Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Latinos en Cáceres

El corazón de Heidy, una autónoma boliviana de 47 años, late distinto cuando vuelve a Cáceres: "Me da alegría, se ha convertido en mi hogar y tengo aquí mi trabajo"

Llegó de Bolivia con 24 años, dejó atrás a sus dos hijos y encadenó empleos hasta ponerse al frente de una tienda que se ha convertido en punto de encuentro para la comunidad latina

Heidy, junto a su sobrina en la tienda.

Heidy, junto a su sobrina en la tienda. / E. P.

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Ángel García Collado

Ángel García Collado

Cáceres

Apenas hay tiempo para mantener una conversación seguida con Heidy Callaú. Mientras habla de Bolivia, de sus primeros trabajos en España o de los hijos que dejó atrás al emigrar, la puerta de su tienda no para de abrirse. Un cliente pregunta por unas bebidas y otro viene a enviar dinero a su país.

Heidy tiene 47 años y nació en Trinidad, en el oriente de Bolivia, aunque vivió durante años en Santa Cruz. Llegó a España en 2002 y se instaló en Cáceres a comienzos de 2003. Tenía 24 años y había dejado en Bolivia a sus dos hijos, a los que pudo traer más adelante.

La situación económica y la inseguridad terminaron empujándola a marcharse. Tres años después intentó volver, pero aquella experiencia la convenció de que su futuro estaba en España. Para entonces ya había conocido la tranquilidad de Cáceres y las posibilidades de construir una vida estable.

Más de dos décadas después, regresar definitivamente a Bolivia no entra en sus planes. "Dicen que cuando una persona se hace mayor la tierra te llama, pero ahora mismo volver no está en mis planes".

Cuidar, limpiar y trabajar de noche

Heidy estudió hasta la enseñanza secundaria. Ya en España realizó algunos cursos, entre ellos uno de cocina, y comenzó a aceptar los empleos que encontraba. Su primer trabajo estable fue como interna al cuidado de una pareja de personas mayores con la que permaneció durante tres años.

Los recuerda con especial cariño porque la acogieron cuando era joven y estaba lejos de su familia. "Me trataron como una más y me enseñaron de la vida", cuenta.

Después llegaron muchos otros empleos. Pasó por la limpieza, fue ayudante de cocina, cuidó a niños y personas mayores y asumió turnos nocturnos. Algunas de las niñas a las que atendió son ya adultas, pero todavía la reconocen por la calle y se acercan a abrazarla.

Una tienda para sentirse cerca de casa

Convertirse en empresaria nunca había formado parte de sus planes. La oportunidad apareció casi por casualidad. El negocio abrió en 2006 como locutorio y su anterior propietaria le ofreció trabajar con ella. Con el tiempo, el establecimiento se transformó en una tienda de productos latinoamericanos.

Hace cuatro años, cuando la dueña dejó la actividad, Heidy asumió el negocio y comenzó su etapa como autónoma. "Nunca había pensado en tener un negocio. La oportunidad se me dio", reconoce. Desde el primer momento contó con la ayuda de su sobrina, con la que comparte las tareas. "Esto no es solo mío, que también es suyo, porque de aquí sale para las dos".

En las estanterías conviven frijoles, bebidas, salsas picantes, productos de distintos países y extensiones para trenzas. Intenta mantener una pequeña representación de cada lugar. Su clientela procede sobre todo de Centroamérica y Sudamérica. Hay hondureños, salvadoreños, brasileños, bolivianos, ecuatorianos y peruanos que entran buscando ingredientes para una receta familiar o un sabor de su infancia.

Además, Heidy realiza recargas de teléfonos, vende tarjetas y gestiona envíos de dinero a numerosos países. "El dinero se mueve más que los productos", admite. La tienda es también un punto de apoyo para quienes han dejado atrás su país: allí pueden comprar, enviar dinero a la familia o hacer una recarga.

El nombre de Cáceres

Bolivia continúa presente en su familia, en sus recuerdos y en los productos de las estanterías. Pero Cáceres ocupa ya un espacio igualmente importante. Aquí ha reunido a sus hijos, ha formado un hogar con su marido, también boliviano, y ha levantado su propio negocio.

Por eso, cuando vuelve de un viaje, no necesita entrar todavía en la ciudad para sentir que está llegando a casa. Le basta con ver el nombre de Cáceres en una señal. "Cuando veo que estoy llegando, me palpita el corazón diferente. Me da alegría. Digo: ya vuelvo a casa".

La puerta vuelve a abrirse y Heidy interrumpe la conversación para atender a otra persona. Detrás del mostrador está la historia de una mujer que salió de Bolivia buscando seguridad y terminó encontrando en Cáceres un lugar al que siempre quiere regresar.

Tracking Pixel Contents