Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Obituario

Cáceres despide a Joaquín Solís, el hostelero que hizo de La Chimenea un hogar para San Francisco

El impulsor del conocido establecimiento cacereño deja el recuerdo de un hombre cercano, conversador y ligado durante décadas a la vida cotidiana del barrio

Joaquín Solís, impulsor del bar La Chimenea, en el establecimiento.

Joaquín Solís, impulsor del bar La Chimenea, en el establecimiento. / Cedida a El Periódico

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Gonzalo Lillo

Gonzalo Lillo

Cáceres

Hay bares que sirven cafés y vinos, y otros que terminan formando parte de la memoria de un barrio. La Chimenea pertenece a estos últimos. Detrás de buena parte de su historia estuvo Joaquín Solís, impulsor de este conocido establecimiento del barrio de San Francisco, cuyo fallecimiento deja huérfano a uno de esos negocios familiares donde varias generaciones de cacereños han compartido conversaciones, rifas y encuentros cotidianos.

Quienes lo trataron recuerdan a Joaquín como "un hombre simpático, amable y siempre dispuesto a conversar con todo el mundo". Incluso después de haberse apartado de la gestión del establecimiento, continuaba bajando al bar como un vecino más. "Solía pedir una cerveza sin alcohol, aunque alguna vez se permitía un vino, y aprovechaba la visita para saludar y charlar con los clientes", recuerda la hondureña Lidia Aguilar, actual propietaria de La Chimenea, que lo conoció primero durante su etapa como camarera y, más tarde, al hacerse cargo del negocio.

Según explica, el antiguo hostelero regresaba con frecuencia al local y compartía recuerdos de los años en los que estuvo al frente de la barra, explicando cómo funcionaba entonces el establecimiento y cómo era la vida hostelera en aquella época.

El bar La Chimenea, uno de los establecimientos más conocidos del barrio cacereño de San Francisco.

El bar La Chimenea, uno de los establecimientos más conocidos del barrio cacereño de San Francisco. / El Periódico

De Alemania a San Francisco

Su historia al frente de este emblemático negocio comenzó después de una etapa lejos de Extremadura. "Trabajó durante su juventud en Alemania junto a su esposa", señala Aguilar. Gracias al dinero que consiguieron ahorrar durante aquellos años, la familia pudo adquirir posteriormente el bar y poner en marcha un proyecto que acabaría convertido en uno de los establecimientos más reconocibles de la barriada cacereña de San Francisco.

Desde sus orígenes, La Chimenea fue un negocio familiar, atendido por Joaquín, su esposa y uno de sus cuñados. Más que un lugar de paso, el bar se consolidó como un punto de encuentro para los vecinos, que aún recuerdan el trato cercano de aquella etapa y algunas de las costumbres que animaban la vida del local.

Entre ellas, recuerda Aguilar, estaban las rifas organizadas para la clientela. "No hacían falta grandes premios: podían sortearse cartones de huevos o cualquier otro producto sencillo", apunta. Lo importante era la excusa para reunirse, conversar y compartir un rato, y aquellos pequeños gestos contribuyeron a hacer del establecimiento uno de los centros de convivencia del barrio.

Recuerdo presente

Los clientes más veteranos conservan también la imagen de la antigua chimenea que había en el interior del negocio y que terminó dando nombre al bar. Aunque aquel elemento ya no existe, permanece vivo en los recuerdos de quienes conocieron el establecimiento durante sus primeros años y todavía explican a los recién llegados el origen de su denominación.

Lidia Aguilar (a la izquierda), actual propietaria de La Chimenea.

Lidia Aguilar (a la izquierda), actual propietaria de La Chimenea. / El Periódico

Para Benjamín Lava, presidente de la Asociación de Vecinos Puente de San Francisco, Joaquín era "todo un referente del barrio de San Francisco". No solo por haber impulsado uno de sus bares más conocidos, sino también por el vínculo que mantuvo con el establecimiento y con sus clientes después de retirarse.

Esa implicación con la vida vecinal quedó también reflejada en su relación con la asociación del barrio. Según consta en sus registros, fue uno de sus primeros integrantes: se incorporó en 1983 y figuraba como el socio número 56 de la agrupación vecinal.

Su pérdida se siente precisamente por esa cercanía. "Aunque no sea familia, al final son personas a las que se les coge cariño", resume la actual propietaria de La Chimenea. Joaquín Solís deja algo más que la historia de un negocio: deja la huella de aquellos hosteleros que hicieron de una barra un punto de encuentro y de un bar una prolongación del propio barrio.

Tracking Pixel Contents