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Aristócratas de la calle

Rufino Santano, el vendedor de Cáceres que une generaciones alrededor de los cromos

El propietario de la multitienda Flippy lleva tres décadas detrás del mostrador en las que ha sabido adaptarse al pulso del barrio y ha encontrado en el coleccionismo un nicho fiel que une a niños, adultos y jubilados entre reservas, intercambios y álbumes por completar

Video | Multitienda Flippy en Cáceres

G. L.

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Gonzalo Lillo

Gonzalo Lillo

Cáceres

Hay vendedores que se limitan a despachar productos y otros que, con los años, acaban formando parte de las pequeñas costumbres de barrio. El cacereño Rufino Santano lleva tres décadas detrás del mostrador de Flippy, una multitienda situada en plena avenida Isabel de Moctezuma y levantada sobre la lógica del comercio de proximidad. La idea inicial fue sencilla: abrir un negocio pequeño, pero capaz de resolver lo más básico a los vecinos. Él lo define como un establecimiento de "venta al por menor de toda clase de artículos", con las limitaciones propias de un local reducido y la necesidad de escoger bien qué podía ofrecer.

La actividad se ha transformado con él y con el barrio. Al principio, recuerda, funcionaba con lo imprescindible: pan, alimentación y golosinas. Después fueron llegando la prensa, las revistas, la lotería, la fruta y otros productos que incorporó a medida que los clientes los reclamaban. No hubo un plan cerrado, sino una adaptación constante al pulso de la calle. "He ido evolucionando a base de tropezones", resume.

Ese aprendizaje también ha terminado marcando su rutina. Rufino abre a las nueve de la mañana y mantiene la persiana levantada hasta las tres. Por la tarde vuelve de seis a diez, en una jornada partida en la que alterna ratos de ajetreo con otros más tranquilos. "A primera hora se mezclan los repartos, las visitas de comerciales y las compras rápidas de quienes pasan camino de sus recados diarios", explica. Después, el ritmo se reparte entre entradas más pausadas, encargos, saludos y pequeñas conversaciones. Entre proveedores, repartidores, comerciales y vecinos que pasan de forma escalonada, Flippy mantiene el pulso de esos lugares donde el trato acaba pesando tanto como la compra.

Con los años, esa continuidad se ha vuelto reconocible para quienes entran por la puerta. Algunos llegan a por un encargo específico, otros resuelven una compra rápida y otros se detienen apenas unos minutos para saludar o cruzar unas palabras. Son clientes que ya conocen el funcionamiento de la tienda y también a quien está detrás del mostrador. Esa cercanía permite que muchos encargos se resuelvan casi por costumbre, con una confianza construida a base de visitas repetidas. "Tengo clientes que llevan toda la vida confiando en mí y no me suelen fallar", señala.

Espacio para coleccionistas

Entre todos los artículos que han ido ganando sitio en la tienda, las colecciones de cromos han terminado ocupando un lugar especial. Sobre todo las de fútbol, que parecían haber perdido parte de la fuerza de años atrás, aunque los últimos lanzamientos han vuelto a despertar el interés de los coleccionistas. "Parecía que era un mercado un poco en declive, pero con las nuevas promociones se ha acertado bastante", asegura el comerciante.

En torno a ellas, Rufino ha encontrado un nicho fiel, con clientes que se acercan cada semana, hacen reservas y persiguen ese último cromo que falta para completar el álbum. Esa demanda le exige estar pendiente más allá de lo que llega al expositor. Hay encargos muy concretos, colecciones determinadas y artículos difíciles de encontrar, y ahí ha dado con una forma de diferenciarse. "Me piden cosas que son difíciles de conseguir y yo me preocupo por localizarlas", afirma. Detrás de esa respuesta hay un trabajo invisible: llamar a distribuidoras, insistir y seguir de cerca las novedades, dado que muchas veces las existencias son limitadas.

Una afición sin límite de edad

Aunque los cromos conservan algo de patio de colegio, siguen siendo un entretenimiento capaz de reunir a varias generaciones. Por la multitienda pasan niños que descubren el ritual de completar un álbum, pero también adultos que regresan a una costumbre ligada a su propia memoria. "Tengo clientes que van desde los siete años hasta los sesenta, e incluso jubilados", cuenta. En ese cruce de edades, cada sobre abierto mantiene una parte de juego y otra de nostalgia.

La afición ha vuelto a tomar impulso con las colecciones vinculadas al Mundial de fútbol de este verano, una campaña que está superando con creces las expectativas. En torno a la cita mundialista, los álbumes han vuelto a despertar expectación y han reactivado una rutina conocida: revisar lo que falta, guardar repetidos y volver a la tienda con la esperanza de completar otra página.

Muchos no se quedan en una compra puntual. Comparan lo que tienen, preguntan por nuevas entregas y participan en otra parte esencial de este mundo: el intercambio. Los repetidos se guardan, se ofrecen y cambian de manos entre conocidos, hasta el punto de que la tienda también sirve como lugar de enlace entre aficionados. "Algunos clientes me dejan sus teléfonos para después poder intercambiar sus cromos con otros coleccionistas", expone.

Vínculo de mostrador

Así, entre encargos, avisos y álbumes incompletos, la venta se mezcla con una relación construida durante años. Rufino reconoce que hay clientes que ya son «casi amigos», personas con las que se conoce desde hace tiempo y con las que sigue, como dice él, "dale que te pego". En esas conversaciones repetidas, el coleccionismo deja de ser solo una compra y se convierte en una forma de mantener el contacto.

Para el vendedor cacereño, ese es el camino por el que sigue avanzando su actividad: atender a quienes buscan algo más que un producto. "Son clientes que encuentran en las colecciones un rato de ocio, un entretenimiento, un aliciente", resume. Después de tres décadas de persiana levantada en Moctezuma, Flippy demuestra que un local pequeño también puede sostener grandes aficiones cuando detrás hay alguien dispuesto a cuidarlas.

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