León XIV en España
Un periodista de Cáceres relata en primera persona la visita del Papa: "Lo vi en la tele, solo me faltaba vivirlo"
Madrid se volcó con la visita de León XIV, dejando una huella imborrable en los ciudadanos a pesar de las dificultades de tráfico y seguridad

Pablo Parra
La visita de un Papa a nuestro país no es algo que ocurra todos los días. No es una visita de Estado más como las que han podido protagonizar otras figuras políticas del momento. La religión cristiana, aunque tiene sus defensores y detractores, no deja de ser la religión de una amplia mayoría en España que estos días se ha dejado notar.
Madrid respondió de una forma increíble a la visita de León XIV que aún perdura. Tres días en los que manifestar la fe católica no ha sido motivo de vergüenza como parece que a veces ocurre en los días que nos ha tocado vivir.
El primer día, el sábado, me tuve que conformar con ver al Santo Padre por la televisión. Llamaba la atención ver el despliegue de seguridad que había, y eso que no sabía que en persona iba a ser más increíble. Aunque así lo hemos visto prácticamente todos.

León XIV, saliendo del Ramiro de Maeztu de Madrid. / Pablo Parra
Fue el domingo cuando pude verlo en persona. No me conformé con verlo una vez, sino que tuve que hacerlo tres. ¿Por qué? Pues, como se expone al principio, no es algo que ocurra todos los días. Lo vi salir del colegio Ramiro de Maeztu, cerca de las 9.30 de la mañana. Un lugar que, personalmente, tiene un valor para mí, por lo que ver al sucesor de San Pedro allí fue bastante irónico.
Es curioso que unos metros más arriba de ese lugar fue donde vi al último Papa que vino a España: Benedicto XVI. Y pese a no tener un móvil con el que grabar en aquella ocasión, puedo decir que lo recuerdo perfectamente.
Los móviles
Precisamente con el tema de los móviles tengo sensaciones encontradas, y eso que es hipócrita decirlo cuando soy el primero que graba todo. Al igual que en la Cabalgata de Reyes al paso de Melchor todos están a saludar, coger los caramelos y quedarse con la experiencia, a medida que iba pasando el papamóvil iban levantándose los móviles. Grabar, grabar y grabar. ¿Es una forma de guardar el recuerdo o de presumir en redes sociales? Puede ser ambas, quizás.
Por ello vi a León hasta tres veces: la primera para verlo, la segunda para grabarlo y la tercera para vivirlo. La segunda ocasión fue por la tarde, en la calle O´Donnell, en el recorrido que le llevaba al Movistar Arena (siempre conocido como Palacio de los Deportes o ya últimamente Wizink). Lo cierto es que ni en la primera ni en la segunda ocasión había demasiadas personas. Es decir, se podía andar por la acera, aunque había varias filas de fieles. Y la espera no fue demasiado larga tampoco, pese a ser para un cortejo que tarda apenas unos segundos pasar.
Eso sí: si creía haberlo visto cerca por la mañana, por la tarde pasó a solo unos metros. Eso es lo que hace maravilloso ver al Pontífice en tu país. Porque siempre puedes ir al Vaticano y decir que lo has visto, pero en esta ocasión la impresión es mucho mayor. Ves sus gestos, sus sonrisas... lo ves, si no estás con el móvil.
Había que vivirlo
En la tercera vez, que fue en el mismo trayecto pero ya viendo cómo entra al parking del recinto cultural, fue cuando más lejos lo vi. Si bien es cierto que yo no tengo ningún problema en estos casos, los que se encontraban detrás sí los tenían. Fue sorprendente ver cómo la gente corría por intentar verlo de nuevo, aunque sea de más lejos. Y cuando llegó a la entrada del parking fue cuando una persona alzó la voz y soltó una frase que resume todo lo que vi socialmente hablando: "¡Bajad los móviles, que no vemos! Para eso lo veis en casa". Y más razón que un santo.
Ahí ya no me hizo falta grabar o fotografiar nada. Ya tenía de sobra. Solo me faltaba vivirlo.
Fue así como viví una jornada de las que no se olvidan, al igual que me ocurrió con Benedicto XVI. Madrid disfrutó, aunque también sufrió con los cortes de tráfico. La seguridad fue increíble, no solo por la fuerte presencia policial. Uno sabía que se acercaba la comitiva cuando comienza a escuchar el helicóptero de la Policía Nacional, que ha demostrado lo que sabe hacer. Y por encima de ese helicóptero, un segundo vigilaba un rango todavía mayor.

León XIV, en Madrid. / Pablo Parra
Me habría gustado poder contar la experiencia en actos como la vigilia, la procesión del Corpus o la misa en el Bernabéu, pues no dejo de relatar cómo he vivido el fugaz paso de León XIV en su vehículo. Pero eso se lo dejo a los que lo vivieron al completo.
Al final, los vídeos quedarán guardados en el teléfono, pero el recuerdo de haber estado allí cuando pasó un Papa por Madrid sí espero conservarlo para siempre. Porque, después de todo, tenía razón aquella mujer que gritó entre la multitud: hay cosas que están para grabarlas y otras que están para vivirlas.
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