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Latinos en Cáceres

Luz y María Elena, las hondureñas que cuidan la vejez en Cáceres: "España nos ha dado mucho, pero también nos lo ha quitado"

Llegadas desde la ciudad de Danlí, acompañan como internas a Fermina y María Fernanda, dos mujeres mayores con las que han creado un vínculo que va mucho más allá del trabajo

María Fernanda, María Elena, Fermina y Luz Verónica, a la sombra este viernes.

María Fernanda, María Elena, Fermina y Luz Verónica, a la sombra este viernes. / E. P.

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Ángel García Collado

Ángel García Collado

Cáceres

Hay trabajos que empiezan en una casa y acaban ocupando un lugar en la vida. Luz Verónica y María Elena llegaron desde Honduras a Cáceres en busca de una oportunidad y hoy cuidan, acompañan y sostienen el día a día de Fermina y María Fernanda, dos mujeres mayores con las que han creado una relación que va mucho más allá de ayudar en las rutinas domésticas.

Luz Verónica ha cumplido ahora un año en Cáceres. María Elena lleva dos años en España y casi 22 meses trabajando con María Fernanda. Las dos son internas. Comparten origen, oficio y calle, aunque no se conocían antes de llegar. Las dos proceden de Danlí, en Honduras, pero su amistad nació aquí, en Cáceres, al calor de los cuidados.

Mucho más que cuidar

"Sus hijos nos dan mucha confianza a nosotras", explica María Elena. Esa confianza les permite entrar en la intimidad de una casa y ocupar un espacio delicado: el de acompañar a una persona mayor cuando la familia no puede estar todo el día. "Está también el lado humano, una le toma aprecio a estas personas", reconoce.

Después mira a María Fernanda y la describe con ternura: "Es una señora amable, tranquila, come de todo, duerme, se ríe y ama la vida". María Fernanda escucha con El Periódico Extremadura entre las manos. Cuenta que su padre era sastre y que ella trabajó en el negocio familiar. Fermina recuerda una vida marcada desde joven por la pérdida de su madre y por el cuidado de sus hermanos.

En esa convivencia diaria también hay música, conversación y pequeños gestos. "Me baila", dice María Elena sobre María Fernanda. "Y yo también le bailo", responde Fermina entre risas. Son escenas sencillas, pero explican mejor que cualquier definición lo que significa el cuidado cuando se convierte en vínculo.

La vida lejos de Honduras

El salto desde Honduras hasta Cáceres no ha sido fácil. "Vinimos a conocer nuevas caras, otras oportunidades, pero así como se gana, también se sufre", resume Luz Verónica. María Elena lo expresa con una frase que encierra buena parte de la experiencia migrante: "España nos da tanto y al mismo tiempo nos quita tanto". Da trabajo, seguridad y experiencias nuevas, pero también aleja de la familia, de la tierra propia y del calor cotidiano de una madre o de una hija.

Aun así, las dos reivindican la fuerza de las mujeres que migran. "Si estamos en este país es porque somos mujeres valientes, fuertes", señala María Elena. Ellas cuidan a Fermina y a María Fernanda, pero también aprenden de ellas. "Cada día nos enseñan que, por muy dura que sea nuestra vida aquí, tienen un potencial tan grande de querer vivir", dice.

En Cáceres han encontrado trabajo, compañeras y hogares donde su presencia se ha vuelto imprescindible. También algo parecido a una familia cotidiana, hecha de rutinas, confianza, periódicos, bailes pequeños y mucho cariño.

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