La entrevista del domingo frente a frente
Javi Cardenal, hostelero de Cáceres: "Cabezarrubia es mi barrio, mi infancia en la Multitienda Ruyme y el Trenecito, mis amigos, mi vida y mi pasión"
Estudió Sonido y trabajó en medios de comunicación, pero su plan 'B' siempre fue la hostelería

Carlos Gil

Acaba de reinaugurar tras su ampliación Dehesa Craft Beer, el local gastronómico de la calle Amberes en su barrio de toda la vida: Cabezarrubia. Aquí dio sus primeros pasos, aquí están sus mejores amigos, su infancia entre la Multitienda Ruyme y el Trenecito. Dice que trabaja en lo que le gusta, en la milla de oro de la hostelería cacereña sin ser consciente, quizás, de que la milla de oro la guarda en su buen corazón, en su deseo constante de hacer que todo el mundo que está a su alrededor se sienta como en casa. Hijo y nieto de médico, hijo de una madre que le ha enseñado los grandes valores, Javi Cardenal Domínguez (Cáceres, 1989) es apasionado y tribal, orgulloso de su ciudad.
-Javi Cardenal. ¿Qué es ser un cardenal?
-Sentirme orgulloso de mi familia. Mi abuelo, Emilio Cardenal, era un médico del que todavía mucha gente se acuerda y habla de él. Cuando murió, mi padre, Javier, que es cirujano, era muy joven.
-¿Se siente un cardenal en la dehesa como el hombre de Dios en la tierra?
-No creo que nadie deba sentirse como el hombre de Dios en la tierra. Cuando pensamos en la dehesa nos viene a la cabeza ese lugar que te da esa paz y esa tranquilidad que a veces no existe en el mundo de hoy. Por eso este local se llama La Dehesa, porque lo que intentamos aquí es que la gente esté a gusto, que venga a disfrutar, a reír, a vivir. Estamos orgullosos de intentar dar ese buen servicio para que todos se sientan como en casa.
-¿Qué es un padre?
-Alguien que te va a querer incondicionalmente, que va a dar todo por ti, lo hagas bien, lo hagas mal.
-¿Qué es una madre?
-Alguien que igualmente te da todo incondicionalmente, que te enseña a vivir la vida con el corazón, sin pedir nada a cambio. Y te das cuenta luego, de mayor, cuando ya tienes cierta edad, cuando te pones a pensar: «Oye, es que hay cosas que en casa dabas por hecho, pero eran posible gracias a tu madre».
-¿Y la familia?
-Va a estar ahí siempre, para lo bueno y para lo malo. Mi familia ha estado en mis peores momentos, en los mejores, y siempre me ha mantenido con los pies en la tierra. La familia te va a acompañar, sigas el camino que sigas.
-¿Por qué se hizo hostelero?
-Estudié Sonido en Madrid; trabajé unos años en radio y televisión, pero mi plan ‘b’ de toda la vida, mi sueño, era tener un bar, estar cara al público, con la gente, atenderlos, cuidarlos.
-¿Vive Cabezarrubia un momento histórico en lo gastronómico, en el tardeo, en el ocio?
-Creo que sí. Conozco este barrio desde que era pequeñito, desde que existían La Colmena o el Paseo Central, que fueron los primeros bares. Ahora mismo se está convirtiendo en esa zona de tardeo que le faltaba a Cáceres. Pienso que nosotros vamos a dar ese tipo de ocio; lo que estoy viendo estos días es que la gente viene, que le está gustando. Digamos que Cabezarrubia se está convirtiendo en la milla de oro de la hostelería. Tenemos restaurantes, tenemos bares de copas, tenemos taperías, cervecerías... Tenemos un buen espacio, muy cuidado, que está empezando a vivir su mejor momento.
La infancia
-Hable de su colegio.
-Soy Carmelita de toda la vida. No he sido el mejor estudiante, pero sí sé que mis profesores guardan muy buen recuerdo de mí, igual que yo de ellos. Y muchas veces me acuerdo de ellos, de los amigos de la infancia. Fue una de las mejores etapas de mi vida y se echa de menos ese tiempo.
-Hable de su barrio.
-Viví en Cazarrubia desde chico. Los primeros momentos de mi vida están en este lugar, desde la Multitienda Ruyme hasta el Trenecito (muchos sabrán perfectamente de lo que estoy hablando). Me he criado en sus calles y de una manera u otra tenía que acabar en este barrio. Me gusta tener mi negocio aquí porque este es mi lugar; lo he visto crecer.
-Así que digamos que su barrio es su vida, su tribu.
-La mayoría de mis mejores amigos nacieron aquí. Crecimos aquí, juntos. Ha sido mi infancia, mi adolescencia. Y, ahora, mi trabajo, mi pasión.
-¿A Cáceres le sobra caspa?
-A todas las ciudades les sobran prejuicios y les falta un poco de ambición. Cáceres es una ciudad tradicional, para lo bueno y para lo malo. Tiene algunas cosas mejores y otras peores, pero tiene muchísimo talento y una identidad muy fuerte. A veces se confunde la caspa con la tradición. Su gente es estupenda, aunque haya aspectos que mejorar, como la falta de industria. Pero por lo demás es un lugar donde se vive muy bien, muy a gusto y junto a gente maravillosa. ¡Qué voy a decir yo!
-Usted, un cacereño de pro.
-Nunca he renegado de ello. Cuando vivía en Madrid me encantaba decir que era de Cáceres, y lo decía orgulloso de serlo.
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