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Barrio a barrio

Santa Bárbara, la calle sin salida de Cáceres pero con unas vistas privilegiadas

La rehabilitación de inmuebles y la futura remodelación de la plaza Marrón marcan la transformación de esta vía urbana céntrica

Vídeo | Recorrido por la calle Santa Bárbara de Cáceres

El Periódico Extremadura

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Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Cáceres

La calle de Santa Bárbara no necesita grandes dimensiones para explicar una parte del centro de Cáceres. Es una vía sin salida, recogida, casi escondida en la trama urbana que rodea plaza Marrón, pero con suficiente vida como para detenerse en ella y mirar con atención. En el número 2 se conserva una casa tradicional cacereña. En el número 4 aparece ya un bloque de viviendas de cuatro plantas, una imagen distinta, más vertical, que habla de la evolución del centro. En el número 1 también se mantiene una vivienda de aire solariego, al igual que ocurre en los números 6 y 8, donde la escala doméstica sigue marcando el carácter de la calle.

Ese contraste entre casas bajas, edificios de varias alturas y pequeñas obras abiertas resume bien lo que sucede en muchas zonas céntricas de Cáceres: la ciudad heredada convive con la necesidad de adaptar sus inmuebles a nuevos usos, nuevas familias y nuevas formas de habitar. Lo que sí merece destacarse son sus vistas. Desde la parte más alta los ojos se desvían, inevitablemente, al Museo de Helga de Alvear.

Y es que este recorrido por Santa Bárbara no se entiende sin ese museo. La institución ocupa hoy una posición estratégica entre el casco histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad, y la ciudad más moderna, una frontera que el propio museo ha convertido en virtud: su arquitectura busca coser esos dos Cáceres, el monumental y el contemporáneo.

La historia del centro museístico nace de la colección reunida durante décadas por Helga de Alvear, galerista y coleccionista alemana nacida en Kirn/Nahe en 1936 y fallecida en 2025. El origen de su colección se sitúa en 1967, cuando entró en contacto con Juana Mordó y con la escena artística española; en 1980 empezó a trabajar en la galería de Mordó, en 1982 formó parte del impulso inicial de ARCO y en 1995 abrió en Madrid una galería con su propio nombre, junto al Museo Reina Sofía.

Cáceres acabó siendo la ciudad elegida para dar forma estable a ese legado. En 2006 se constituyó la Fundación Helga de Alvear, en 2010 abrió el Centro de Artes Visuales y en 2021 se inauguró el actual Museo Helga de Alvear, concebido como una institución pública, participativa y abierta a la sociedad. La colección supera las 3.000 obras y está considerada una de las más relevantes de Europa en arte contemporáneo.

El edificio, diseñado por Tuñón Arquitectos, suma la rehabilitación de la Casa Grande, un inmueble modernista, con una construcción contemporánea de nueva planta premiada internacionalmente. Esa mezcla de memoria y modernidad encaja especialmente bien en este punto de Cáceres: junto a plaza Marrón, Camino Llano y las pequeñas calles del entorno, el museo ha cambiado la forma de mirar una zona que durante años fue más de paso que de estancia

La rehabilitación como señal

En la calle también se aprecia el movimiento del mercado y de la obra. En el número 3, un bajo que estaba en venta ya se ha vendido. En el número 10 se trabaja en la rehabilitación de otra vivienda. Son detalles pequeños, pero reveladores: en calles como Santa Bárbara, cada licencia, cada reforma y cada casa recuperada tienen un peso especial.

La rehabilitación se ha convertido en una de las grandes claves del centro cacereño. No se trata solo de conservar fachadas o mejorar viviendas, sino de mantener población, actividad y uso diario en una zona que vive entre la fuerza de la Ciudad Monumental y la presión de los cambios urbanos.

También en el número 12A aparece una salida de emergencia, otro elemento discreto, funcional, que forma parte de esa lectura completa de la calle: no todo es postal ni patrimonio visible; también hay accesos, servicios, bajos, portales y soluciones prácticas que sostienen la vida diaria. En el 5, terrazas magníficas, y en la esquina con plaza Marrón, en el número 8, lo que fue una antigua hornacina.

La cercanía de plaza Marrón da a Santa Bárbara una posición especialmente interesante. La plaza es hoy un punto de conexión entre el Cáceres cotidiano y el itinerario hacia la Ciudad Monumental, pero también uno de los entornos llamados a cambiar con la remodelación prevista de Camino Llano y plaza Marrón.

El proyecto municipal plantea ganar espacio peatonal, crear nuevas zonas verdes y mejorar la accesibilidad en un ámbito estratégico por su relación con el Museo Helga de Alvear y con la entrada hacia la parte antigua de Cáceres. Esa transformación, si se ejecuta en los términos anunciados, puede modificar la forma en que vecinos, visitantes y negocios se relacionan con este tramo del centro.

En ese marco, Santa Bárbara queda como una calle de escala menor, pero muy significativa. No es una gran avenida ni una plaza monumental. Es una pieza pequeña, casi de transición, que ayuda a entender cómo el centro de Cáceres se está reajustando: con viviendas que se rehabilitan, bajos que cambian de manos y espacios públicos que esperan una nueva vida más amable para el peatón.

El nombre de Santa Bárbara

El nombre de la calle añade, además, una resonancia propia. Santa Bárbara está vinculada en la tradición cristiana a la protección frente a tormentas y rayos, y también aparece asociada históricamente a oficios de riesgo como la artillería o la minería. Esa evocación encaja con una calle que, sin grandes alardes, parece proteger un pequeño refugio urbano dentro del centro.

Hoy, la calle de Santa Bárbara se mira mejor desde esa doble condición: como rincón tranquilo y como parte de un entorno en transformación. A un paso de plaza Marrón, del Helga de Alvear y del camino hacia la Ciudad Monumental, conserva casas con memoria y señales de futuro. En sus fachadas, sus bajos y sus obras se lee una idea sencilla: Cáceres también cambia en sus calles más cortas.

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