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Salud mental

"Estoy vivo y quiero vivir": la historia de Marcos Polo, el joven de Cáceres que narra su lucha por la salud mental

Con 21 años, comparte su experiencia vital para romper el estigma y animar a quienes sufren a pedir ayuda, destacando el recurso del teléfono 024

Vídeo | La historia de Marcos Polo, el joven de Cáceres que narra su lucha por la salud mental

Pablo Parra

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Cáceres

"Me llamo Marcos Polo Collazos, vivo en la localidad de Cáceres, Extremadura, y mi intención es defender la salud mental y a todas las personas que la sufren". Su testimonio no solo es el de una persona que a sus 21 años ha vivido una vida digna de una montaña rusa, sino que es la de una persona que define en sí lo que es la valentía.

Habla sin prisa. Sin esconder lo que ha pasado, pero también sin recrearse en el dolor. Porque si algo tiene claro Marcos es que no quiere que su historia sirva para generar lástima: quiere que sirva para ayudar.

Hace apenas unas semanas, reconoce, no veía futuro. Hoy habla de proyectos, de recuperar aficiones, de volver al gimnasio y de disfrutar de algo tan sencillo como pasear con su familia o contemplar un atardecer.

"Ahora mismo estoy con muchas ganas de vivir, que es algo que hace dos semanas era totalmente incomparable con cómo me sentía", explica. "Ha habido un cambio de chip muy importante. Ha costado mucho tiempo encontrar la medicación adecuada, pero ahora siento que estoy mejorando".

Pero no siempre fue así. A los 21 años acumula cinco ingresos psiquiátricos, varios intentos autolíticos, la pérdida de su madre y una batalla contra la depresión que le llevó a asomarse al borde del precipicio más de una vez. Sin embargo, ahora ha decidido contar públicamente todo lo vivido para lanzar un mensaje claro: la salud mental importa y pedir ayuda puede salvar vidas.

Una vida normal que cambió a los 17 años

Antes de que aparecieran los problemas de salud mental, Marcos recuerda una vida completamente normal. "Tuve una infancia feliz y una adolescencia tranquila", relata en una muy larga pero impactante carta.

Todo empezó cuando tenía 17 años. Comenzaron a aparecer pensamientos obsesivos y conspirativos que no desaparecían de su cabeza. Poco a poco fueron ganando terreno hasta desembocar en un brote psicótico que terminó con su primer ingreso en la planta de Psiquiatría del Hospital San Pedro de Alcántara. "Fue el peor ingreso de todos", reconoce.

Aquellos días estuvieron marcados por el miedo. "Mis paranoias eran tan grandes que me daba miedo prácticamente todo. Estaba constantemente agobiado".

El suicidio nace de un cansancio enorme de sufrir. Llega un momento en el que tu mente entra en otra dinámica y te hace creer que esa es la única salida posible

Fue entonces cuando apareció una figura fundamental en su historia: su madre, Cristina María Collazos Arias. "Fue ella quien tomó la decisión de llevarme al hospital. Me dejó en manos de los profesionales porque entendió que necesitaba ayuda".

Con el paso de los meses, gracias al tratamiento, al apoyo familiar y al trabajo de los profesionales sanitarios, logró superar aquella psicosis, pero la vida todavía le tenía reservado el golpe más duro.

El día que perdió a su madre

¿No piensan que hay veces que la vida aporta unos golpes sin sentido alguno? Que muchas veces las injusticias son más grandes que cualquier cosa que se nos pueda ocurrir. La vida de Marcos es un ejemplo, pues en ella hay una fecha, un antes y un después que el chico nunca podrá borrar de su memoria: el 18 de febrero de 2024.

Aquel día se despidió de su madre como cualquier otro. "Le dije: 'Hasta mañana, mamá'", describe. Horas después escuchó los gritos de su hermana desde otra habitación de la casa, y lo que vino después sigue apareciendo en sus recuerdos con una nitidez dolorosa. "Mi hermano y yo bajamos corriendo. Había sangre. Mi madre se había desplomado. Fue algo muy traumático", cuenta.

Los servicios sanitarios consiguieron reanimarla y trasladarla a la UCI. Permaneció una semana en coma, pero finalmente falleció. "La sensación fue un shock absoluto. Durante semanas era como si no aceptáramos lo que había pasado. Pensábamos que seguía viva".

Aunque han pasado más de dos años, sigue siendo la ausencia que marca cada día de su vida. "Gracias a mi psicólogo, Juanma, y al trabajo que hemos hecho durante todo este tiempo, lo tengo más interiorizado. Pero mi madre sigue muy presente. La sueño mucho y siento que me sigue ayudando".

Eso le lleva a confesar que, aunque no es practicante, sí es creyente. "No soy una persona especialmente practicante, pero sí creo en Dios. Creo que hay algo después de la muerte y creo que mi madre me sigue acompañando".

Vivir por vivir

Tras la muerte de su madre llegó una etapa especialmente oscura. "No me centraba ni en recuperarme ni en morirme. Simplemente existía". Así resume los meses posteriores en los que la tristeza se convirtió en una compañera permanente. Poco a poco, los estudios quedaron en segundo plano y toda motivación desapareció. "Vivía por vivir. Me daba igual casi todo".

A finales de 2023, apenas meses antes de la pérdida de su madre, ya había sufrido un primer intento de suicidio tras una profunda crisis emocional y después, con el golpe que vivió, no tardaron en llegar más recaídas.

Los tratamientos funcionan, la terapia funciona y los profesionales ayudan

La Navidad de 2025 fue especialmente dura, ya que "ver la silla vacía de mi madre en la mesa me afectó muchísimo". Y volvieron los pensamientos suicidas, las hospitalizaciones, los ingresos... En mayo de este año ingresó dos veces más.

Fueron probablemente los momentos más delicados de toda su trayectoria. "El suicidio nace de un cansancio enorme de sufrir. Llega un momento en el que tu mente entra en otra dinámica y te hace creer que esa es la única salida posible".

La llamada que le ayudó a seguir aquí

En varias de esas ocasiones hubo un recurso que resultó decisivo: el teléfono 024 de atención a la conducta suicida. Cuando se le pregunta por ese número, no duda: "el 024 me ha salvado la vida". Y no lo dice una vez, lo repite convencido: "hay alguna ocasión en la que, de verdad, de corazón te lo digo, me salvó la vida".

Recuerda perfectamente cómo funciona. "Llamas y siempre te atienden con muchísimo respeto. Lo primero que hacen es escucharte. Intentan entender qué te pasa y buscan contigo herramientas para salir adelante".

Por eso insiste en que muchas personas deberían conocer este recurso. "Hay gente que ni siquiera sabe que existe. Y está disponible las 24 horas del día".

El estigma que sigue haciendo daño

Si algo empujó a Marcos a escribir una carta abierta y compartir públicamente su historia fue la sensación de que la salud mental sigue siendo un tema rodeado de prejuicios. "Vivimos en una sociedad muy moderna para muchas cosas, pero todavía queda mucho camino por recorrer en cuanto a la salud mental".

Además, asegura que los pacientes perciben constantemente ese rechazo. "A veces no te lo dicen directamente, pero notas cómo te evitan o cómo te miran diferente". También menciona aquellos comentarios que considera especialmente dañinos. "Se siguen utilizando palabras como loco, pirado o zumbado. Hay quien piensa que alguien habla de suicidio para llamar la atención". Y cree que detrás de todo ello hay un problema muy concreto: "falta información. Muchísima información".

Para él, la salud mental debería entenderse exactamente igual que cualquier otra enfermedad. "Si una persona tiene diabetes o una enfermedad cardíaca, nadie duda de que necesita tratamiento. Con la depresión, la ansiedad o los trastornos mentales debería ocurrir exactamente lo mismo".

Una red de seguridad

Paradójicamente, uno de los mayores aprendizajes de Marcos llegó precisamente dentro de las unidades de Psiquiatría. "Desde fuera existe la idea de que son lugares para personas sin solución. Yo he descubierto que son una red de seguridad".

No oculta que los ingresos son duros, pero también cree que le salvaron. "Mi último ingreso me hizo cambiar el chip. Me di cuenta de que tenía que poner de mi parte y que quería salir adelante".

Quiero que mi historia sirva aunque sea para una sola persona

Aun así, considera que todavía existen aspectos mejorables. Por ello, reclama más actividades, más atención psicológica y más recursos para los pacientes. "Solo tenemos una hora de terapia al día. Después quedan muchas horas vacías".

Por eso propone talleres, deporte, música, lectura, informática o grupos de apoyo. "La salud mental no es solo medicación. También son herramientas para recuperar la ilusión y la autoestima".

"Invertir en salud mental no es un gasto"

Marcos habla con naturalidad de tratamientos, psicólogos y psiquiatras porque cree que todavía existe un debate injusto alrededor de estos recursos. "Hay quien piensa que invertir en salud mental es un gasto", pero él lo tiene claro: "es una inversión en vidas". ¿Y qué hay más valioso que la vida?

Marcos Polo.

Marcos Polo. / Pablo Parra

Recuerda además que muchas personas no buscan ayuda precisamente por miedo al estigma. Gente que "sufre durante años sin pedir ayuda porque tiene miedo a ser juzgada". Por eso insiste en la importancia de normalizar estas enfermedades. "Los tratamientos funcionan, la terapia funciona y los profesionales ayudan".

Y añade una reflexión bien sencilla: "lo mismo que acudimos al médico cuando nos duele el pecho, deberíamos acudir a un profesional cuando nos duele la mente".

Los pequeños detalles

Actualmente Marcos acude a un centro de rehabilitación psicosocial donde continúa su proceso de recuperación. Ha dejado temporalmente los estudios, un grado superior de deporte, y se centra en avanzar paso a paso. Sin pausa pero sin prisa. "Ahora mismo mi objetivo es llevar una vida tranquila".

Lejos de grandes metas, habla de pequeñas cosas: pasear, pasar tiempo con sus hermanos, ducharse con agua caliente, volver poco a poco al gimnasio, disfrutar de un café, contemplar un atardecer... Cosas que hasta hace poco le parecían "insignificantes" pero ahora dice que "valoro muchísimo".

Sus hermanos, Marta y Eugenio, ocupan un papel esencial en esta nueva etapa. "Son apoyo, ayuda y familia. Lo son todo". Porque si algo ha aprendido después de estos años es precisamente la importancia de las personas que permanecen al lado cuando todo se derrumba.

"Nunca con la muerte"

Al final de la conversación, Marcos vuelve una y otra vez a la misma idea: no quiere ser visto como una víctima, pero tampoco como un héroe. Solo como alguien que ha atravesado un sufrimiento enorme y que quiere que otras personas encuentren una salida antes de llegar al límite. "Quiero que mi historia sirva aunque sea para una sola persona". Solo con eso, asegura, ya estaría satisfecho.

Piensa especialmente en quienes ahora mismo atraviesan una depresión, una crisis de ansiedad o pensamientos suicidas, al igual que en sus familias. Por eso quiere dejar un mensaje final directo: "quien esté ahogándose de sufrimiento tiene que pedir ayuda. Puede ser el 024, un familiar, un amigo o un profesional. Lo importante es hablarlo".

Hace apenas unas semanas, reconoce, no estaba seguro de poder pronunciar estas palabras. Hoy sí. Y las dice con una convicción que nace de haber conocido la oscuridad muy de cerca: "estoy vivo y quiero vivir".

La carta la finaliza en memoria de "todas y cada una de las personas que se han quitado la vida en nuestro país. Que nunca olvidemos sus historias y que su recuerdo nos ayude a construir una sociedad más humana, más comprensiva y más comprometida con la salud mental". A esa reivindicación se suma este artículo.

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