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Educación

El artículo de la columnista de Cáceres Pilar Galán, titulado 'Soltar la mano' y publicado en El Periódico Extremadura, protagoniza la primera prueba de la PAU en Alicante

El texto de la escritora Pilar Galán sobre la transición de la infancia a la adolescencia ha sido el eje del examen de Lengua Castellana para miles de estudiantes alicantinos

Pilar Galán, escritora.

Pilar Galán, escritora. / Carlos Gil

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Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Cáceres

Se titulaba 'Soltar la mano' y se publicó en este diario el pasado 29 de enero. Era, simplemente, una maravilla literaria y su autora, Pilar Galán, una mujer maravillosa que fue hasta hace unos meses columnista de El Periódico Extremadura. El artículo es este y hay que leerlo con atención: "Tenía que pasar, así, sin drama alguno, sin música de película norteamericana ni cámara que grabara la escena o mi cara en primer plano. Tenía que pasar y pasó, porque es ley de vida, esa expresión horrible que sirve tanto para la muerte como para el envejecimiento, pero nunca para nada bueno. Nadie te dice que sea ley de vida enamorarse o tener un hijo o que te asciendan en el trabajo. Te lo indican cuando alguien se muere o se va de casa o te salen las primeras arrugas. O cuando tu hijo pequeño se suelta de tu mano porque se cruza con un grupo de amigos, y ese pequeño gesto, esa nimiedad, te coloca de pronto en la casilla de salida. Ya no eres mamá, ni la mano que se busca en medio del tráfico o el bullicio, eres esa señora mayor que se sigue empeñando en acompañar a quien ya no quiere seguir siendo acompañado. Entonces, solo tienes una opción digna, que es la de irse apartando poco a poco, a tirones, como un coche con muchos kilómetros al que le cuesta arrancar y aun así sigue rodando. Te alejas, observas a otra distancia, mides las palabras con el mismo cuidado con que prepararías una mezcla explosiva o una crema pastelera. Con ese mimo, con esa dedicación, sabiendo que todo puede saltar por los aires o quemarse si los ingredientes no están bien mezclados: una pregunta, una retirada, un amago de caricia, una mano que se pierde en el aire justo antes de que tu hijo desaparezca dentro del autobús, su mirada dirigida siempre al lado contrario. Esa opción. La justa. La recomendable. La otra, la de ser colega, decir qué pasa, tronco, eso tan antiguo, imitar el saludo gestual de sus amigos, empollar términos de videojuegos para tener tema… eso realmente es lamentable. Yo lo respeto, por supuesto, porque en el amor todo vale, pero prefiero aguardar en un lugar seguro, donde las cosas duelan, pero menos, esa media distancia desde la que se puede preguntar, hablar, acompañar sin ser molesta. Ese instante en que su mano suelta la mía, como por azar, y empieza a abrirse un hueco, una fisura que se convertirá en abismo, hasta que sea él (siempre son los hijos los que empiezan) el que tienda un puente, un peldaño, toda una escalera, y ya no haya vergüenza en sentir el afecto. Mientras, sin dramas ni películas de sobremesa, me aparto al borde del camino. Y el adolescente, que era un niño hasta esta mañana, se marcha sin mirar atrás no sea que se le noten la seguridad impostada, la fragilidad, el miedo, la prisa por alejarse y la absoluta certeza del regreso".

Y ese artículo, también publicado en el diario Información, otra de las cabeceras del Grupo Editorial Prensa Ibérica, al que pertenece El Periódico Extremadura, ha protagonizado la primera prueba de la PAU en Alicante. Así, los 4.451 estudiantes que se examinan en los campus de San Vicente y Alcoy, y los del resto de universidades de la Comunidad, tuvieron que analizar un texto sobre el paso de la infancia a la adolescencia de la escritora en el examen de Lengua y Literatura en Castellano para demostrar su comprensión escrita y conocimiento de la lengua con distintas cuestiones que han de analizar y desentrañar, con la oportunidad de responder a dos de las tres preguntas que se formulan. Se trata de un artículo sobre el paso de la infancia a la adolescencia de los jóvenes, como paso previo a la vida adulta, visto desde el punto de vista de una madre.

Una gran lección

Realmente, y ya desde otro punto de vista: el terapéutico, el articulo de Pilar Galán no solo es aplicable a la relación de una madre con su hijo, también lo es a la relación de un padre con una hija, de un hijo con los abuelos, de los abuelos con los nietos, o incluso de una relación sentimental marcada por la diferencia de edad o, simplemente, por el paso del tiempo. Por eso es esa joya a la que nos referíamos al comienzo de este artículo (porque habla de la vida misma y sus flaquezas con un estilo literario impecable) y por eso es digno merecedor de una prueba de la PAU.

Galán es una mujer comprometida y leída, tan leída que no es la primera vez que una de sus columnas forman parte de los exámenes de aquellos que estos días se juegan su futuro universitario. Escritora, profesora y académica numeraria de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes, también es una firme defensora del mundo rural, de la región, porque "desde la periferia siempre se mira de otra forma", dice ella a menudo. También cuenta que en sus ratos libres escribe, y escribe (decimos nosotros) grandes historias condensadas en pocas líneas, capaces de iluminar la mente y la mirada sobre cómo se entiende la vida. 'El peso exacto de los días' es su última obra, ese paso con el que uno carga en un mundo cada vez más fugaz. 

A pesar de todas las inclemencias, Pilar enseguida ofrece su abrazo, que es como ese sonido de las copas cuando algún chasquido las balancea y pareciera que todas las olas del mar se hubieran conjurado para unir sus caracolas en armoniosas reboleras. De un tiempo a esta parte la mirada de la escritora ha cambiado, como si hubiera visto el mundo de forma poliédrica o, más bien, como si lo hubiera visto en grado infinito, sin saltarse ni uno siquiera de los matices de la felicidad y del dolor. Escribía todos los jueves en este periódico sus Jueves Sociales: 'La columna ha sido mi muleta, mi bastón para no ir por la vida con los ojos cerrados', decía ella.

Parte de la entrevista a Pilar Galán, con motivo de la salida de su nuevo libro

Jorge Valiente

Pilar Galán paga el café, o la cerveza o la Coca Cola, depende de la hora, cuando queda con un amigo. Se ofrece al pago como quien se ofrece a su auxilio y eso es lo que la hace única y distinta al resto de una humanidad deshumanizada, presa de las prisas y de los tiempos. Su primer recuerdo es un habitación de hotel en la playa, cuando tenía 3 años. Dice que creemos que hemos aprendido a mirar pero no sabemos ni ver porque vamos por el mundo como a tientas. "Ahora un ‘sí’ y un ‘no’ están en una milésima de segundo: «¿Quieres salir conmigo? ‘sí’, y un emoticono»... Tenemos amores de usar y tirar, no mejores ni peores. Creo que si no aprendes que las cosas cuestan, no las valoras", argumentaba en una entrevista para este diario. Y entonces se nos venía a la cabeza ese amor que cada dos por tres te decía: "Te quiero, no lo olvides nunca" y al primer arrebato te ponía los cuernos. El mundo de las redes, el mundo al revés, o al derecho, según lo mires.

Pero ella va por la vida con los ojos abiertos y aún así es de las que piensan que "hemos dejado de ser personas para convertirnos en clientes. Ya no eres paciente de una clínica, eres cliente. He escuchado a profesores de las universidades privadas hablar de sus clientes. En el momento en que uno es cliente y consumidor ha dejado de ser persona. Y está la otra parte: «El cliente siempre tiene la razón». Nos hemos convertido en niños pequeños encaprichados con algo. No asumimos que tenemos responsabilidades: «Yo no lo he hecho, soy pequeño, no decido». Y al mismo tiempo queremos todo, aquí y ahora", reflexionaba en otra de las múltiples charlas que ha mantenido con este diario.

A Pilar Galán no le da miedo hablar de la muerte y de la desmemoria y es, ante todo, una enamorada de su profesión. Desempeña uno de los trabajos más bonitos del mundo, hoy desde el instituto Hernández Pacheco. "Explicar autores que tienen siglos a alumnos que siempre tienen 15 años es un reto fascinante. Ser profesor me gusta porque es un poco ser actor y animador sociocultural y transmitir. Tener delante a 30 personas escuchándote hablar de Antonio Machado o explicar cómo se forma el léxico castellano, que parece un rollo que te mueres, y darte cuenta de que es justo lo que ellos quieren entender, lo que ellos quieren oír... ese momento es mágico. Cuando llegas a 30 cabecitas que lo más normal es que estén pensando en el móvil, en el fútbol, en la pareja que le gusta... dices: «Esto merece la pena». Ahora, en Alicante, todas esas cabecitas han podido comprobarlo.

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