuando seamos dueños de todo el edificio?". No son propietarios, pero sí gestionan ahora cuatro apartamentos turísticos en el mismo entorno de Tochesuras. La oportunidad se presentó este año, cuando el dueño del inmueble les propuso hacerse cargo también de esa parte del negocio.
Los apartamentos ya funcionaban como alojamientos turísticos, así que no han tenido que afrontar una gran obra. Sí los han amueblado, rematado y adaptado con su propio toque. La ubicación es su gran baza: la plaza Mayor queda a pocos minutos, el casco histórico está al lado y las vistas a Santiago convierten la estancia en una experiencia muy ligada a Cáceres.
Daniela y Daniel gestionan el restaurante con dos personas de apoyo los fines de semana y, de momento, asumirán directamente también los apartamentos. Saben que supone más trabajo, pero ya conocen esa parte del camino: empezar sin saberlo todo, aprender rápido y sostener el proyecto con cercanía. Tochesuras ya no es solo "el venezolano de la plaza de Santiago", como muchos lo llamaban al principio. Es una marca reconocible. Y ahora también quiere ser una puerta de entrada al turismo desde una historia de migración, trabajo y arraigo.
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