Barrio a barrio
De la Frutería Guerra al taller de Guti: un paseo por la calle Julián Murillo de Cáceres, el célebre pediatra
Su labor en la Casa-Cuna del Hospital Provincial buscó reducir la mortalidad infantil mediante mejoras higiénicas y nutricionales

M. A. M

Julián Murillo Iglesias fue uno de los médicos más destacados de la vida sanitaria cacereña durante la primera mitad del siglo XX. Formado en Medicina y especializado en pediatría y cirugía, completó parte de su aprendizaje en Madrid, donde trabajó en la sala de enfermedades infecciosas bajo la influencia de Gregorio Marañón. Después regresó a Cáceres, ciudad en la que desarrolló prácticamente toda su carrera.
A lo largo de más de cuatro décadas ocupó numerosos puestos en la sanidad pública. Fue médico municipal, facultativo del Hospital Provincial, cirujano del Sanatorio Quirúrgico, miembro de la Brigada Sanitaria y médico de la Beneficencia Provincial. También asumió responsabilidades en el Instituto de Sanidad, el Instituto Nacional de Previsión y otras instituciones médicas de la época. Su trayectoria culminó con la dirección del Hospital Provincial Nuestra Señora de la Montaña.
Una de sus aportaciones más importantes estuvo vinculada a la infancia. Fue fundador y director de la Casa-Cuna del Hospital Provincial de Cáceres y promovió mejoras para reducir la elevada mortalidad de los niños acogidos. Denunció las deficiencias de las instalaciones, reclamó mejores condiciones higiénicas, personal especializado, controles médicos y una alimentación adecuada. También impulsó la denominada Gota de Leche, destinada a facilitar preparados lácteos a los menores que los necesitaban. De hecho, el ministro Martín Villa inauguró en 1981 el centro de menores que llevaba su nombre, auspiciado por la Diputación de Cáceres con Jaime Velázquez como presidente. Estuvo en la Ronda de San Francisco y se mantuvo en funcionamiento hasta 2007.
Los orígenes del hogar infantil se remontan a los antiguos centros de beneficencia de la capital cacereña y durante años funcionó como institución encargada de la atención a niños de 0 a 6 años que se encuentran en situación de desamparo y desprotección. Por él pasaron más de 600 niños. Antes de este centro existieron otros, también dependientes de la institución provincial desde 1835 como la Casa Cuna, La Milagrosa, La Inmaculada o el Colegio San Francisco.
Murillo tuvo además una presencia destacada en la organización profesional de los médicos cacereños. Fue secretario y presidente del Colegio Oficial de Médicos de Cáceres, desde donde defendió los intereses de la profesión y promovió actividades científicas y culturales. Durante la Guerra Civil ejerció como director cirujano del Hospital de Requetés, atendiendo a los heridos que llegaban del frente.
Su vida pública estuvo también ligada a sus convicciones religiosas. Desempeñó cargos en las cofradías de Jesús Nazareno y de la Virgen de la Montaña, de la que fue mayordomo, y colaboró en proyectos promovidos por la diócesis. Tras su muerte, Cáceres reconoció su legado dando su nombre a un colegio infantil y colocando en sus instalaciones un busto realizado por el escultor Enrique Pérez Comendador.
La figura de Julián Murillo quedó asociada a una medicina entendida como servicio público. Su dedicación a los niños, su participación en la modernización de la asistencia sanitaria y su prolongada vinculación con el Hospital Provincial hicieron de él una personalidad relevante en la historia contemporánea de Cáceres. No es de extrañar, pues, que Cáceres le dedicara una calle a los pies del barrio del Rodeo. Apenas unos minutos bastan para recorrer esta vía, pero en sus bajos conviven un centro artístico, talleres, peluquerías, comercios de alimentación y varios establecimientos cerrados o trasladados que retratan la transformación cotidiana de esta zona de Cáceres.
La calle Julián Murillo se encuentra encajada entre la avenida de Cervantes y el entorno de las calles Emilio Herrero y María Auxiliadora. Es una vía corta, formada principalmente por casas de poca altura y bajos comerciales, pero reúne actividades muy diferentes en apenas unos metros. Un paseo por la calle permite contemplar ese mosaico habitual de los barrios cacereños: negocios que mantienen su actividad, proyectos vinculados a la formación y la creación, establecimientos que han cambiado de ubicación y locales que conservan los rótulos de otra época.
Uno de los primeros espacios que aparece durante el recorrido es el Centro Tobogán, dedicado a la creación artística. En su fachada también se anuncia la posibilidad de reservar plaza para recibir apoyo en inglés, una muestra de cómo algunos negocios de proximidad combinan diferentes servicios para ampliar su actividad. Muy cerca se encuentra el taller de electromecánica Guti, que representa otro de los perfiles comerciales de esta calle: pequeños negocios especializados que prestan servicio tanto a los residentes del entorno como a clientes procedentes de otros puntos de Cáceres.
Peluquerías y cuidados personales
Los negocios relacionados con la imagen y el cuidado personal tienen una presencia destacada. En la calle se encuentra Nails Queen, un espacio vinculado al estilismo de Belén Álvarez, además de La Barbería, dedicada al público masculino.
También permanece Perfection Peluquería, un establecimiento unisex que anuncia horario de mañana y tarde. Según la información visible en el local, abre de 10.00 a 13.30 horas y de 17.30 a 20.30 horas, aunque permanece cerrado los lunes por la mañana y los sábados por la tarde.
Estas peluquerías mantienen una actividad que históricamente ha tenido un peso importante en las calles residenciales. Son negocios que dependen en buena medida de una clientela cercana y estable, construida con el paso de los años.
En el recorrido aparece además la antigua peluquería de señoras Geli, que permanece cerrada. Su fachada se suma a otros locales que han cesado su actividad y que muestran el proceso de renovación comercial que atraviesan numerosas calles de la ciudad.
Traslados y persianas bajadas
Junto a los establecimientos abiertos también aparecen huellas de negocios que ya no se encuentran en esta vía. Es el caso de la librería y papelería El Rodeo, que trasladó su actividad a la calle Sargento Serrano Leite. El antiguo local recuerda el papel que las papelerías han desempeñado tradicionalmente en los barrios, especialmente por su cercanía a viviendas, centros educativos y academias. Su traslado deja ahora pendiente el futuro del bajo que ocupaba.
En esta calle también estuvo la Academia Forum Caesar, vinculada a la enseñanza y la preparación de alumnos. El estado actual y la actividad concreta de este establecimiento deben ser confirmados, ya que existen diferentes referencias comerciales con denominaciones similares en Cáceres. A estas persianas se suma el local que ocupó la frutería y verdulería Amaya, otro ejemplo de comercio de alimentación que dejó de prestar servicio en la calle.
La sucesión de locales abiertos, cerrados y trasladados convierte el paseo por Julián Murillo en una fotografía a pequeña escala de la evolución del comercio urbano. La calle conserva actividad, pero también espacios disponibles para futuros negocios.
En uno de los extremos de Julián Murillo se concentra una parte de la oferta alimentaria. Allí se encuentra una multitienda y aparece la Frutería Guerra, un comercio de proximidad que mantiene la venta de frutas y otros productos frescos. En las inmediaciones también se localiza un establecimiento identificado como Sabor a Montánchez. Su presencia refuerza el carácter variado de un tramo en el que conviven alimentación, servicios personales y pequeños establecimientos generalistas.
Julián Murillo no es una de las grandes avenidas comerciales de Cáceres ni concentra cadenas nacionales o establecimientos de grandes dimensiones. Su identidad depende del pequeño comercio, de los servicios personales y de negocios especializados que trabajan a pie de una calle que mantiene viva la memoria de una eminencia de la medicina cacereña.
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