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Rincones únicos

El oasis urbano donde Cáceres guarda gran parte de su historia

Detalles como un quiosco de inspiración victoriana y un ancla en tierra firme añaden singularidad al Paseo de Cánovas, un espacio que ha evolucionado sin perder su esencia histórica

El oasis urbano donde Cáceres guarda gran parte de su historia

Sofía Pérez Ramiro

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Sofía Pérez Ramiro

Sofía Pérez Ramiro

Cáceres

Para los cacereños que han recorrido cientos de veces el icónico Paseo de Cánovas, esta puede parecer una zona más del día a día, un lugar de paso entre el centro, las tiendas y el casco histórico. Sin embargo, muchos cruzan estas calles a diario sin detenerse en algunos de los detalles que convierten este espacio en uno de los rincones con más historia y curiosidades de la ciudad.

Mucho más que un refugio contra el calor

Cuando las temperaturas se disparan, el Paseo de Cánovas vuelve a convertirse en uno de los lugares más concurridos de Cáceres. Sus grandes árboles forman un auténtico corredor verde que permite recorrer buena parte del centro disfrutando de varios grados menos que en las calles expuestas al sol.

Por ello, al caer la tarde, es habitual que las familias ocupen los parques infantiles, los bancos se llenen de vecinos conversando y las terrazas comiencen a animarse. Su ubicación, entre la zona comercial y el acceso a la Ciudad Monumental, hace que miles de personas lo recorran cada día casi sin darse cuenta de la cantidad de historia que alberga.

Un paseo nacido para cambiar la ciudad

Aunque hoy resulte difícil imaginar Cáceres sin Cánovas, este espacio nació con un objetivo muy concreto. Fue inaugurado en 1895 para comunicar el casco urbano con la nueva estación de ferrocarril, una infraestructura que permitió romper el aislamiento de la ciudad y marcó el inicio de su expansión moderna.

Aquel antiguo Paseo de las Afueras de San Antón fue creciendo al mismo ritmo que la ciudad. Los elegantes chalés y palacetes modernistas que comenzaron a levantarse a su alrededor acabaron dando paso, con el paso de las décadas, a una de las principales zonas comerciales de la capital, sin perder nunca su esencia como lugar de encuentro.

Todavía hoy continúa siendo el escenario elegido para la Feria del Libro, mercados temáticos, actividades culturales y numerosas celebraciones que forman parte del calendario anual de Cáceres.

Un quiosco con pasado británico y un ancla sin mar

Uno de los elementos más fotografiados del paseo es el Templete o Quiosco de la Música, construido en 1887, incluso antes de la creación del propio paseo. Durante décadas acogió los conciertos de la Banda Municipal y también sirvió como palco para autoridades durante desfiles y juras de bandera.

Lo que muchos desconocen es que este tipo de construcciones fueron importadas desde el Reino Unido victoriano, donde se utilizaban para proteger a las bandas de música durante las actuaciones al aire libre. Hoy el quiosco ha encontrado una nueva vida convertido en una terraza donde generaciones de cacereños siguen reuniéndose cada verano.

Muy cerca aparece otra de las curiosidades más sorprendentes del paseo: un ancla del siglo XVIII. Resulta extraño encontrar un elemento naval en una ciudad situada a cientos de kilómetros del mar, pero esta pieza fue donada a Cáceres por la Liga Naval Española en 1978 dentro de una campaña destinada a acercar la cultura marítima a las localidades del interior.

Farolas ocultas y un pequeño error convertido en historia

Entre la abundante vegetación sobreviven también algunas farolas originales de hierro fundido, instaladas entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. La instalación posterior de las actuales luminarias hizo que quedaran prácticamente ocultas entre las ramas, pasando inadvertidas para la mayoría de quienes pasean por la zona.

Otro de los detalles más curiosos se encuentra en el monumento dedicado al poeta José María Gabriel y Galán. La escultura, obra de Juan Muro, fue restaurada en 2017 después de que desaparecieran las cuatro pequeñas aves de bronce que decoraban originalmente su base.

Sin embargo, la reposición no respetó completamente el diseño inicial y algunas de las figuras colocadas no coinciden con las aves que habían sido concebidas para representar el universo literario del poeta, convirtiendo la restauración en una pequeña anécdota conocida por historiadores y amantes del patrimonio local.

En las esquinas de la base se pueden observar unos huecos donde, originalmente, se situaban unos pequeños pájaros de bronce, haciendo referencia a las aves que aparecen en sus poemas. Estas son el águila, que aparece en 'La deuda', el búho de 'Mi vaquerillo', la alondra de 'La primavera' y la paloma de 'Amor'. Sin embargo, las cuatro aves que se reprodujeron durante la restauración fueron el mochuelo, la alondra y la perdiz.

Fuentes, esculturas y rincones que cuentan historias

El paseo conserva además algunas de las fuentes más representativas de Cáceres. La Fuente Luminosa, inaugurada en 1965, continúa siendo uno de los grandes iconos del lugar, especialmente durante las noches de verano, cuando su iluminación aporta una imagen muy diferente al entorno. A ella se suman la Fuente de los Cisnes y la Fuente de los Tritones, ambas de estilo clasicista y construidas en la década de 1940.

Las esculturas dedicadas a Juan Muñoz Chaves y José María Gabriel y Galán, los dos parques infantiles, los árboles centenarios y el constante ir y venir de vecinos completan un espacio que ha sabido evolucionar sin perder su carácter.

Quizá esa sea la verdadera magia de Cánovas, mientras unos lo descubren por primera vez como el lugar perfecto para escapar del calor, otros lo recorren casi a diario convencidos de conocerlo de memoria.

Sin embargo, basta con levantar la vista, detenerse unos segundos frente a un monumento o fijarse en un detalle escondido entre los árboles para comprobar que este paseo todavía guarda historias capaces de sorprender incluso a quienes llevan toda una vida caminando por él.

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