Entre la turistificación y la vida vecinal
La resistencia del casco antiguo de Cáceres: "Los apartamentos turísticos están desplazando al vecindario"
Los residentes exigen una regulación que limite la concesión de licencias de apartamentos turísticos para evitar que muchas familias sean desplazadas y pierda fuerza la vida del entorno monumental

La llegada de turistas forma parte ya del paisaje cotidiano del casco histórico de Cáceres. / Carlos Gil

A comienzos de siglo, encontrarse con turistas en la calle Caleros era casi una rareza. Hoy, varios grupos guiados recorren a diario esta emblemática vía empedrada y durante los fines de semana llegan incluso a solaparse. El cacereño Manuel Santiago ha contemplado la transformación desde la vivienda en la que reside desde el año 2000. "La evolución ha sido exponencial", resume. Lo que más le preocupa, subraya, no es el aumento de visitantes, sino el destino de muchas de las casas históricas que conforman el casco antiguo.
Cuando se instaló en la zona, quienes buscaban residir allí todavía podían adquirir un inmueble deteriorado y rehabilitarlo para convertirlo en su residencia habitual. Ahora, muchas de esas propiedades "despiertan el interés de inversores" que buscan destinarlas a alojamientos turísticos.
A su juicio, esta dinámica dificulta el acceso a la vivienda de quienes quieren asentarse en esta parte de la ciudad, especialmente los jóvenes. "Estamos en un proceso de especulación que ha supuesto una subida de precios y ha excluido a muchas familias, no solo de la compra, sino también del alquiler", señala Manuel. La mayor rentabilidad que ofrecen las estancias cortas reduce cada vez más la oferta convencional. "El vecino o la vecina no pueden competir. Con los apartamentos turísticos se gana más dinero, los precios suben y cada vez quedan menos alquileres de larga duración", destaca.

Manuel Santiago, residente en la calle Caleros. / Gonzalo Lillo
La concentración ha llegado a tal punto, sostiene, que en algunos tramos del inicio de la calle Caleros los establecimientos turísticos ya superan a las residencias habituales. Una evolución que muchos vecinos vinculan con la pérdida progresiva de población estable. "Se nos está yendo de las manos", lamenta.
Identidad en riesgo
La tendencia se percibe en otros enclaves destacados de la ciudad monumental, como la plaza de Santiago. Rubén Domínguez nació en este entorno y, después de vivir durante décadas en Moctezuma, regresó hace dos años porque "el barrio es el barrio y los amigos son los amigos". Sin embargo, se encontró con una realidad muy diferente.
En su buzón aparecen periódicamente notas con nombres y teléfonos de personas interesadas en comprar viviendas, lo que alimenta el temor de que muchas terminen divididas y convertidas en apartamentos turísticos. Aunque asume que estos alojamientos seguirán formando parte del casco histórico, rechaza que "sigan concediéndose licencias" de forma desmedida. "A este ritmo, acabará siendo un barrio para turistas. Terminará perdiendo su identidad, si es que no la está perdiendo ya", advierte.
La preocupación se repite a pocos metros, en la calle Picadores, donde Mar Testón reside desde hace 15 años. Cuando llegó ya existían algunas viviendas de uso turístico, pero su presencia era mucho menor. Al igual que el resto de vecinos, no cuestiona la importancia del turismo ni la llegada de visitantes. "Todos somos turistas en algún momento, por lo que oponerse a esta actividad sería absurdo", razona.
Sus reparos se centran, en cambio, en los efectos que la proliferación de este tipo de alojamientos puede tener sobre la vida cotidiana de quienes residen de forma permanente, así como en su concentración en determinadas calles y edificios. "Es normal que una ciudad Patrimonio de la Humanidad como Cáceres reciba visitantes, pero los residentes no tenemos por qué marcharnos", defiende.

Mar Testón, vecina de la calle Picadores, junto a la plaza de Santiago. / Gonzalo Lillo
Preservar el uso residencial
Ante esta situación, desde la Asociación de Vecinos Ciudad Monumental exigen una normativa que regule la proliferación de viviendas turísticas y evite que inmuebles completos pierdan su uso residencial. Manuel Santiago propone diferenciar entre el pequeño propietario, que adapta un bajo o una parte de su vivienda, y el inversor que adquiere un edificio entero para destinarlo a esta actividad. "Para los pequeños propietarios, una regulación flexible; para los grandes inversores, un control más estricto", resume.
Además, considera que la intervención municipal no debe aplazarse hasta que se alcance una situación límite y pueda ser considerada como 'zona tensionada'. "¿Vamos a esperar a que haya un problema grave para solucionarlo?", plantea. Mar, por su parte, pide aprender de otras ciudades donde la salida de residentes terminó vaciando barrios. "La vida cotidiana se reconoce en el olor a comida de las casas, las plantas cuidadas en los balcones y los vecinos que se preocupan por sus calles", concluye.
Sin esa presencia estable, advierte, el casco antiguo podrá conservar sus monumentos y fachadas, pero corre el riesgo de convertirse en "un cascarón vacío, un escenario o una especie de parque temático".
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