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Blog del cronista

El tesoro escondido a unos minutos de Cáceres que sorprende entre magia, castillos y dehesas

Fortalezas medievales, San Blas, la tradición de "La Vaca" y rutas entre encinas convierten a este municipio cacereño en una joya rural por descubrir

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Francesc Gómez Núñez

Francesc Gómez Núñez

Cáceres

Siguiendo con el recorrido por nuestros queridos pueblos extremeños, hoy os llevo a Torreorgaz. Situado en plena penillanura extremeña, dentro de la Mancomunidad de la Sierra de Montánchez y Tamuja, este encantador municipio de la provincia de Cáceres es un auténtico tesoro por descubrir. A tan solo unos minutos de la capital cacereña, Torreorgaz te invita a desconectar entre dehesas infinitas, fortalezas medievales y una gastronomía que te atrapará desde el primer bocado. ¡Acompáñame en este viaje!

Un patrimonio histórico que sorprende al viajero

Aunque hoy es un pueblo tranquilo y acogedor, la historia de Torreorgaz se remonta a la prehistoria. En 2007 se descubrieron hachas pulimentadas y antiguos suelos de chozos que demuestran la ocupación de estas tierras en la Edad del Bronce.

Sin embargo, el núcleo actual comenzó a tomar forma en la época islámica. Tras la Reconquista cristiana, pasó a depender del Concejo de Cáceres hasta que, en 1560, el noble don Gonzalo de Ulloa Carvajal adquirió el territorio, otorgándole formalmente el rango de villa de Torreorgaz.

Al pasear por sus calles, hay una parada obligatoria: la Iglesia Parroquial de San Pedro Apóstol. Este templo, construido entre los siglos XV y XVIII, destaca por su nave única de 15 por 25 metros, diseñada por Miguel de Villarroel. Su cabecera conserva una preciosa bóveda de crucería de estilo gótico tardío, y en su interior custodia un sagrario de piedra del siglo XV con puertas de plata y altares decorados con bellas imágenes barrocas. El patrimonio religioso local se completa con las coquetas ermitas del Calvario y del Humilladero, dos bellos ejemplos del barroco popular extremeño del siglo XVIII.

Castillos legendarios y una importante aclaración viajera

Para los apasionados de la fotografía y el senderismo de aventura, los campos de Torreorgaz esconden dos fortalezas que parecen sacadas de una novela medieval: el Castillo del Cachorro: esta antigua casa fuerte bajomedieval (siglos XIII-XV) corona un pequeño cerro al suroeste del casco urbano. Su torre del homenaje conserva el escudo de armas de la familia Ulloa. Su nombre rinde homenaje a Gonzalo de Ulloa, apodado "El Cachorro". Aunque hoy se encuentra en estado de semirruina y está en la Lista Roja de patrimonio en peligro por su uso ganadero, su silueta recortada en la dehesa posee un halo de misterio único. El Castillo de Torrecilla de Lagartera: en el extremo norte del embalse del Salor, este bastión del siglo XIV destaca por su robusta torre del homenaje que aún conserva su almenaje completo. Aunque fue dañado en la Guerra de la Independencia y hoy se encuentra en una finca privada de difícil acceso, contemplarlo recortado contra el paisaje es un auténtico espectáculo visual.

Un tip para evitar confusiones en tu viaje: si buscas el famoso Palacio de los Marqueses de Torreorgaz (que hoy funciona como un espectacular Parador de Turismo), debes saber que se sitúa en el centro histórico de la ciudad de Cáceres, no en el municipio. ¡Ambos lugares son paradas recomendadas en tu ruta por tierras cacereñas!, pero no te confundas de lugar.

Tradiciones únicas: San Blas, "Los Tableros" y la traviesa "Vaca"

El calendario festivo de Torreorgaz es uno de los más ricos y singulares de Extremadura, donde la devoción y la diversión se fusionan de forma mágica.

La fiesta por excelencia es la de San Blas (2 y 3 de febrero). En la tarde del día 3 se celebra el tradicional "ofertorio". Las mujeres locales, conocidas como "tableras", recorren el pueblo llevando sobre sus cabezas con asombroso equilibrio grandes tableros decorados con flores y cargados con las tradicionales roscas de San Blas (panes dulces elaborados para la ocasión). Al llegar a la plaza, estos bollos se subastan en una alegre puja pública. Al día siguiente, en San Blasino, los jóvenes se tiznan con corchos quemados para dar inicio informal al Carnaval.

Otra de las joyas etnográficas es la representación de "La Vaca" en el martes de Carnaval. Tras el entierro de la sardina, irrumpe en la plaza un armazón de madera provisto de cuernos reales y rabo de esparto impulsado por un vecino. La "vaca" asusta de broma a los asistentes y les pide monedas; a quien se niegue a colaborar, ¡le da un simpático toque con un hisopo (bastoncito) empapado en agua! Una fiesta entrañable mantenida por el pueblo durante más de 35 años.

Sabores de la dehesa extremeña

Hacer turismo en Cáceres sin deleitar el paladar es imposible. En Torreorgaz, la cocina típica gira en torno a los productos de la matanza tradicional del cerdo ibérico y el recetario pastoril.

No puedes marcharte sin probar la exquisita morcilla patatera (elaborada con patata cocida, cerdo y Pimentón de la Vera) o el contundente buche de cerdo, embutido curado al humo de leña de encina que se consume cocido con coles en invierno. Para los platos principales, las clásicas migas con torreznos y la sabrosa caldereta de cordero son aciertos seguros. ¿Y de postre? Las tradicionales perrunillas, las crujientes flores de sartén con miel y las roscas de San Blas pondrán el broche de oro a tu menú.

Senderismo y cicloturismo junto al río Salor

Si te apasiona la naturaleza, el entorno del río Salor te encantará. Entre campos de encinas y formaciones de bolos graníticos, puedes realizar la hermosa Ruta de los Molinos de la Marquesa. Este sendero pedestre te llevará hasta las ruinas arqueológicas de unos molinos harineros de 1832. La gran aventura de la ruta es cruzar el cauce a pie sobre unas espectaculares lanchas de granito natural.

Para los amantes de las dos ruedas, la Ruta BTT 1 "Llanos de Cáceres, Eurovelo y Vía de la Plata" conecta la capital de la provincia con Torreorgaz a lo largo de un cómodo trayecto de unos 29 kilómetros, y si eres amante del birdwatching, es perfecto para avistar aves como el milano real sobrevolando las dehesas.

Torreorgaz es el ejemplo perfecto de que Extremadura se vive mejor en modo slow travel. ¡Así que prepara tu escapada y déjate conquistar por su magia rural!

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