Muros con historia
Casa Pizarro, el renacer en Cáceres de un edificio ligado a la lana merina
El inmueble, vinculado durante siglos a la familia García Carrasco y a la economía extremeña del siglo XIX, ha recuperado hace unos años su actividad hotelera tras una rehabilitación que ha respetado su carácter señorial sin desprenderse de la memoria de su pasado
Fotogalería | Casa Pizarro abre sus estancias: un recorrido por el interior de este edificio histórico de Cáceres / Carlos Gil

No todos los edificios históricos de Cáceres se explican desde una torre, una muralla o una gran plaza monumental. En una calle que funciona como puerta de entrada a la parte antigua, Casa Pizarro conserva una historia ligada al comercio, a la trashumancia y a la banca extremeña. El inmueble, cuyo origen se remonta al siglo XVIII, ha vuelto a encontrar uso tras una rehabilitación integral que lo ha convertido en hotel sin borrar la memoria de su pasado.
Antes de ser alojamiento, fue una de esas viviendas donde la actividad económica y la vida familiar compartían espacio. Adquirida y restaurada por José García Carrasco en 1798, acabó convertida en sede de la principal casa de banca y comercio de lanas de Extremadura durante el siglo XIX, con la lana de oveja merina como eje de una actividad que marcó buena parte de la economía regional. En ella nació en 1799 Juan José García Carrasco, futuro primer conde de Santa Olalla y ministro de Hacienda durante el reinado de Isabel II. Ese pasado conecta el edificio con una Cáceres menos visible que la de los grandes palacios, pero decisiva para entender su desarrollo: la de las casas vinculadas al comercio, al movimiento de mercancías y a las redes familiares que también dejaron huella en la ciudad.
Durante generaciones perteneció a distintas ramas de la familia y sufrió diversas reformas con el paso de los años. «Se trataba de una familia muy ilustrada», explica Joaquín Pitarch, actual propietario del inmueble. Esa continuidad se mantuvo hasta la adquisición del edificio en 2018 por parte del Grupo Zaguán, liderado por Pitarch. Hasta entonces, había funcionado varios años como Hotel Albarragena, un establecimiento de tres estrellas explotado por la familia Pulido López-Hidalgo hasta 2022.
La pandemia marcó un antes y un después en su historia reciente. A partir de ese momento, el empresario cacereño decidió apostar por una remodelación integral. El resultado fue la transformación de un edificio deteriorado en un hotel boutique de cuatro estrellas, que pasó de 18 a 21 habitaciones y abrió sus puertas en septiembre de 2023 como Hotel Casa Pizarro. El proyecto no solo recuperó el alojamiento, sino también las antiguas caballerizas, hoy vinculadas a la actividad hostelera.
La intervención fue profunda, con refuerzos estructurales, actuaciones en forjados y cubiertas de madera y una renovación completa de las instalaciones. Sin embargo, el criterio principal, según Pitarch, no fue borrar la huella del edificio, sino conservar lo que realmente formaba parte de su carácter.
Casa Pizarro mantiene hoy la sobriedad propia de la arquitectura señorial cacereña, con una elegancia discreta reconocible en la proporción del inmueble. En el interior siguen presentes elementos como los suelos originales de piedra, el zaguán, la escalera, los techos abovedados y algunos artesonados de madera, mientras que se han incorporado materiales acordes con la historia del edificio, como el barro manual o la carpintería de aire tradicional.
La directora del hotel, María Jesús Rodríguez, subraya que el proyecto ha buscado una mezcla entre memoria y confort actual. Parte del mobiliario procede de la propia casa, de antepasados de los propietarios o de piezas adquiridas en España y Francia, junto a elementos art déco y detalles contemporáneos. «La idea es que parezca una casa señorial del siglo XIX, pero adaptada a los tiempos de hoy», explica. Esa combinación se aprecia también en las habitaciones (divididas en ocho estándar, doce deluxe y una junior suite), todas distintas entre sí, con telas, lámparas y piezas escogidas para que el establecimiento no funcione como un hotel convencional.
Patrimonio vivo
La ubicación refuerza también el valor urbano del conjunto. Situado junto al Museo de Arte Contemporáneo Helga de Alvear, da cabida además al restaurante Pan de Huerta, que contribuye a mantener vivo este tramo de la calle Pizarro.
Más allá de su uso hotelero, el edificio mantiene una relación activa con la ciudad. El zaguán de entrada se decora periódicamente y actualmente acoge una composición con elementos de lana merina, en recuerdo de la actividad económica que marcó su historia.
De esta forma, Casa Pizarro resume otra forma de mirar el patrimonio cacereño: no solo como una herencia que se contempla, sino como un espacio que puede volver a usarse sin perder su memoria.
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