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Blog del cronista

El pueblo de Cáceres donde cada calle cuenta una película y cada piedra mira a Roma

El municipio, en el norte de la provincia, conserva miliarios de la Vía de la Plata, fachadas convertidas en fotogramas de cine clásico, tradiciones junto al Jerte y una gastronomía con identidad propia

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Francesc Gómez Núñez

Francesc Gómez Núñez

Cáceres

Hay pueblos que no necesitan grandes monumentos ni rutas masificadas para quedarse en la memoria. Carcaboso, en el norte de la provincia de Cáceres, es uno de ellos. Situado en la Mancomunidad del Alagón, entre Plasencia y Montehermoso y junto al río Jerte, este municipio conserva una mezcla poco habitual de historia romana, tradición popular, paisaje, gastronomía y hasta cine clásico repartido por sus calles.

Su propio nombre remite al terreno sobre el que se asienta. Procede de las cárcavas, esas hendiduras naturales que el agua abre en la tierra arcillosa durante las tormentas. Pero más allá de su geología, Carcaboso guarda una identidad muy marcada, ligada a la Vía de la Plata, al paso de peregrinos, a las fiestas de raíz popular y a una forma de mirar el pueblo desde la cultura y la participación vecinal.

La huella romana de la Vía de la Plata

Carcaboso es uno de los enclaves vinculados a la histórica Vía de la Plata, la calzada romana que articuló durante siglos el oeste peninsular. Esa presencia se aprecia todavía hoy en algunos de sus elementos más singulares.

La principal referencia patrimonial se encuentra en la iglesia parroquial de Santiago Apóstol. El templo, de origen medieval y construcción sencilla, conserva en su atrio exterior dos columnas de granito que llaman la atención nada más llegar. En realidad, son miliarios romanos de época de los emperadores Trajano y Adriano, reutilizados posteriormente como soporte del porche de la iglesia.

Estos bloques cilíndricos servían para marcar las distancias en las antiguas calzadas del Imperio romano. En Carcaboso, sin embargo, han terminado formando parte del paisaje cotidiano del pueblo, como una prueba visible de cómo distintas épocas pueden convivir en un mismo espacio.

Junto a la iglesia se encuentra también el Parque de los Miliarios, un pequeño museo arqueológico al aire libre donde se conservan otras piezas recuperadas en el término municipal. A ello se suma el Centro de Interpretación de la Calzada Romana y Ruta Jacobea “Los Miliarios”, un espacio pensado para comprender mejor el trazado de la calzada y su relación con el Camino de Santiago. Entre sus atractivos destacan las maquetas artesanales realizadas por vecinos de la localidad.

Un museo de cine al aire libre

Carcaboso no vive solo de su pasado romano. Uno de los proyectos más llamativos del municipio es Asómate, también conocido como Fotogramas, una iniciativa que ha convertido sus calles en una especie de museo cinematográfico al aire libre.

El origen está en el trabajo del Colectivo Limpia tu Río, formado por vecinos voluntarios que decidieron recuperar la ribera del Jerte, una zona que había llegado a funcionar como escombrera incontrolada. Para financiar esa limpieza, José Antonio Garrido y Marcos Moreno idearon una propuesta de arte urbano muy reconocible: siluetas metálicas inspiradas en fotogramas de películas clásicas en blanco y negro.

Las piezas, decoradas con los colores de la bandera de San Jovita, patrón del pueblo, se han instalado en fachadas y rincones de Carcaboso. El resultado es una ruta visual que mezcla cine, memoria popular y compromiso ambiental. El visitante puede recorrer el municipio siguiendo el mapa de localización de los fotogramas y colaborar además con recuerdos solidarios disponibles en comercios locales.

Tradiciones junto al río Jerte

El calendario festivo de Carcaboso conserva celebraciones con una fuerte carga simbólica. Una de las más singulares es La Malla, un rito popular de primavera en el que las jóvenes decoran con flores silvestres un cántaro de barro y lo lanzan al río Jerte. Después, los mozos tratan de romperlo a pedradas antes de que la corriente se lo lleve.

La fiesta, vinculada tradicionalmente a la fertilidad y al cortejo, forma parte de esas costumbres rurales que siguen explicando la relación del pueblo con el agua, la tierra y la comunidad.

La gran cita anual llega en septiembre, durante las fiestas patronales en honor a los Santos Faustino y Jovita, que se celebran los días 20, 21 y 22. Uno de los momentos más esperados es la procesión, en la que tiene lugar la tradicional echada de la bandera. Los devotos hacen girar la enseña del patrón ante los santos para pedir salud para sus familias, al ritmo del tamboril y la flauta. Las celebraciones se completan con verbenas y festejos populares.

Cocina extremeña y dulces propios

La gastronomía es otro de los reclamos de Carcaboso. La cocina local bebe de la tradición extremeña, del entorno de la dehesa y de los productos del regadío, con el aceite de oliva de la comarca como uno de sus ingredientes habituales.

Entre los platos más reconocibles figuran las patatas revolconas con torreznos, el zorongollo extremeño o las tencas fritas, elaboraciones sencillas pero muy ligadas al territorio y a la cocina de temporada.

El capítulo dulce tiene nombre propio: el tururillo, una elaboración frita tradicional de Carcaboso. Su receta más extendida combina huevo, azúcar, aceite de oliva suave, licor de anís dulce, levadura y harina de trigo. Con la masa se forman tiras finas, que después se fríen en aceite caliente y se terminan con azúcar glas.

Una parada clave para peregrinos

Carcaboso es también un punto estratégico para quienes recorren el Camino de Santiago por la Vía de la Plata. Su ubicación lo convierte en una parada importante antes de afrontar la exigente etapa hacia Aldeanueva del Camino, de casi 40 kilómetros y sin servicios intermedios.

El municipio cuenta con alojamientos orientados al descanso del peregrino, como el Albergue de Peregrinos Señora Elena, de gestión privada, o el Albergue Municipal Los Miliarios, instalado en la antigua escuela.

Entre miliarios romanos, fotogramas de cine, fiestas junto al Jerte y recetas transmitidas de generación en generación, Carcaboso ofrece una escapada distinta en el norte de Cáceres. Un pueblo pequeño, pero con muchas capas, donde la historia, la cultura popular y la vida rural siguen caminando juntas.

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