Barrio a barrio
La plaza de la avenida de España de Cáceres que todos llaman El Requeté
El comercio cacereño, que comenzó como una modesta tienda de telas en una habitación alquilada, llegó a ser una institución en la ciudad

El Periódico Extremadura

Pocas empresas han dejado una huella tan profunda en la memoria colectiva de Cáceres como El Requeté. Durante décadas fue mucho más que una tienda. Era un fenómeno social. Un lugar donde las novias buscaban su ajuar, las madres elegían telas para confeccionar la ropa de la familia y donde las colas llegaban a ocupar buena parte de la avenida de España cuando se anunciaban rebajas o liquidaciones.
Pero detrás de aquel coloso comercial hubo una historia de superación que comenzó lejos de los escaparates y de los mostradores abarrotados de clientes. La protagonizó Getulio Hernández Moreno, un emprendedor nacido en Garganta la Olla que llegó a Cáceres siendo muy joven con la intención de abrirse camino en el mundo del comercio textil. Sus primeros pasos los dio trabajando en establecimientos de tejidos de la ciudad hasta convertirse en un empleado apreciado por su capacidad para vender y tratar con la clientela. Aquellas aptitudes llamaron la atención de una importante firma comercial que lo destinó a Navalmoral de la Mata para hacerse cargo de una de sus tiendas.
Fue allí donde conoció a Ángela del Monte Sánchez, la mujer con la que compartiría vida y negocio. La pareja logró poner en marcha su propio comercio, pero los acontecimientos políticos de los años previos a la Guerra Civil alteraron por completo sus planes. Getulio fue encarcelado y llegó a enfrentarse a una situación extremadamente delicada. Tras recuperar la libertad tuvo que abandonar Navalmoral y comenzar prácticamente desde cero. Intentó reconstruir su vida fuera de Extremadura. Exploró oportunidades en distintos puntos de España, incluso en Galicia, pero ninguno de aquellos proyectos terminó cuajando. Finalmente, en 1939 decidió regresar a Cáceres junto a su esposa.
No tenían grandes recursos. Comenzaron vendiendo telas desde una modesta habitación alquilada en un edificio de la avenida de España conocido popularmente como El Requeté, nombre heredado de su uso durante la Guerra Civil. Aquel pequeño cuarto ni siquiera disponía de acceso directo desde la calle. Sin embargo, Getulio tenía una idea muy clara sobre cómo debía funcionar un negocio: comprar bien para vender mejor. Adquiría tejidos a fabricantes catalanes, considerados entonces los más prestigiosos del país, y poco a poco empezó a ganarse una clientela fiel.
Los resultados no tardaron en llegar. Primero compró el local donde trabajaba. Después otro más. Más tarde una planta completa. Y finalmente terminó haciéndose con todo el edificio. Aquella expansión fue el reflejo del crecimiento imparable del negocio. Mientras la familia prosperaba, el edificio se convertía en un pequeño universo comercial y residencial. Desde sus ventanas se contemplaban los jardines de Cánovas, mientras en los pisos convivían profesionales, funcionarios y comerciantes que formaban parte de la vida cotidiana de la ciudad.
Getulio y Ángela criaron allí a sus hijos y vieron cómo la empresa familiar comenzaba a consolidarse. La incorporación de Francisco Aniceto Nacarino, maestro de profesión y esposo de su hija Paula, supuso un nuevo impulso para la firma. A partir de entonces El Requeté comenzó a transformarse en una auténtica referencia comercial. Durante los años sesenta y setenta la empresa vivió una auténtica edad de oro.
Lo que empezó siendo una tienda de tejidos fue ampliando su oferta hasta incorporar mercería, paquetería, confección, ropa interior, perfumería y droguería. El establecimiento se convirtió en una parada obligatoria para miles de extremeños. Llegaron a trabajar cerca de 40 empleados, una cifra extraordinaria para la época. Con el tiempo, la plantilla siguió creciendo. Los viajes organizados para los trabajadores, las excursiones financiadas por proveedores y el ambiente familiar contribuyeron a convertir la empresa en uno de los destinos laborales más deseados de la ciudad.
Garantía de estabilidad
"Trabajar en El Requeté" era casi una garantía de estabilidad. La imagen permanece grabada en la memoria de muchos cacereños. Cada vez que se celebraba un inventario anual y se anunciaban ofertas especiales, las colas comenzaban a formarse desde primera hora. Había jornadas en las que la afluencia era tan masiva que era necesaria la presencia policial para ordenar los accesos. Frente a los mostradores podían llegar a acumularse varias filas simultáneas de clientes. Las jóvenes acudían a comprar telas para preparar el ajuar, las familias renovaban ropa y los vecinos aprovechaban los precios para abastecerse de productos de todo tipo. El Requeté había dejado de ser una tienda para convertirse en una institución.
Todo cambió durante la madrugada del 7 de junio de 1988. Poco después de las cuatro de la mañana se detectó humo en una de las zonas traseras del edificio. Las llamas avanzaron con rapidez. Los bomberos consiguieron evacuar a la familia, pero el incendio arrasó buena parte de las instalaciones. Para muchos cacereños fue uno de esos acontecimientos imposibles de olvidar. El comercio más emblemático de la ciudad desaparecía envuelto en humo.
Sin embargo, la historia no terminó allí. La familia reaccionó con rapidez. Mientras se reorganizaba la actividad comercial, El Requeté encontró acomodo provisional en el edificio que hoy alberga la Sala El Brocense. Paralelamente se reforzó la actividad logística desde Capellanías y se pusieron en marcha nuevos puntos de venta. La recuperación culminó en 1996 con la reapertura del establecimiento en su ubicación histórica. La empresa llegó entonces a emplear a cerca de 100 trabajadores, convirtiéndose en una de las mayores firmas comerciales de Cáceres.
La llegada de las grandes superficies, los cambios en los hábitos de consumo y la crisis económica terminaron modificando el panorama comercial de la ciudad. El modelo que había triunfado durante décadas comenzó a perder fuerza. Pero la verdadera herencia de Getulio Hernández va mucho más allá de los negocios. Es la historia de un hombre que salió de prisión, regresó a Cáceres con apenas recursos y levantó, a base de trabajo, intuición comercial y esfuerzo familiar, el que probablemente fue el comercio más popular y querido de la ciudad durante buena parte del siglo XX.
Una historia que explica también cómo compraba, vestía y soñaba el Cáceres de otra época. Hoy, en esa plaza donde se levantó El Requeté está Fasmong Moda, especializada en calzados, bolsos y complementos. Es una plaza recoleta donde se alza una enorme palmera y un jardín que refresca las calurosas mañanas de verano. Convive con Perfumerías Avenida y, en el número 1, el Registro de la Propiedad número 1 y el Registro de la Propiedad y Mercantil número 2. Ya en el número 3, en los bajos, una sucursal del BBVA, la abogada Montaña Sanabria y Studio L, de Laura Martín-Godoy, dedicada al interiorismo, la arquitectura interior y la decoración.
La vida pasa por esta plaza, donde desgraciadamente cerró el quiosco de prensa y que no olvida, en su caminar, la historia imborrable de El Requeté.
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