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Barrio a barrio

San Vicente, la calle pequeña de Cáceres para hospedarse

La calle San Vicente, a pesar de su pequeño tamaño, refleja los debates urbanísticos de Cáceres sobre rehabilitación, turismo y vida vecinal

Vídeo | San Vicente, la calle pequeña de Cáceres para hospedarse

El Periódico Extremadura

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Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Cáceres

Junto al arandel, perpendicular a Santa Bárbara, el paseo matutino de El Periódico Extremadura nos hace adentrarnos en la calle San Vicente. Es curioso que después de más de 30 años pateando los barrios nos hayamos metido por primera vez en esta vía pequeña, sin salida, pero que está cargada de historia. Al lado de la plaza Marrón, muy cerca de la Ciudad Monumental, del Camino Llano y del Museo Helga de Alvear, San Vicente es una calle castiza donde las haya.

Parte el recorrido desde la casa que está siendo rehabiltada en la esquina y el Bar La Latina, un establecimiento que ha encontrado su sitio en el ambiente del tardeo y que ayuda a dar vida a una calle que, pese a ser sin salida, no está vacía ni desconectada del pulso del centro.

San Vicente tiene esa mezcla tan cacereña de calle recogida y espacio vivido. No es una vía monumental ni pretende serlo. Su interés está precisamente en la suma de detalles: una fachada recién arreglada, una vivienda que espera obra, una reja que llama la atención, unas macetas cuidadas o la puerta de un solar que recuerda todo lo que aún queda por recuperar.

Apartamentos, reformas y casas pendientes

También aquí se nota la presión de los nuevos usos turísticos. En el número 3 funciona un apartamento turístico de una llave, una muestra de cómo incluso las calles más pequeñas del centro han entrado en el mapa del alojamiento para visitantes. El fenómeno no es aislado: el entorno de plaza Marrón, por su cercanía a la parte antigua y al Museo Helga de Alvear, se ha convertido en una zona cada vez más atractiva para este tipo de usos.

En el número 5 se aprecia una casa que necesitaría rehabilitación. En cambio, otras fincas de la calle ya han pasado por procesos de mejora. Es el caso del número 2, del número 4, del número 7 o del número 9, donde se observa una voluntad de conservar y actualizar viviendas que forman parte del paisaje urbano del centro.

En el número 6, la parte baja apunta a haber sido recién encalada, una intervención sencilla pero muy visible en calles de esta escala. Son actuaciones pequeñas, casi domésticas, que tienen más importancia de la que parece: cada pared cuidada, cada puerta arreglada y cada vivienda recuperada ayudan a sostener la vida cotidiana en el centro histórico y su entorno inmediato.

Una de las casas más bonitas de esta zona es la del número 10, donde destacan especialmente sus macetas. Ese tipo de cuidado particular, casi íntimo, sigue siendo una de las formas más reconocibles de embellecer las calles cacereñas. No hace falta una gran intervención para cambiar la percepción de una fachada: a veces bastan unas plantas bien colocadas y una casa mantenida con cariño.

También llaman la atención las viviendas de los números 9 y 11, esta última con una rejería especialmente destacada. En calles como San Vicente, la reja no es solo un elemento funcional. Forma parte de la imagen tradicional de muchas viviendas del centro, de esa arquitectura doméstica que sobrevive entre reformas, nuevos usos y cambios de propiedad.

La calle termina con unos grafitis y con la puerta de un solar sin uso, un final que deja abierta otra lectura: la de los espacios pendientes. En una zona donde cada metro cuenta, ese solar aparece como una pieza más del tablero urbano, a la espera de una solución que pueda integrarse mejor en el conjunto.

La reforma que viene

La posición de San Vicente es especialmente relevante por su cercanía a plaza Marrón, uno de los espacios llamados a cambiar dentro del proyecto municipal de remodelación de Camino Llano y su entorno. La actuación busca ganar espacio para el peatón, mejorar la accesibilidad, introducir más zonas verdes y ordenar un ámbito que funciona como puerta de entrada hacia la Ciudad Monumental y el Museo Helga de Alvear.

Ese cambio afectará también a la forma de vivir calles como San Vicente, Santa Bárbara o Santa Apolonia. Son vías de escala menor, pero muy sensibles a cualquier modificación del tráfico, del paseo o de los accesos residenciales. Si la plaza Marrón gana presencia como espacio peatonal y de estancia, estas calles dejarán de ser simples rincones laterales para convertirse en piezas de un centro más amable y más mirado.

San Vicente resume, en muy poco espacio, algunos de los debates actuales de Cáceres: cómo rehabilitar sin borrar, cómo atraer visitantes sin expulsar la vida vecinal, cómo poner en valor lo pequeño y cómo convertir la transformación urbana en una oportunidad para quienes ya habitan el centro.

Al final, la calle no necesita grandes fachadas para contar una historia. La cuenta en sus macetas, en sus rejas, en sus bajos, en sus casas que vuelven a arreglarse y en ese solar que espera destino. San Vicente es una calle sin salida, sí, pero dice mucho de hacia dónde quiere caminar el centro de Cáceres.

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