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Entrevista

Silvia Hidalgo, abogada en Cáceres: "Firmar una carta de despido sin leerla bien puede ser un suicidio jurídico"

La joven letrada aborda los retos y dificultades de sus primeros años de ejercicio y la importancia de separar el trabajo de la vida personal

La joven jurista, en uno de los espacios del despacho donde ejerce.

La joven jurista, en uno de los espacios del despacho donde ejerce. / Carlos Gil

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Gonzalo Lillo

Gonzalo Lillo

Cáceres

Tras tres años de experiencia profesional, Silvia Hidalgo Fernández ha encontrado en Cáceres, su ciudad, el lugar donde afianzar su trayectoria y especializarse en el ámbito laboral. Desde su despacho en la calle Gil Cordero, defiende una abogacía cercana y aborda conflictos entre trabajadores y empresas, despidos, bajas por ansiedad y asuntos del turno de oficio en una profesión que, asegura, exige constancia, preparación y capacidad para poner límites.

Raíces en Cáceres

Pregunta: Nació, se formó y ahora también ejerce en la capital cacereña. ¿Qué la llevó a desarrollar aquí su carrera?

Respuesta: Principalmente, porque es mi ciudad. Es verdad que siempre hemos oído aquello de que "en Cáceres pegas una patada y sale un abogado", pero creo que es un buen lugar para ejercer. Estoy contenta aquí y me gusta la vida que tengo. Además, comencé junto a mis dos compañeros de despacho, Mariano y Ana, y desde el primer momento me sentí tan cómoda trabajando con ellos que no me planteé marcharme.

P: ¿Cómo se define como abogada?

R: Sencilla. Y no lo digo por nada en particular, sino porque llegué a esta profesión sin esa historia típica de haber tenido vocación desde pequeña. Terminé Selectividad, no sabía qué estudiar y entré en Derecho un poco de rebote. Sin embargo, en segundo de carrera descubrí el derecho laboral, me apasionó y supe que quería dedicarme a ello. En mi trabajo busco, sobre todo, la cercanía con el cliente y que se sienta cómodo. A menudo pensamos que entrar en un despacho impone, pero quienes trabajamos allí somos personas completamente normales. Por eso me definiría así: como una abogada sencilla.

Primeros pasos

P: ¿Qué dificultades encontró al empezar como abogada joven en una profesión tan competitiva?

R: Muchas, no lo voy a negar. Siempre digo qu esta no es una profesión de carrera rápida. Hay que persistir y ser constante. Yo decidí empezar por cuenta propia, como autónoma, con todo lo que eso conlleva. Al principio hacía sustituciones, aceptaba cualquier asunto, me tiraba al barro con lo que fuera y tocaba todas las jurisdicciones. Con el tiempo llega el boca a boca, la gente empieza a conocerte y los clientes satisfechos te recomiendan. Para mí, los demás abogados de Cáceres no son competencia, sino compañeros.

P: ¿La competencia ha sido una traba?

R: No. Para mí, los demás abogados de Cáceres no son competencia, son compañeros.

Nuevas generaciones

P: Forma parte de la Agrupación de la Abogacía Joven de Cáceres. ¿Qué preocupa a quienes empiezan ahora?

R: Intentamos que quienes se incorporan a la profesión se integren desde el primer momento, incluso durante el máster de Abogacía. Les ofrecemos jornadas sobre el turno de oficio, derecho laboral, derecho procesal y otras materias, además de encuentros más informales. Queremos que sepan que todos hemos pasado por esa etapa y facilitarles el acceso a la profesión. Porque es difícil, pero cuando cuentas con apoyo, lo es un poco menos.

P: ¿Las nuevas generaciones entienden la profesión de otra manera?

R: Creo que sí. Hay que quitar esa imagen del abogado como una figura seria, distante, que impone. Estamos para ayudar. También quiero quitar ese concepto de que el abogado es malo. En algunos casos tenemos que defender unas cosas y en otros otras, pero todo el mundo tiene derecho a una defensa. Eso es imprescindible en esta profesión.

Rutina diaria

P: ¿Cómo es un día normal en su despacho?

R: Una locura. Casi todas las mañanas piso el juzgado. Me levanto, voy al juicio que tenga, vuelvo al despacho, recibo clientes y preparo demandas. Ayer, por ejemplo, tuve cuatro clientes seguidos por la mañana, uno cada hora, y por la tarde tenía que hacer una demanda. Siempre digo que los autónomos tenemos cierta facilidad para organizarnos, pero aquí no existe eso de no trabajar.

La joven jurista, en uno de los espacios del despacho donde ejerce.

La letrada compagina el trabajo en el despacho con su actividad en los juzgados. / Carlos Gil

Realidad laboral

P: Ejerce en distintas áreas, aunque está especializada en derecho laboral. ¿Qué conflictos llegan hoy con más frecuencia?

R: Trabajo tanto con empresas como con trabajadores, así que veo las dos partes. Desde el lado del trabajador, lo que más llega son despidos. La mayoría de veces el problema viene de base porque la empresa no está bien asesorada y no gestiona bien el despido, aunque a lo mejor sí tenga motivos. También llevo muchos asuntos de Seguridad Social e incapacidades, pero los conflictos que más se repiten son sobre la relación laboral entre empresa y trabajador.

P: En los conflictos laborales, ¿pesa más la compensación económica o la sensación de haber recibido un trato injusto?

R: Las dos cosas. Muchas personas llegan dolidas por cómo las han tratado. Aseguran que han cumplido y que se han dejado la piel por la empresa. Pero el dinero también influye. Si la indemnización puede rondar los 8.000 euros y la empresa ofrece 7.000, a menudo el cliente prefiere aceptar antes que afrontar un procedimiento judicial largo, tedioso y desgastante. Yo no quiero engañar a nadie: si considero que va a salir más caro el collar que el perro, no recomiendo reclamar. Ahora bien, cuando el asunto tiene viabilidad, vamos con todo.

P: ¿Qué errores cometen con más frecuencia los trabajadores cuando reciben una carta de despido?

R: Firmarla sin leer y sin asesorarse. Yo siempre digo: si no quieres firmar, no firmes; y si la empresa te dice que si no firmas no te da una copia, firmas poniendo claramente «no conforme». Después, llamar inmediatamente a un abogado. Es verdad que la papeleta de conciliación puede presentarse sin abogado, pero después no se pueden introducir en la demanda hechos distintos de los alegados en ella. Hacerlo sin asesoramiento puede ser un suicidio jurídico.

P. ¿Hay mucho desconocimiento sobre algo tan básico como escribir "no conforme"?

R: Completamente. Y creo que es algo que debería estudiarse desde Bachillerato. Tendría que haber asignaturas que enseñaran a leer una nómina, a comprobar si cobras lo que debes según tu convenio colectivo o a saber qué hacer si te despiden. El plazo para impugnar un despido es de 20 días hábiles, y eso es muy importante. Hay gente que dice "ya lo haré", pero no sabe cómo empezar, no sabe ni buscar un abogado, se le pasa el plazo y ya no puede hacer nada.

P: ¿Y en qué suelen fallar las pequeñas y medianas empresas?

R: El principal error es no estar bien asesoradas. Creo que una gestoría y un abogado tienen funciones diferentes. El ámbito laboral debe llevarlo un abogado especializado. Estoy harta de ver cartas de despido en las que simplemente se dice que se rescinde la relación laboral por bajo rendimiento o por causas económicas sin justificar nada. Una carta mal hecha puede hundir un despido. Un abogado cuesta dinero, claro, pero muchas veces ese asesoramiento previo ahorra problemas después.

P: En una ciudad como Cáceres, donde las relaciones personales están muy presentes, ¿cuesta más reclamar contra una empresa?

R: Sin duda. Al final, es una ciudad pequeña y resulta fácil coincidir o tener algún vínculo con las personas implicadas. Antes podía generar más reparos, pero cada vez ocurre menos: los trabajadores conocen mejor sus derechos, buscan asesoramiento y piden ayuda. Además, si en el despacho existe una relación personal con alguna de las partes, el asunto puede asumirlo otro compañero sin ningún problema.

P: ¿Ha percibido un aumento de las consultas relacionadas con la ansiedad, las bajas médicas o la salud mental en el entorno laboral?

R: A diario. Puedo recibir más de quince consultas de personas que aseguran que no aguantan más y preguntan si pueden solicitar una baja por ansiedad. Y sí, claro que puede haber bajas por ansiedad reales. Como en todo, habrá casos que no lo sean, igual que puede haber otras bajas médicas que tampoco respondan a una situación real, pero el problema existe. Creo que muchas empresas carecen de herramientas y formación para abordar algunas situaciones. Estoy harta de enviar burofaxes para solicitar la activación de protocolos de acoso y comprobar que casi nadie sabe cómo proceder. En una empresa muy pequeña puedo entender que exista cierto desconocimiento, pero no en una gran compañía. Además, tienen la obligación de actuar.

Silvia Hidalgo reivindica una abogacía cercana y accesible para el cliente.

Silvia Hidalgo reivindica una abogacía cercana y accesible para el cliente. / Carlos Gil

Casos que dejan huella

P: Durante los tres años que lleva de ejercicio, ¿qué procedimiento le ha marcado especialmente?

R: Curiosamente, no fue un asunto laboral. Al estar especializada en esa materia, la tengo más al día y quizá la afronto de otra manera. El que más me marcó fue un procedimiento civil, una reclamación de cantidad en la que se discutía una concurrencia de culpas entre una gasolinera y un trabajador. Fue uno de mis primeros casos, me lo preparé muchísimo y le dediqué un gran esfuerzo. Cuando llegamos al juicio, me encontré con algunas situaciones en sala que me resultaron complicadas, no por la actuación del compañero de la parte contraria, sino por la propia dinámica del procedimiento. Creo que también debería existir cierta comprensión hacia quienes están dando sus primeros pasos en la profesión. La sentencia fue razonablemente favorable, incluso mejor de lo que esperaba, pero sigo recordándolo como un asunto especialmente difícil.

P: ¿Y desde el punto de vista emocional?

R: Mi primera guardia en el turno de oficio. Ya había acompañado a otros compañeros, pero una cosa es ir con alguien y otra muy distinta afrontarla sola. Fue un asunto muy duro y me afectó. En esos momentos tienes que separar a Silvia, la persona, de Silvia, la abogada. Como persona tengo mis principios, igual que cualquiera; como abogada, debo hacer mi trabajo.

Turno de oficio

P: Hablando del turno de oficio, ¿qué opina de la percepción social que existe sobre este servicio?

R: Me parece injusta. Mucha gente identifica al abogado de oficio con un mal profesional, y no es así. Para incorporarse al turno hay que cumplir una serie de requisitos, entre ellos llevar al menos tres años colegiado. Además, es voluntario: participa quien quiere. Tampoco debe confundirse con la asistencia jurídica gratuita, que se reconoce a quienes carecen de recursos económicos. Yo trabajo exactamente igual cuando me designan por el turno de oficio que cuando una persona acude al despacho y me contrata.

Despacho digital

P: ¿La tecnología ha cambiado la forma de relacionarse con los clientes?

R: Completamente. Hace poco me contactó un cliente que vive en Cádiz y quería iniciar un procedimiento de medidas paternofiliales porque se había separado y tienen un menor en común. Le dije que viniera al despacho y me explicó que estaba trabajando allí y no podía. Lo hicimos por videollamada. Hoy el correo electrónico, WhatsApp o las videollamadas facilitan mucho el trabajo.

P: ¿Y las redes sociales?

R: Creo que son necesarias para empezar y para darte a conocer, pero a mí me beneficia más el boca a boca. Uso poco las redes en modo profesional. Me gustaría hacerlo más, pero no veo el momento. Tengo bastante trabajo y, si lo hiciera, me gustaría hacerlo bien, no de cualquier manera. Puede ser un propósito pendiente.

P: La comunicación digital facilita el contacto con los clientes, pero esa inmediatez también hace que el abogado parezca disponible las 24 horas...

R: Totalmente. Siempre digo que, si se trata de algo urgente, por supuesto que me llamen. Pero a las doce de la noche, salvo que estés detenido, pocas cosas requieren una respuesta inmediata. A veces se abusa de esa disponibilidad. Recibo mensajes de WhatsApp desde las seis de la mañana hasta medianoche, consultas sobre cómo va un asunto o llamadas a la hora de comer para que revise algo. Llega a ser una locura.

P: ¿Ha tenido que poner límites?

R: Sí. Hace dos meses separé el teléfono personal del móvil del despacho precisamente por eso. Cuando llega el fin de semana o a partir de cierta hora de la tarde, apago el de trabajo y dejo de recibir mensajes. Si se produce una detención, la Policía dispone de mi número personal. Ha sido una medida necesaria porque, de lo contrario, la situación termina siendo insoportable.

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