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Obituario

Muere en Cáceres Alfonso Domínguez Leo, el trabajador más antiguo de El Periódico Extremadura

Ligado durante décadas a la rotativa del diario decano de la región, descubrió en 2018 la placa que recuerda los orígenes del periódico en el Palacio de la Generala

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Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Cáceres

Ha muerto Alfonso Domínguez Leo, a los 95 años, el trabajador más antiguo de El Periódico Extremadura y una de esas figuras discretas que ayudan a explicar la historia de una cabecera más allá de sus portadas, sus directores y sus grandes titulares. Durante años estuvo vinculado a las tareas de la rotativa, en el corazón físico del periódico, allí donde el ruido de las máquinas convertía cada jornada en papel impreso.

Alfonso formaba parte de esa generación de trabajadores que sostuvo el oficio desde dentro, sin foco, sin firma y sin aplausos, pero con una entrega imprescindible para que el diario llegara cada mañana a los lectores. Su relación con esta casa nunca terminó del todo. Incluso después de su jubilación, acudía con frecuencia a recoger su ejemplar, casi como un rito íntimo de fidelidad a una empresa editorial que fue también parte de su vida.

El Periódico Extremadura, integrado hoy en Prensa Ibérica, es el diario decano de la comunidad. Nació el 1 de abril de 1923 en el Palacio de la Generala, en pleno corazón de la ciudad monumental de Cáceres, fundado por el obispo de Coria Pedro Segura Sáenz. Aquel primer número salió con el nombre de Extremadura. Diario Católico, tenía cuatro páginas y una suscripción mensual de dos pesetas. Su primer director fue Tomás Murillo.

Desde entonces, la cabecera ha acompañado más de un siglo de historia extremeña. Ha cambiado de sedes, de tecnologías, de formatos y de etapas empresariales, pero ha mantenido una vocación regional profundamente ligada a Cáceres y a la vida de los municipios. En ese recorrido, nombres como el de Alfonso Domínguez Leo forman parte de la memoria interna del periódico, la de quienes lo hicieron posible cada día.

La placa de La Generala

En 2018, durante el acto conmemorativo del 95 aniversario del diario, Alfonso Domínguez Leo tuvo un papel especialmente simbólico. Participó en el descubrimiento de la placa instalada en el Palacio de la Generala, edificio que albergó la primera sede de El Periódico Extremadura desde su fundación hasta mediados de 1973, cuando el diario se trasladó a La Madrila, antes de pasar por Camino Llano y llegar finalmente a su actual sede de la calle Doctor Marañón.

Aquella placa, dispuesta en hierro, recuerda "a cuantos lo hicieron posible todos estos años". Y Alfonso era precisamente eso: uno de los que lo hicieron posible. Uno de los trabajadores que conoció el periódico desde la entraña material del oficio, desde la maquinaria, los turnos y la responsabilidad de que cada edición saliera adelante.

Al acto asistieron trabajadores históricos y actuales del periódico, familiares, representantes institucionales y ciudadanos que quisieron acompañar a una cabecera que ya entonces se acercaba al siglo de vida. Fue una jornada de memoria compartida y también de reconocimiento a quienes rara vez aparecen en las fotografías oficiales, pero sin los cuales ningún periódico existe.

La historia de El Periódico Extremadura ha atravesado la Segunda República, la guerra civil, el franquismo, la Transición, la autonomía extremeña, la modernización tecnológica, la llegada del color, la edición digital y la integración en grandes grupos editoriales. En 1988 fue adquirido por Grupo Zeta, etapa en la que tomó el nombre actual, y en 2019 pasó a formar parte de Prensa Ibérica, uno de los principales grupos de comunicación del país.

Pero junto a esa gran historia empresarial y periodística está la otra: la de los talleres, las redacciones, la distribución, los cierres, las madrugadas y los trabajadores que entregaron años enteros a esta casa. Ahí estaba Alfonso.

Su muerte deja una sensación de despedida profunda en quienes compartieron con él esa pertenencia al periódico. Se va uno de los últimos testigos de una forma de hacer prensa en la que la rotativa era casi un latido. Un tiempo en el que el periódico no solo se escribía: también se levantaba, se componía, se imprimía y se repartía con esfuerzo físico y orgullo profesional.

La capilla ardiente está instalada en la sala 4 del tanatorio San Pedro de Alcántara. La misa funeral tendrá lugar este 11 de junio, a las 10.30 horas, en la parroquia de San Mateo.

Alfonso Domínguez Leo se marcha dejando una huella silenciosa, pero firme. La de quien no necesitó firmar artículos para formar parte de la historia de un periódico. La de quien ayudó, día tras día, a que Extremadura se leyera a sí misma.

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