Barrio a barrio
El burguer Joyger, Cánovas y La Madrila en el Cáceres de la modernidad
El primer 'burguer' de Cáceres, Joyger, abrió sus puertas en 1976 tras una inversión de 215.000 pesetas, ofreciendo hamburguesas y perritos

M. A. M.

Cánovas y La Madrila iniciaban en los años 70 el camino hacía el ocio y la modernidad. Buena parte de responsabilidad tuvo en ello José Pérez Mallo, fundador de Acuario, del Club Ara y la Discoteca 2003. En Acuario y Ara, José Luis Franco Franquete, conocio humorista cacereño, fue relaciones públicas. Era 1973 cuando Pérez Mallo abría Acuario en Avenida de España, que luego fue Manómetro, después Cánovas 6 y ahora es Triángulo.
En essa zona estaba también Metro, que abrió Ángel Gómez Martín, en lo que es la cafetería del Quiosco de la Música de Cánovas, que era una cafetería con una barra circular, que abría sobre las cinco y media y las seis de la mañana y donde también trabajaba Andrés Muriel, que preparaba como nadie la lecherada, la granizada y la mantequilla. Pero Angel Gómez Martín no solo regentaba Metro, también era dueño de Metropol, restaurante que abrió enfrente de Metro, donde estaba Mendieta y ahora está Urvicasa. Metropol lo decoró Antonio Girardi, que entonces era el decorador de moda de la ciudad, venido de Valencia y casado con Paquita, del bar Yuca. Antonio puso muy bonito y elegante el Metropol, que hasta servía bodas. Allí se metían los médicos a jugar al dominó cuando terminaban sus consultas y era un hervidero de clientes.
En aquellos años trabajó allí Santi, que luego abrió el Bar Salamanca, y que aprendió a hacer cócteles, hasta que llegó el boom de la Coca Cola y se jodieron los cócteles. Pero no importaba porque en Metropol había de todo: pinchos de todas clases, calamares, callos, gambas al ajillo... que para eso el señor Luis, que era salmantino, estaba en la cocina, donde también estuvo Angela, la mujer del jefe.
El Joyger
También en esos años despegaban Bol's y de Faunos en La Madrila; por cierto, la empresa Servicios Extremeños se encargaban de la limpieza. En aquel tiempo junto a Faunos había un estanco que acabó convertido en Joyer de la mano de los empresarios Joaquín Oiz y Germán 'El Socio' (Joyger se llamaba así por Jo de Joaquín y Ger de Germán). Fue el primer burguer que tuvo la ciudad (abrió antes que Golden, que lo hizo en 1980) y que hizo furor en La Madrila de Cáceres. Fue en Alemania donde Joaquín se comió por primera vez una hamburguesa, de manera que al darse cuenta de que en Cáceres casi ni Dios sabía qué era una hamburguesa, emprendió la aventura. En esa época funcionaba en España una cadena de hamburguesas llamada Los Bravos, cuyos locales estaban decorados en rojo y blanco. Siguiendo la estela de Los Bravos, Joaquín y Germán llamaron a Agustín Huebra, carpintero que había venido de Madrid y que traía algunas ideas innovadoras. Agustín fue el encargado de decorar, eso sí, en naranja y blanco, aquel antiguo estanco.
La máquina de hacer los perritos fue otro cantar, a Madrid fueron a comprarla porque en Extremadura no había quien la encontrara. ¿Y qué pasó con el pan, porque entonces en Cáceres ni se hacía pan de hamburguesas, ni tampoco de perritos?. De la mano de Unión Panadera llegó la solución. Hasta allí acudieron y tras muchas pruebas salió adelante el molde. ¿Pero faltaban el tomate y la mostaza? Con lo primero no había problemas, pero sí con lo segundo. Así que los dos socios se fueron a ver a Aquilino, el del Figón, y a los monjes de Guadalupe; y entre uno y otros salió la receta de la mostaza a granel. Finalmente y ya con los utensilios y condimentos a punto y tras una inversión de 215.000 pesetas, el 14 de febrero de 1976, Día de los Enamorados, abrió Joyger.
El éxito fue mayúsculo. Tanto que el primer día los 200 bollos que encargaron volaron en horas y los días siguientes tuvo que ampliarse esa cantidad a nada menos que 1.200 bollos por jornada. El negocio iba viento en popa. Advirtieron Joaquín y Germán que junto a su Joyger había otro local donde Enrique Visol tenía abierta una peluquería, que acabaron alquilando para ampliar su establecimiento a taberna inglesa.
Para decorarla tomaron como modelo Los Seis Peniques de Madrid o King de Salamanca, célebres tabernas inglesas. Avisaron al carpintero Agustín y lograron abrir este local exclusivo donde existían 24 taquillas en las que los clientes podían guardar sus botellas. Llegabas a la taberna, te pedías una botellita de whisky o de ginebra, que compartías con tus amigos. El camarero --Manolo Jiménez o Jacinto Maestre, entre ellos-- te daba una llave y si la botella no se terminaba la guardabas en la taquilla para la próxima cita. En la taberna se cuidó todo: el vestir de los empleados, la vajilla, la cristalería... Allí podías probar exquisitos irlandeses o descubrir el Tanqueray, el Cardhu, el Beefeater... Un abanico de nostalgia del que todavía muchos cacereños echan mano para recordar lo modernos que un día fuimos.
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