Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Grosso Modo

Juan Ramón Corvillo, abogado de Cáceres: "La provincia heredada"

La ley de nietos permite a ciudadanos con vínculos familiares obtener la nacionalidad, pero su voto se adscribe a una provincia que no siempre conocen

Ilustración de Cáferes by Corvi.

Ilustración de Cáferes by Corvi. / Cáferes by Corvi.

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Juan Ramón Corvillo

Juan Ramón Corvillo

Cáceres

Hay votos que llegan andando al colegio electoral, después de aparcar en doble fila, saludar al interventor y comentar lo rápido que va la mesa. Otros cruzan el océano, atraviesan consulados, registros civiles, apellidos y fotografías hasta caer en una provincia que su elector quizá conozca por la memoria de un bisabuelo o por una palabra repetida en casa: Lugo, Zamora, Cáceres.

La llamada ley de nietos pretende reparar historias familiares quebradas por el exilio y la emigración. Quien obtiene la nacionalidad española es español con todas sus consecuencias. La Constitución le reconoce el derecho a participar en los asuntos públicos y a votar.

Pero la cuestión no es si puede votar. La cuestión es dónde cae ese voto.

La Ley Electoral incluye en el censo a los españoles residentes en el extranjero. Y la Constitución establece que, para el Congreso, la circunscripción es la provincia. Resultado: la ciudadanía es nacional, pero el escaño tiene código postal.

El censo

El censo exterior supera los 2,7 millones de electores. Aunque la participación sigue siendo baja, el sistema provincial permite que unos cientos de votos decidan el último diputado.

En Cáceres conocemos bien el fenómeno. En las últimas elecciones autonómicas, 30.610 extremeños residentes en el extranjero estaban llamados a votar, 12.779 adscritos a nuestra provincia. El último diputado cacereño llegó al escrutinio exterior separado por apenas 244 votos. La provincia heredada dejó de ser una metáfora. Estuvo a punto de convertirse en un escaño.

¿Debe pesar igual la provincia heredada que la provincia vivida?

Quien reside en Buenos Aires, París o La Habana puede sentir una vinculación sincera con la tierra de sus mayores. Pero puede no haberla pisado jamás ni conocer su realidad cotidiana. No espera aquí una cita médica, no sortea los baches de nuestras maltrechas carreteras, no soporta nuestros trenes —fieles a la avería— ni ve cerrar nuestros pueblos. Tampoco soporta habitualmente los impuestos, tasas y recibos ligados a la vida cotidiana provincial.

La pregunta no niega derechos. Interroga al sistema. Francia, Italia o Portugal reservan circunscripciones o representantes específicos para sus ciudadanos en el extranjero. Allí la diáspora elige a quien defienda sus problemas; aquí puede decidir quién representa a una provincia con la que quizá solo mantiene un vínculo genealógico.

La memoria merece reparación. El sufragio merece respeto. Pero quienes habitamos estas provincias también merecemos que sus representantes nazcan de la vida que sostenemos cada día en ellas.

Tracking Pixel Contents