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Barrio a barrio

Del viejo herradero de Victoriano Pérez al moderno Edificio Balboa de Cáceres

El Edificio Balboa ejemplifica la nueva arquitectura que prioriza la sostenibilidad, la habitabilidad y el impacto ambiental en su diseño y materiales

Vídeo | Así es el edificio Balboa de Cáceres

El Periódico Extremadura

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Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Cáceres

En sus orígenes no se llamó Hernández Pacheco sino Ronda del Carmen Baja, una calle de tránsito que conectaba la plaza de Colón con el puente de San Francisco y donde había negocios ya desaparecidos pero que quedan en la memoria de los cacereños, como el Herradero de Victoriano Pérez, un lugar en que se realizaba la marca del ganado. El local estaba situado en los alrededores del actual taller de los Hermanos Denche y tenía una fachada de puertas grandes por las que entraban en carretas los animales, y el potro al que se agarraban los toros en espera del hierro al rojo. Ilustraba aquella fachada un caballo al que estaban herrando y una vez al año o cada dos años Labiana pintaba y barnizaba con mimo esa fachada cuya parte superior aparecía engalanada con tres macetas grandes. Era ese un magnífico escaparate ante el ir y venir de caballerías, la de los Núñez entre ellas, compuesta por mulas falsas que se utilizaban para transportar los materiales de las obras.

Al llegar la feria de Mayo se formaban en el herradero de Victoriano largas colas, la mayoría de gitanos que venían de los pueblos a lomos de sus bestias. Victoriano, casado con Ángela, herraba entonces tantísimo que en la feria siempre hacía el agosto y sacaba el dinero suficiente para mantener a sus seis hijos, porque para entonces ya habían nacido los tres pequeños: la primera, Victoriana, a la que todos conocen por Nana y que Victoriano puso su nombre por si acaso Dios no le concedía un nuevo varón con el que perpetuar su alias, algo que llegaría poco después con Victoriano (Nano), que tuvo camiones de transporte y fue famosísimo en Cáceres, y Rafa, el más pequeño de todos, que estuvo durante mucho tiempo de camarero en Acuario.

Victoriano era un hombre habilidoso que compraba las barras de hierro, estrechas y largas, en los almacenes de Gabino Díez, las cortaba a trozos y las ponía en su fragua al calor del carbón de brezo. Así fabricaba sus propias herraduras de distinto tamaños y se ahorraba un buen pellizco. Hacía Victoriano herraduras para burros, para mulos, y las moldeaba cual talla de zapatos con la ayuda de sus hijos, sobre todo de Nano, que era el más fuertote, porque eran tiempos duros y allí todos tenían que colaborar.

Tras el herradero, al fondo, la casa de dos plantas: abajo un patio con azulejos, muy bonito, a mano derecha la cocinita, a mano izquierda un aseo con lavabo y water y un baño grande de cinc para los domingos. El comedor tenía un sofá cama, una mesa camilla con sus sillas y dos butacas de mimbre, un aparador con muchos cajones, y un reloj de pared. En la parte más alta de la casa había dos habitaciones donde dormían los niños repartidos porque Victoriano y Ángela aprovechaban el sofá cama del comedor para garantizar la comodidad de sus retoños. El tiempo transcurría en maravillosa fraternidad, al son melodioso del tic tac del reloj de pared, en aquel bellísimo San Francisco donde también vivían la señora María (madre de Antonio Machacón) y la señora Otilia, que murió joven y tenía una hija que se llamaba Demi. Enfrente, los Valiente, que el padre trabajaba en un banco y tenía todos hijos varones y cuando llegaban los Reyes Magos siempre venían cargados de juguetes y de alguna bicicleta, y los muchachos del barrio se empinaban para tratar de captar tras el balcón alguna imagen de aquella generosidad de los Magos de Oriente.

Por encima estaba el quiosco de la señora Amelia, y la churrería de Flores Caso. Enfrente había dos cacharrerías, una de ellas la llevaba una mujer llamada Julia y solían vender muchos cacharros de esos típicos de Arroyo de la Luz. Después estaba el comercio del señor Vicente, casado con Nandi, y la peluquería de Miqui, de Micaela, casada con Juan Ojalvo.

Esta radiografía nada tiene que ver con el Hernández Pacheco actual, aunque sigue siendo un lugar de paso, bullicioso y con un ir y venir de nuevos negocios y hasta local que alberga una iglesia evangélica. En este contexto también hay que referirse a la llegada de nuevas promociones de viviendas, como la del Edificio Balboa, 25, que responde a esa forma actual que tienen los arquitectos de concebir sus edificios, no solo bonitos y singulares, sino que piensan en un sistema completo: cómo se orienta, cuánto consume, cómo envejece, qué materiales usa, cómo se habita, cómo se mantiene y si podrá transformarse dentro de 20 o 30 años. La gran pregunta ha cambiado. Antes era: "¿qué edificio queremos levantar?". Ahora es más bien: "¿qué edificio merece la pena construir, cómo reducimos su impacto y cómo mejorará la vida de quienes lo usen?".

El edificio ya no nace en el solar, nace en los datos

El arquitecto actual trabaja cada vez más con modelos digitales. No se limita a dibujar plantas, alzados y secciones, sino que construye una especie de maqueta inteligente del edificio. Ahí entran el BIM, los gemelos digitales, las simulaciones energéticas, los cálculos de sombra, ventilación, ruido, recorridos y mantenimiento.

Esto permite probar el edificio antes de hacerlo. Ver si una fachada se calienta demasiado, si una vivienda tendrá buena ventilación cruzada, si las instalaciones chocan entre sí o si una solución va a disparar el coste. La inteligencia artificial empieza a entrar en ese proceso como herramienta de apoyo, no como sustituta del arquitecto: RIBA señala en su informe de 2025 que la IA puede ampliar el papel del arquitecto, especialmente en diseño y gestión, pero no reemplazarlo.

Durante años se hablaba de sostenibilidad como si fuera una capa que se colocaba al final: placas solares, etiqueta energética, algo de vegetación. Hoy está en el origen del proyecto. El edificio se piensa desde su consumo, sus emisiones, sus materiales y su capacidad de adaptarse al clima.

No es una moda. En la Unión Europea, los edificios son el mayor consumidor de energía: concentran alrededor del 40% del consumo energético y el 36% de las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con la energía. Además, el parque construido europeo es viejo: el 85% de los edificios se levantó antes del año 2000 y el 75% tiene baja eficiencia energética.

Por eso el arquitecto de hoy no mira solo el solar. Mira también el ciclo de vida: de dónde viene el material, cuánta energía cuesta producirlo, cuánto durará, si se podrá reparar, desmontar o reutilizar. El World Green Building Council insiste precisamente en esa dirección: edificios más circulares, con mejor uso de recursos y capacidad para restaurar naturaleza, no solo para ocupar suelo.

También ha cambiado la manera de entender la belleza. El edificio actual no busca solo impactar desde fuera. Tiene que funcionar por dentro. La arquitectura mira más al confort real: luz natural, temperatura, acústica, calidad del aire, espacios comunes, vegetación, accesibilidad y bienestar. Esto conecta con el espíritu de la Nueva Bauhaus Europea, que la Comisión Europea resume en tres ideas: lugares bellos, sostenibles e inclusivos. Es decir, no basta con que un edificio sea eficiente; debe ser habitable, comprensible, amable y útil para la comunidad.

El inmueble

Balboa fue construido por CIT Promotora y tiene dos fachadas distintivas, una que se asoma a la calle Profesor Hernández Pacheco y la otra a la Avenida del Brocense, justo donde estaba el chalet inolvidable por su preciosa palmera que fue propiedad de Primitivo Torres, el farmacéutico que tenía su negocio en la plaza de la Concepción. Diseñado por el arquitecto Epifanio Manzano, el solar tras derruirse el chalet dio cabida a esta nueva promoción de viviendas con acabados de lujo y modernas comodidades. Ceres International Trade (CIT) es una promotora joven que aglutina la experiencia de constructoras de gran trayectoria y solvencia en Extremadura (Construcciones Abreu, Tabiques Extremadura e Iniciativas y Proyectos), todas ellas con más de un cuarto de siglo de veteranía en el sector. CIT Promotora inició su andadura en 2012 con la concurrencia de tres empresas que unieron fuerzas para la construcción del Edificio Panamá en la calle San José de Cáceres.

El edificio Balboa tiene entrada por Hernández Pachecho, calle en la que se elvan cinco plantas. El inmueble se extiende por la avenida del Brocense y el garaje tiene acceso por Hernández Pacheco, calle donde está el Hipermercado Tambo, hay tiendas de reparación de calzado, bares, peluquerías. Por cierto, cerró la Librería Cervantes y en su lugar han puesto una tienda de manicura. Por la parte del Brocense tiene cuatro patas y el segundo y tercer piso dispone de amplios balcones. A su alrededor, el edificio El Brocense, el pabellón polideportivo Juan Serrano Macayo, una clínica dental y una cafetería que conforman este nuevo concepto de construcción que ya está pisando fuerte en el centro de Cáceres.

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