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Agenda cultural

La piel de los edificios: una nueva lectura del mundo en el Helga de Alvear

Las artistas Patricia Gómez y María Jesús González convertirán los restos arquitectónicos en arte en la muestra 'Espejo del mundo' que llegará a Cáceres en junio

Patricia Gómez y María Jesús González se dan la mano en una de las colaboraciones más singulares y reconocidas del arte contemporáneo español actual.

Patricia Gómez y María Jesús González se dan la mano en una de las colaboraciones más singulares y reconocidas del arte contemporáneo español actual. / CEDIDA

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Eduardo Villanueva

Eduardo Villanueva

Cáceres

El próximo gran proyecto expositivo del Museo Helga de Alvear convertirá los muros, las grietas y las huellas del tiempo en materia artística. La institución cacereña prepara para este 2026 la primera gran exposición individual en el museo de las artistas Patricia Gómez y María Jesús González, una de las colaboraciones más singulares y reconocidas del arte contemporáneo español actual.

Las intervenciones de ambas artistas en antiguas cárceles, hospitales, escuelas o edificios industriales abandonados han sido mostradas en museos y centros de arte de distintos países

Una imagen de archivo de un grupo de visitantes al Museo Helga de Alvear.

Una imagen de archivo de un grupo de visitantes al Museo Helga de Alvear. / EL PERIÓDICO

Memoria, arquitectura y rastro físico

Bajo el título ‘Espejo del mundo’, la muestra profundizará en una línea de trabajo que ha convertido a ambas creadoras en referentes de las prácticas artísticas vinculadas a la memoria, la arquitectura y el rastro físico del tiempo. Su obra parte de espacios abandonados, edificios en transformación o lugares atravesados por la historia política y social para extraer de ellos algo más que una imagen: una huella material.

Lejos de la fotografía documental convencional, Gómez y González trabajan directamente sobre las superficies de los edificios. Arrancan capas de pintura, trasladan fragmentos de paredes y convierten esos restos en piezas que funcionan como archivos físicos de la memoria. El resultado son obras donde la arquitectura deja de ser escenario para convertirse en testigo. La propuesta encaja con naturalidad en la línea curatorial del museo dirigido por Sandra Guimarães, una institución que en los últimos años se ha consolidado como uno de los principales centros de arte contemporáneo de España y Europa, con una programación centrada en prácticas conceptuales, instalaciones y discursos vinculados a las transformaciones sociales y culturales del presente.

De junio a octubre

La exposición, comisariada por María Jesús Ávila, podrá visitarse entre el 12 de junio y el 11 de octubre de 2026 y ha sido presentada por el propio museo como una de las grandes apuestas de su programación anual. La institución define el trabajo de las artistas como «una de las aportaciones más rigurosas y comprometidas del arte contemporáneo español» en torno a la memoria histórica, individual y colectiva. En ‘Espejo del mundo’, los espacios deshabitados y las superficies erosionadas funcionarán previsiblemente como metáfora de una época. Porque en la obra de Patricia Gómez y María Jesús González los edificios no solo contienen historia: la conservan inscrita en su propia piel.

También habrá un diálogo implícito con la propia historia arquitectónica de Cáceres y con la identidad del edificio que alberga el museo. La idea de la pared como superficie cargada de memoria conecta de forma directa con una ciudad donde las piedras, los muros y las cicatrices urbanas forman parte del relato colectivo. En ese contexto, ‘Espejo del mundo’ no solo se plantea como una exposición de arte contemporáneo, sino como una reflexión sobre la capacidad de los espacios para almacenar experiencias, conflictos y desapariciones.

La trayectoria internacional de Patricia Gómez y María Jesús González refuerza además el peso de esta apuesta expositiva.

Sus intervenciones en antiguas cárceles, hospitales, escuelas o edificios industriales abandonados han sido mostradas en museos y centros de arte de distintos países, consolidando una metodología artística muy reconocible que mezcla arqueología, instalación y memoria política. En sus obras, cada fragmento arrancado de un muro funciona casi como un documento histórico: una prueba física de lo que ocurrió allí y de todo aquello que el tiempo, la especulación o el abandono intentaron borrar.

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