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Aristócratas de la calle

Mariano, el cacereño que ha encontrado refugio entre sobres y cromos de fútbol

Lo que comenzó como un entretenimiento compartido con sus nietos se ha convertido en una rutina que le ayuda a mantenerse activo, sobrellevar su enfermedad y tejer una red de contactos y amistades

Mariano León, vecino de Moctezuma.

Mariano León, vecino de Moctezuma. / Gonzalo Lillo

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Gonzalo Lillo

Gonzalo Lillo

Cáceres

Desde su casa en el barrio de Los Fratres, Mariano León repasa una lista de nombres, equipos y números pendientes. A un lado reúne los cromos repetidos; ante él, el álbum conserva todavía varios huecos en blanco. Algunas de los que busca llegarán dentro de unos días en un sobre enviado desde otra ciudad. Otros quizá aparezcan en el próximo intercambio con alguno de los coleccionistas que ha conocido.

La escena se repite varias veces al año. A sus 75 años, este cacereño completa entre cinco y seis colecciones de cromos de fútbol por temporada y dedica buena parte de su tiempo a revisar sus adquisiciones, ordenar jugadores y preparar intercambios con aficionados de distintos puntos del país. Lo que comenzó como un entretenimiento compartido con sus nietos se ha convertido en una rutina que le ayuda a tener la mente ocupada y a convivir con el cáncer de próstata que le diagnosticaron a finales de 2016. "Esto me mantiene entretenido y me viene muy bien para sobrellevar la enfermedad", afirma.

Cuando sus nietos dejaron de lado esta afición, Mariano decidió seguir por su cuenta. Para entonces ya había descubierto que no solo le gustaba completar los álbumes, sino también buscar los cromos que faltaban, esperar con entusiasmo cada envío y ver cómo las páginas se iban llenando poco a poco. "Empecé por compartir la ilusión con mis nietos, pero luego ellos lo dejaron y yo decidí seguir porque me gustaba", explica.

Su pasión por el fútbol, en cualquier caso, viene de mucho antes. "De joven jugué en varios equipos y durante años fue socio del Cacereño", club del que sigue siendo un fiel seguidor. Tras el diagnóstico, las colecciones adquirieron un valor que hasta entonces no tenían. Cada una le ofrecía una meta concreta y una sensación de avance en una etapa marcada por la incertidumbre, con pequeños objetivos que podía ir cumpliendo página a página.

Red de intercambios

Buena parte de esa rutina pasa hoy por el comercio online. Desde su ordenador, Mariano utiliza una plataforma especializada en la que los aficionados registran los ejemplares que tienen repetidos y los que todavía buscan. "En esta web estamos más de 8.000 personas de toda España", señala. El funcionamiento es sencillo: cuando dos usuarios encuentran una coincidencia, acuerdan el intercambio y preparan un envío por correo.

La espera también forma parte del proceso. Comprueba semanalmente el buzón, revisa los envíos pendientes y actualiza sus anotaciones cuando recibe alguna de las piezas que necesitaba. En ocasiones, el intercambio permite cubrir varios huecos de una vez. Otras veces, todo el movimiento se organiza para conseguir un único número difícil de localizar.

Internet amplía las posibilidades, pero una parte importante de esta afición sigue teniendo lugar cara a cara. En Cáceres, Mariano forma parte de un pequeño grupo de coleccionistas con los que ha ido estrechando lazos con el paso del tiempo. "Antes no nos conocíamos, pero poco a poco hemos creado un vínculo muy cercano", explica.

El tirón del Mundial

El fenómeno de los cromos atraviesa una nueva etapa de popularidad. Aunque durante años se identificó principalmente con los más pequeños, cada vez son más los adultos que vuelven a llenar álbumes, en muchos casos movidos por la nostalgia y por el recuerdo de aquellas colecciones de su infancia.

La colección del Mundial de 2026 ha supuesto, además, un nuevo impulso para este mundillo. El interés que ha despertado ha llevado a numerosos aficionados a recuperar los intercambios presenciales y durante los fines de semana suelen organizarse quedadas en el paseo de Cánovas, donde niños y adultos comparan sus repetidos y tratan de completar el álbum.

Afición compartida

Todos ellos mantienen el contacto a través de un grupo de Whatsapp. En ocasiones compran cajas de sobres entre varios, se reúnen para abrirlas y reparten los cromos. "Si a uno le sale repetido un cromo que le falta a otro, se lo da, y luego hacemos lo mismo con la siguiente caja", explica. "Al final todos salimos ganando, aunque unas veces uno aporte más y otras sea quien más recibe".

Ese componente social tiene para él casi tanto valor como completar una colección. Las reuniones semanales y los cafés compartidos han convertido a antiguos desconocidos en personas habituales de su entorno, pero también han reforzado una forma de entender esta afición basada en ayudarse unos a otros. Mariano conserva los repetidos para familiares, conocidos y otros aficionados que todavía tienen páginas incompletas. "Cuando termino lo mío, me pongo a ayudar a los demás", afirma. Primero revisa lo que guarda en casa y, si no encuentra lo que necesita, recurre a su lista de contactos.

Legado familiar

La voluntad de compartir convive con el cuidado que dedica a todo lo que ya ha conseguido reunir. Cada álbum terminado pasa a formar parte de una colección que crece año tras año y que, con el tiempo, se ha convertido casi en un pequeño tesoro. Los conserva ordenados y protegidos en grandes cajas, aunque reconoce que cada vez resulta más difícil encontrar sitio para todos.

Su deseo es que algún día todo lo que ha reunido pase a manos de sus dos nietos, de 16 y 19 años, con quienes comenzó esta afición. "Sería bonito que alguno de ellos continuara con todo esto", admite. Para Mariano, ese conjunto tiene un valor que va mucho más allá del fútbol: conserva los primeros momentos junto a ellos, la paciencia de cada búsqueda y todas las personas que ha conocido por el camino. Pero, sobre todo, representa la rutina que le permite seguir activo, tener la mente ocupada y afrontar mejor la enfermedad.

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