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Cultura y tradición

Paloma San Basilio en Cáceres: "He crecido con ese espíritu libre, de respeto y de dignidad, pero también con la idea de que una debe ser como es"

La cantante y actriz reflexiona sobre la evolución del papel de la mujer en la cultura y sus referentes personales y profesionales

Paloma San Basilio, este jueves, en el patio del Palacio de los Golfines de Cáceres.

Paloma San Basilio, este jueves, en el patio del Palacio de los Golfines de Cáceres. / Carlos Gil

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Esteban Valero Vizcano

Esteban Valero Vizcano

Cáceres

Paloma San Basilio visitó Cáceres el pasado jueves para participar en el acto inaugural de la XXXVII edición del Festival de Teatro Clásico de Cáceres. Durante su intervención, la cantante y actriz reivindicó la vigencia de los clásicos y compartió algunas reflexiones sobre Dulcinea, el proyecto escénico en el que se encuentra inmersa actualmente y con el que revisita uno de los personajes femeninos más emblemáticos de la literatura universal. Aprovechando su presencia en la ciudad, este periódico conversa con la artista sobre su trayectoria, los desafíos de reinterpretar los grandes textos clásicos y los proyectos que marcan esta etapa de su carrera.

Paloma San Basilio, cantante y actriz española.

Paloma San Basilio, cantante y actriz española. / Javier Naval

-En la presentación del Festival de Teatro Clásico de Cáceres afirmó que Dulcinea representa a todas las mujeres del mundo. En ese sentido, ¿qué rasgos o dimensiones de la mujer actual encuentra reflejados en este personaje creado hace más de cuatro siglos?

-La universalidad de los clásicos permite trasladar cualquier historia, cualquier perfil y cualquier representación del ser humano a distintas épocas de la humanidad. En ese sentido, considero que Dulcinea puede representar a todas las mujeres, en primer lugar, porque ha sido uno de los personajes femeninos más importantes de la literatura universal y, al mismo tiempo, uno de los más inexistentes, ya que apenas se sabe cómo vivía o quién era realmente. Precisamente por eso, surge la necesidad de dar voz a ese personaje tan significativo y de preguntarnos, de una vez por todas, quién pudo ser Dulcinea. Yo creo que, en realidad, Dulcinea son muchas mujeres a la vez, también las de hoy en día. Puede ser la mujer que decide quedarse en su casa y ejercer como ama de casa, cuidando a los hijos y desempeñando labores de apoyo, de sostén y de vínculo dentro de la familia. Puede ser también una mujer luchadora que sale a trabajar, que busca su lugar y que reivindica el derecho a ser tratada en igualdad de condiciones y a acceder a las mismas oportunidades laborales que un hombre. Y puede ser, igualmente, una mujer independiente que decide romper con los cánones establecidos y defender su derecho a la soledad, a la libertad, a la individualidad y a no depender de nadie.

-¿Considera que Dulcinea ha sido históricamente un personaje poco comprendido o, incluso, eclipsado por la figura de Don Quijote?

-Sí, creo que Dulcinea fue más bien una excusa para que Don Quijote iniciara su andadura y tuviera un motivo por el que luchar. En el fondo, él se basa en la tradición caballeresca y en el ideal del amor cortés propio de la época, en la que el caballero andante combate siempre en nombre de su dama. Ella se convierte así en un referente casi simbólico, un ideal que apenas interviene o lo hace de forma pasiva. En el caso de Don Quijote, aunque Dulcinea es un personaje muy importante, nunca llega a tener voz propia. No se sabe cómo es realmente, de hecho, resulta prácticamente intangible. Sin poner en duda la grandeza de El Quijote, que es una obra universal por excelencia y una auténtica joya de la literatura, desde una mirada actual sí se echa en falta un personaje de carne y hueso, con opinión propia, con palabra o incluso con un gesto que le otorgue mayor presencia.

-¿Qué cree que sigue teniendo de vigente hoy el universo de Cervantes para lograr conectar con públicos tan distintos?

-Cervantes es un compendio en sí mismo, en El Quijote está prácticamente todo. Era un gran pensador y un gran filósofo, una persona muy culta que había viajado mucho y que estuvo en contacto con realidades muy diversas. A lo largo de la obra hace constantes alusiones a géneros literarios, autores, pintores y referencias mitológicas, lo que explica en parte su extensión, ya que nunca parece terminar de volcar todo lo que sabe. Cervantes es, sobre todo, un gran observador. Lo que hace es mirar el mundo a lo largo de su vida y plasmarlo en la obra con un perspectivismo muy particular, que le permite entrar y salir de la realidad con total libertad. Y es precisamente eso lo que convierte El Quijote en una obra universal, con una vigencia que, a día de hoy, sigue siendo absolutamente extraordinaria.

-¿Después de una trayectoria tan extensa, cree que la situación de las mujeres en el mundo de la cultura ha cambiado realmente o considera que todavía existen muchas barreras por superar?

-Creo que en el mundo del espectáculo es, posiblemente, el espacio donde la igualdad está ganando más terreno. Estamos viendo a muchas mujeres dirigiendo teatro, escribiendo obras o cine con muchísimo éxito, y en el ámbito de la literatura también hay una presencia muy relevante. Además, es cierto que las mujeres leen más que los hombres, lo que ha favorecido también la visibilidad de la creación femenina. Sin embargo, creo que todavía existe una brecha importante en otros ámbitos. En las grandes empresas, por ejemplo, siguen siendo mayoritariamente los hombres quienes ocupan los puestos de mayor responsabilidad. E incluso dentro del propio sector cultural, en ocasiones se dan situaciones de trato desigual, mujeres con talento y trayectoria que, aun así, no reciben el mismo reconocimiento que un hombre. A esto se suma algo muy relevante como es el edadismo. La mujer, cuando envejece, es más fácilmente cuestionada o incluso apartada en determinados espacios del mundo del arte, mientras que el hombre parece contar con una mayor continuidad y aceptación independientemente de la edad. Quedan muchas cosas por mejorar y por equilibrar. Aun así, también creo que estamos avanzando. En lo personal, nunca me he sentido marginada, pero sí considero que es un camino en el que debemos seguir trabajando, tanto de forma individual como colectiva.

Paloma San Basilio, cantante y actriz española.

Paloma San Basilio, cantante y actriz española. / Javier Naval

-¿Podría compartir qué mujeres han sido sus referentes personales y profesionales a lo largo de su vida y su carrera?

-Hay muchas mujeres maravillosas que han sido referentes para mí, tanto en lo personal como en lo profesional. Entre ellas, destacaría a Ayn Rand, filósofa y escritora; a Hannah Arendt, historiadora y pensadora; o a Clara Campoamor, abogada y escritora. Todas ellas me han aportado mucho y han sido figuras en las que mirarse, aunque, en realidad, hay muchas más mujeres que merecen ser consideradas referentes. Y, por supuesto, en el ámbito más íntimo, mi familia ha sido fundamental. El papel de mi madre ha sido determinante, al igual que el de mi abuela. Ella se quedó viuda siendo muy joven mi madre y sacó adelante a su hermana, a su sobrino y a mi madre montando un taller de costura en Madrid a principios del siglo XX. Mi abuela era mucho más moderna que muchas mujeres de hoy. He crecido con ese espíritu libre, de respeto y de dignidad, pero también con la idea de que una debe tener derecho a ser como es, sin que la condicionen los demás ni los tiempos, y sin depender de imposiciones sociales como la obligación de casarse o de seguir un camino vital concreto a costa de renunciar a los propios sueños y a la propia esencia.

-Mirando hacia atrás, ¿qué proyectos considera que marcaron un antes y un después en su carrera?

-Creo que ha habido muchos momentos importantes a lo largo de mi carrera. Evidentemente, uno de ellos es cuando decido dedicarme a la música siendo ya madre, con la dificultad que eso suponía. Fue un giro muy importante en mi vida, en el que asumí un riesgo dentro de una profesión de la que, en aquel momento, apenas sabía cómo podía desarrollarse ni qué recorrido tendría, y además con pocos apoyos iniciales. Después tuve la suerte de contar con el respaldo de mis padres, que se trasladaron a vivir conmigo a Madrid y me ayudaron mucho, ocupándose de mi hija. Otro momento clave fue cuando descubrí el teatro musical. Yo ya llevaba varios años haciendo conciertos y grabando discos, pero es ahí donde encuentro realmente mi espacio, donde siento que es el lugar en el que quiero estar. Ese giro hacia el teatro, que más tarde he vuelto a retomar en distintas ocasiones, es el que me ha permitido llegar hasta aquí, seguir aprendiendo y crecer a nivel escénico.

-¿Cómo ha cambiado su forma de entender el éxito desde que comenzó su carrera hasta el día de hoy?

-Al principio, el éxito te sorprende. Después, en cierto modo, te puede llegar a manipular o incluso a condicionar; más adelante, también puede aprisionarte. Con el tiempo, sin embargo, empiezas a asimilarlo como parte natural del resultado de lo que haces y comienzas a vivirlo con más calma y serenidad. En ese punto, aprendes a agradecer que, durante tantos años, el éxito haya significado poder hacer trabajos que te gustan, subir a un escenario, que ese teatro se llene y que el público comparta lo que tú haces. Para mí, eso es el éxito, poder elegir una forma de vida, tener la libertad de ser una misma sin que otros te impongan los tiempos, y disponer de la posibilidad de probar cosas nuevas y moverte entre distintos espacios. En definitiva, el éxito es la armonía entre lo que eres y lo que quieres llegar a ser.

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