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Agenda cultural

Cómo el violín y la música irlandesa llevaron a Carola Veidhlín a convertirse en actriz desde Cáceres

La intérprete, originaria de San Martín de Trevejo, halló su vocación en la actuación tras una experiencia arrolladora en el escenario interpretando a un personaje

Carola Veidhlín, violinista y actriz.

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Esteban Valero Vizcano

Esteban Valero Vizcano

Cáceres

Carola Veidhlín, natural de San Martín de Trevejo (Cáceres), encontró su verdadera vocación mucho antes de imaginar que acabaría dedicándose a la interpretación. Aunque desde pequeña asistió a clases de teatro, nunca pensó que su futuro estaría sobre los escenarios como actriz. Fue la música, y en concreto la tradición irlandesa, la que marcó el rumbo de su adolescencia y despertó una pasión que terminaría guiando también su carrera artística.

Con apenas 13 años comenzó a escuchar música irlandesa y sintió una conexión difícil de explicar con la cultura, la historia y las melodías de Irlanda. Aquellas composiciones le emocionaban profundamente y despertaron en ella el deseo irrefrenable de aprender a tocar el violín. Tras insistir durante meses a sus padres para que le regalaran el instrumento, inició clases particulares en su localidad a los 14 años. Tres años después dio un paso más en su formación al trasladarse a Cáceres para estudiar en el Conservatorio, convencida de que su futuro profesional estaría ligado a la música.

El descubrimiento de su vocación

Sin embargo, ese camino terminó acercándola, casi sin proponérselo, al mundo de la interpretación. Mientras cursaba sus estudios musicales comenzó también el Bachillerato de Artes Escénicas, donde surgió una oportunidad que marcaría un punto de inflexión: fue seleccionada para participar en una obra representada en el Gran Teatro de Cáceres, una experiencia que acabaría abriéndole las puertas de la profesión como actriz. "Estar sobre un escenario interpretando a un personaje fue una experiencia arrolladora. Lo viví con una intensidad y una emoción que no esperaba, y resultó profundamente gratificante. Fue en ese momento cuando descubrí que quería dedicarme a estar sobre un escenario y contar historias a través de la interpretación", explica.

El arte como forma de vida

Con el paso del tiempo, comprendió que la interpretación había estado presente en su vida mucho antes de ser consciente de ello. Recuerda que, de niña, después de asistir a las clases de teatro en su pueblo, se encerraba en su habitación para inventar historias, escribirlas e interpretar a los personajes que ella misma creaba. Aquel hábito, que entonces vivía como un simple juego, terminó revelándose como una vocación latente. Convencida de que su futuro estaba ligado a la interpretación, decidió ingresar en la Escuela Superior de Arte Dramático (ESAD) de Cáceres para formarse profesionalmente como actriz. "Me costó mucho entender que no tenía que elegir entre la música y la interpretación, que podía compaginar ambas disciplinas. Con el tiempo comprendí que las dos se complementan y que también puedo construir personajes y contar historias a través del violín. A partir de ahí empecé a tocar en bodas, conciertos, actuaciones en la calle y espectáculos teatrales en los que la música forma parte de la puesta en escena. A día de hoy sigo compaginando las dos facetas, porque forman parte de quién soy como artista", destaca.

Con la vista puesta en el cine

En la actualidad, continúa inmersa en nuevos proyectos profesionales. El próximo otoño iniciará los ensayos de una nueva producción teatral dirigida por Rubén Fernández, aunque, por el momento, prefiere no desvelar más detalles. Paralelamente, compagina su actividad entre Cáceres y Madrid, donde participa en campañas publicitarias y continúa abriéndose camino en el sector audiovisual con el objetivo de consolidar también su carrera en el cine.

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