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Fauna salvaje

La rotonda de Pinilla, el paraíso de los conejos en Cáceres: "No tienen miedo y nada frena su reproducción"

La bióloga Rosa Mas explica que el agua, la hierba, la tierra húmeda y la ausencia de depredadores han convertido la rotonda de Pinilla en un refugio perfecto y reclama estudiar el origen de la colonia antes de actuar

La rotonda de Pinilla, el paraíso de los conejos en Cáceres: "No tienen miedo y nada frena su reproducción"

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Ángel García Collado

Ángel García Collado

Cáceres

La rotonda de la avenida Héroes de Baler, junto a los campos de fútbol de Pinilla y en plena Ronda Norte de Cáceres, reúne prácticamente todo lo que necesita un conejo para instalarse: alimento abundante, agua, tierra húmeda donde excavar, vegetación para esconderse y una barrera de tráfico que mantiene alejadas a las personas. Lo que comenzó con la aparición de una pareja se ha convertido en una colonia de alrededor de una docena de ejemplares, entre adultos, crías y pequeños gazapos.

La estampa ha despertado la curiosidad de numerosos cacereños que pasean por esta zona durante las primeras y últimas horas del día. Sin embargo, detrás de esa imagen entrañable existe un fenómeno mucho más complejo. La bióloga valenciana Rosa Mas, integrante de la colectiva Valencia Animalista y participante en programas de regeneración ecológica, considera que los animales han encontrado en la glorieta un refugio tan favorable que prácticamente nada limita actualmente su crecimiento.

Ausencia de depredadores

"En el momento en el que aprenden que allí no hay ningún peligro, no tienen miedo y nada les impide alimentarse y reproducirse", explica. La ausencia de depredadores no solo evita que algunos ejemplares sean capturados, sino que también elimina el permanente estado de alerta que condiciona su comportamiento en el medio natural.

"Cuando hay zorros, aves rapaces u otros depredadores, los animales dedican parte del tiempo a vigilar y esconderse. Aquí han comprobado que no existe esa amenaza", señala Mas. El resultado es una colonia que dispone de comida, refugio y tranquilidad durante buena parte del día.

Un refugio en pleno verano

La situación resulta todavía más llamativa durante los meses estivales. Mientras los terrenos que rodean Cáceres presentan un aspecto seco y amarillento, el interior de la rotonda se riega con frecuencia y conserva una capa de césped verde. El agua mantiene la tierra blanda, favorece el crecimiento de la hierba y reduce la temperatura del terreno.

"Si fuera de la rotonda todo está seco y dentro encuentran alimento, humedad y sombra, es lógico que permanezcan allí", afirma la bióloga. Mas considera que la pregunta no debe limitarse a cómo retirar a los animales, sino que habría que averiguar de dónde proceden y por qué han abandonado su entorno anterior. "El problema no son únicamente los conejos que están en la rotonda, sino saber de dónde vienen y por qué están llegando hasta allí. Puede que en los terrenos cercanos no encuentren agua ni alimento suficiente", sostiene.

Dos conejos en la rotonda de Pinilla.

Dos conejos en la rotonda de Pinilla. / El Periódico

Por este motivo, propone instalar cámaras de fototrampeo que permitan comprobar si los ejemplares permanecen continuamente en la glorieta, si cruzan la calzada durante la noche o si existe alguna vía de entrada desde los terrenos próximos. Esa información permitiría conocer el tamaño real de la colonia y sus desplazamientos. "Sin caracterizar la población, saber cuántos animales hay y entender por qué están allí, no se puede hablar de gestión. Se puede hablar de eliminación o de perturbación, pero no de una gestión completa", advierte.

Una red de galerías bajo el césped

Los conejos podrían haber construido ya una importante red de madrigueras bajo la vegetación. La humedad generada por el riego facilita la excavación y permite que los animales creen galerías donde protegerse del calor, descansar y criar. "Si la rotonda tiene suficiente profundidad de tierra y se riega habitualmente, el suelo estará más blando y les resultará muy sencillo excavar", explica Mas. En apenas unos meses, añade, una pareja puede levantar varios refugios y ampliar progresivamente las galerías a medida que aumenta el número de ejemplares.

La bióloga recuerda que la gestación de una coneja dura aproximadamente un mes y que, en condiciones favorables, puede tener varias camadas durante un mismo año. La disponibilidad permanente de alimento y la ausencia de amenazas pueden intensificar ese ritmo. "En condiciones normales pueden producirse cuatro o cinco camadas anuales, pero cuando el entorno está alterado y no existe ningún factor que limite la reproducción, el número puede aumentar", asegura.

Vídeo | Así están los conejos de la rotonda de Pinilla en Cáceres

Ángel García Collado

La colonia podría reducir su ritmo de crecimiento si el alimento o el espacio comenzaran a escasear. Sin embargo, Mas advierte de que los conejos no regulan por sí solos su población de una manera inmediata, ya que en un ecosistema natural esa función depende también de los depredadores y del resto de elementos de la cadena trófica.

La eliminación, en el centro del debate

Mas rechaza que una posible intervención pase directamente por capturar o matar a los animales. Según defiende, las eliminaciones traumáticas pueden provocar un "efecto vacío": los supervivientes disponen de más espacio y recursos y aumentan su capacidad reproductiva hasta recuperar la población perdida.

"Cuando un grupo sufre una reducción, los ejemplares que quedan pueden desarrollarse con mayor rapidez porque tienen más alimento y territorio disponible. Al final, la población puede volver a ser igual o incluso superior", argumenta.

¿Las causas?

La especialista considera que cualquier solución debería actuar sobre las causas que han llevado a los animales hasta la rotonda. Entre otras posibilidades, plantea recuperar zonas naturales próximas donde puedan encontrar agua, refugio y alimento sin necesidad de instalarse junto a una carretera con tráfico continuo.

También habría que analizar los posibles riesgos. La presencia de numerosos ejemplares podría terminar afectando al césped, las plantas ornamentales, las conducciones de riego o incluso a la estabilidad del terreno si las galerías alcanzan un desarrollo considerable. A ello se suma la posibilidad de que algún animal intente abandonar la rotonda y sea atropellado.

El precedente de los jabalíes

El debate sobre la convivencia con la fauna salvaje no es nuevo en Cáceres. Durante los últimos años, la presencia de jabalíes en Montesol, el Paseo Alto y otros puntos de la ciudad llevó al ayuntamiento a establecer un convenio con la Federación Extremeña de Caza para capturar ejemplares mediante arqueros especializados.

La bióloga cuestiona que la eliminación sea la primera respuesta ante cualquier avistamiento. "Lo primero que habría que comprobar es si los animales están causando realmente un problema o si su sola presencia genera alarma porque las personas no están acostumbradas a verlos", indica.

Una especie sinantrópica

Mas explica que los jabalíes forman parte de las denominadas especies sinantrópicas, aquellas que han aprendido a desenvolverse en espacios situados entre el medio silvestre y las zonas urbanizadas. En diferentes ciudades y áreas residenciales, afirma, estos animales conviven con las personas sin que se produzcan incidentes frecuentes.

"Ver un jabalí no significa necesariamente que exista una amenaza. Lo habitual es que tenga más miedo de la persona y trate de alejarse", sostiene. No obstante, reconoce que deben mantenerse las distancias, especialmente cuando se trata de una hembra acompañada por crías.

"Buscan alimento o agua"

La aparición de un ejemplar dentro de la ciudad puede estar relacionada con la búsqueda de alimento o agua, pero también con alteraciones sufridas en su hábitat. La caza, las obras, la desaparición de puntos de agua o la fragmentación del territorio pueden desorientar a los animales y empujarlos hacia zonas habitadas.

"Antes de actuar hay que averiguar qué ha ocurrido, por qué han llegado y si es posible recuperar los espacios que utilizaban anteriormente", afirma Mas.

Mientras se aclara el origen de los nuevos inquilinos de Pinilla, los conejos continúan saliendo de sus madrigueras cada mañana y cada atardecer. Disponen de césped fresco, agua, sombra y un islote prácticamente inaccesible para las personas. Un pequeño paraíso en medio del asfalto en el que, por ahora, nada parece frenar el crecimiento de la colonia.

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