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La XXXII Peregrinación Diocesana a Lourdes en palabras de María José Castro: "Si el año que viene la Virgen me lo permite, iré a verla"

Jóvenes, enfermos, voluntarios y peregrinos han compartido una intensa experiencia de fe, servicio y fraternidad en la XXXII Peregrinación Diocesana a Lourdes, acompañados por el obispo de la diócesis

Paricipantes durante el camino a Lourdes.

Paricipantes durante el camino a Lourdes. / DIÓCESIS CORIA CÁCERES

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Marta López Castaño

Cáceres

La XXXII Peregrinación Diocesana a Lourdes, organizada por la Hospitalidad de Nuestra Señora de Lourdes de la Diócesis de Coria-Cáceres, ha tenido lugar del 30 de junio al 5 de julio y ha concluido dejando una profunda huella en todos los participantes. Jóvenes, voluntarios, enfermos y peregrinos han compartido su fe y fraternidad acompañados por el obispo de la diócesis, Mons. Jesús Pulido Arriero.

Durante estos días se han sucedido momentos muy significativos para todos, tales como la Procesión de las Antorchas, la celebración de la Eucaristía en la Gruta de Massabielle, el gesto del agua o los numerosos encuentros de convivencia que han fortalecido los lazos entre los participantes. Sin embargo, el mejor reflejo de lo vivido siempre viene de parte de aquellos que han participado por primera vez en esta experiencia.

Eucaristía

Eucaristía en la Gruta de Massabielle. / DIÓCESIS CORIA CÁCERES

Este es el caso de María José Castro, voluntaria de la Hospitalidad, cuyo testimonio resume el impacto mental y espiritual de estos días.

La peregrinación de María José Castro

María José relata que, a falta de cuatro días para que terminase el plazo de inscripción en la peregrinación, un ángel le dijo: "Deberías venirte a Lourdes con la Hospitalidad, con lo que disfrutas hacienddo voluntariado, te encantaría".

Y así fue, como ella misma ha asegurado, ha superado sus expectativas. Ella fue acompañada de su madre, amigos y de los residentes de la Casa de la Misericordia y, en sus propias palabras, se sintió "una privilegiada" por poder servir, acompañar y rezar a los que más lo necesitaban durante esos días.

Su llegada al santuario también suspuso uno de los momentos más especiales del viaje. "Nada más llegar a nuestro destino, la sensación fue diferente. Cuando pusimos un pie en la explanada y empezamos a mirar a nuestro alrededor e íbamos a acercándonos a saludar a Nuestra Madre, fue un estallido de emociones. No podía dejar de dar las gracias por ese momento, me sentía la persona más feliz del mundo", comenta emocionada.

María José Castro

María José Castro. / DIÓCESIS CORIA CÁCERES

El servicio a los más frágiles se convirtió para ella en una auténtica escuela de vida y la dedicación de la Hospitalidad a los enfermos la inspiró durante todo el camino.

Afirma que se siente más que agradecida por todos los que hacen posible esta peregrinación, ya que la ha ayudado a acercarse más al servicio y le ha permitido conocer a diferentes personas con situaciones vitales diversas, que le han enseñado a afrontar la vida de otra manera. Recordando las palabras de Santa Teresa de Calcuta añade: "quien no vive para servir, no sirve para vivir".

"Una vez de vuelta al día a día, tengo claro algo y es que, si el año que viene la Virgen me lo permite, iré a verla", reflexiona María José de regreso a casa, aún pensando en cómo esta experiencia ha transformado su forma de vivir la fe y el voluntariado.

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