Entre la turistificación y la vida vecinal
La vivienda turística busca su equilibrio en Cáceres: "El crecimiento debe ser ordenado"
Los propietarios reivindican la recuperación de inmuebles sin uso, aunque reclaman una ordenanza que encauce su expansión y preserve la convivencia

Los apartamentos turísticos han ganado presencia en las calles del casco antiguo. / Eduardo Villanueva

Buena parte de las viviendas que hoy funcionan como apartamentos turísticos en el casco antiguo de Cáceres permanecían cerradas, abandonadas o sin perspectivas de volver a ser habitadas de forma inmediata. Sus propietarios defienden que la inversión realizada ha permitido recuperar estos inmuebles, devolverles un uso y frenar el deterioro de edificios que llevaban años vacíos.
La transformación, apuntan, no termina con la rehabilitación. Los proyectos movilizan a arquitectos, constructoras, electricistas, fontaneros, pintores y empresas especializadas, mientras que su funcionamiento sostiene la actividad en lavanderías, servicios de limpieza, mantenimiento, proveedores y comercios del entorno.
Esa es la perspectiva del empresario cacereño Joaquín Pitarch, fundador del Grupo Zaguán, que gestiona varios apartamentos turísticos en el recinto intramuros. "Todos se ubican en edificios históricos o singulares reservados por completo a estos alojamientos", subraya, sin convivencia directa entre huéspedes y residentes habituales.
El promotor comparte la preocupación por las dificultades de acceso a la vivienda, aunque rechaza que esta actividad sea una de las principales causantes del problema. "En mi caso, todos los inmuebles estaban vacíos. No hemos echado a nadie", afirma. Según explica, muchas de estas viviendas se ubican en propiedades que llevan años sin uso y cuya recuperación exige una elevada inversión privada, sin que ese desembolso recaiga sobre los vecinos del entorno.
Regular el crecimiento
Su defensa del modelo no equivale, sin embargo, a respaldar un crecimiento sin límites. Pitarch reconoce que la incorporación de nuevos apartamentos turísticos supera actualmente el nivel de crecimiento de los visitantes en la capital cacereña. "Cada vez hay más oferta y la demanda no aumenta al mismo ritmo", señala. A su vez, este desajuste ya ha empezado a reflejarse en la ocupación, la facturación y las tarifas.
El empresario turístico defiende, en cualquier caso, que la actividad no opera al margen de la regulación vigente. La apertura de cada establecimiento exige una declaración responsable, inspecciones turísticas y las correspondientes autorizaciones municipales. Aun así, considera "necesario" revisar este marco para adaptarlo a la evolución del sector.

Las terrazas concentran gran parte de la actividad turística y hostelera en la ciudad monumental. / Carlos Gil
Desde la Asociación de Apartamentos Turísticos de Extremadura (Aptuex), presidida por Javier Gutiérrez y de la que Pitarch forma parte como socio, aseguran que llevan años esperando una ordenanza municipal que actualice las condiciones de funcionamiento y responda a la dimensión adquirida por esta modalidad de alojamiento. "Lo que se reclama desde hace tiempo es una regulación acorde con la situación actual para que el crecimiento sea ordenado", remarca Gutiérrez.
Más cerca de lo que parece
La entidad apuesta además por mantener abierto el diálogo con la Asociación Vecinal Ciudad Monumental para compatibilizar la expansión turística con la permanencia de quienes residen en la zona. Pese a sus diferencias, propietarios y vecinos comparten la necesidad de establecer reglas claras que hagan compatible el turismo con la vida cotidiana.
Para el fundador del Grupo Zaguán, las coincidencias alcanzan también problemas diarios como la limpieza, la seguridad, la iluminación y la escasez de aparcamiento. Muchos gestores, recalca, conocen estas dificultades "de primera mano" porque residen en la zona o están vinculados a sus colectivos vecinales.
Las posiciones vuelven a acercarse en torno a la protección del patrimonio y la reducción del impacto que determinados eventos generan en el casco antiguo. El fundador del Grupo Zaguán propone elaborar un protocolo que establezca cuáles son compatibles con la ciudad monumental y cuáles deberían trasladarse a otros espacios por sus efectos sobre el entorno y el descanso. "La parte antigua tenemos que cuidarla para las personas que viven en ella y para las que vienen a visitarla. Nosotros también asumimos esa responsabilidad", afirma.
Impulso a otros sectores
Una parte de esta convivencia se construye también en los negocios de proximidad, donde confluyen la clientela habitual y quienes pasan unos días en la ciudad. Pitarch define a quien se alojan en una vivienda turística como "vecinos temporales": compran en la tienda de la esquina, utilizan servicios y consumen en bares y restaurantes. Guadalupe Martín contempla esa realidad desde el mostrador del autoservicio Jiménez-Martín, el histórico negocio de la plaza de Santiago conocido por generaciones de cacereños como 'el comercio de la Clarita'.

El ‘comercio de la Clarita’ resiste al paso del tiempo en el entorno de la plaza de Santiago. / Gonzalo Lillo
Como comerciante, la llegada de huéspedes refuerza las ventas, especialmente durante los periodos de mayor afluencia. "Egoístamente y mirando por el negocio, a mí me viene muy bien", admite. Mientras los residentes sostienen buena parte de la actividad durante la semana, los visitantes aportan un impulso adicional en los días de mayor ocupación. "De lunes a viernes están los vecinos de siempre y los fines de semana los apartamentos turísticos te dan un buen empujón", resume.
En cambio, su mirada cambia cuando habla como vecina de la calle Caleros, donde estos alojamientos han ganado una presencia notable. Desde esa perspectiva, observa con inquietud que la oferta siga creciendo sin que la llegada de visitantes avance al mismo ritmo. "Con la cantidad de apartamentos que están surgiendo, llegará un punto en el que el mercado se sature", advierte.
Esa preocupación convive con otra más ligada a la vida vecinal. Guadalupe lamenta que las caras conocidas hayan dado paso a personas que cambian cada pocos días, aunque reconoce que muchas de esas casas permanecían antes cerradas. "Es un poco contradictorio", apunta. Su experiencia resume las dos caras del fenómeno: su presencia refuerza las ventas, pero no sustituye la continuidad que aporta un vecindario estable.
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