Vida laboral
"Venir a trabajar no me supone un esfuerzo, sino una satisfacción": el dilema entre jubilarse y seguir en activo en Cáceres
La decisión de prolongar la vida laboral responde a factores económicos, de satisfacción profesional y de mantenimiento de la actividad social y personal

E.V.V

Mientras algunas personas cuentan los días para disfrutar de la jubilación, otras prefieren seguir trabajando incluso cuando ya tienen la edad para retirarse. ¿De qué depende esa decisión? ¿Influye el tipo de trabajo, la situación personal o la forma de entender esta nueva etapa de la vida? Hemos salido a las calles de Cáceres para conocer la opinión de sus vecinos sobre una tendencia cada vez más habitual. Además, hemos hablado con una psicóloga experta para analizar los factores emocionales y psicológicos que influyen en el momento de dar el paso hacia la jubilación.
Eloy Redondo, catedrático de la Universidad de Extremadura, explica que el convenio de la institución permite prolongar la actividad laboral hasta los 70 años. Aunque la edad ordinaria de jubilación se sitúa en los 65, el profesorado puede optar por continuar ejerciendo su labor. En su caso, ha decidido acogerse a esta posibilidad y, con 66 años, continúa desempeñando su actividad docente.

Eloy Redondo, catedrático de la Universidad de Extremadura. / Esteban Valero Vizcano
"En la Universidad una parte importante de nuestro salario corresponde a complementos que se pierden al jubilarse, por lo que el impacto económico es considerable. Además, me encuentro bien físicamente y he decidido seguir trabajando, una opción bastante habitual entre el profesorado universitario. No tengo ganas de jubilarme porque disfruto de mi profesión, es un trabajo que me apasiona, me mantiene activo y me permite seguir en contacto con los alumnos y con gente joven. Para mí, venir a trabajar no supone un esfuerzo, sino una satisfacción. Mientras tenga esa ilusión y me encuentre en condiciones de seguir desempeñando mi labor, no veo motivos para jubilarme", explica.
Cuando la salud marca el final de la vida laboral
Sin embargo, no todas las personas tienen la posibilidad de elegir cuándo poner fin a su vida laboral. En algunos casos, son los problemas de salud los que obligan a adelantar la jubilación. Es el caso de Pilar Berrocal, quien tuvo que retirarse tras ser reconocida con una incapacidad permanente absoluta, una situación que marcó un cambio inesperado en su vida.

Pilar Berrocal, jubilada tras ser reconocida con una incapacidad permanente absoluta. / Esteban Valero Vizcano
"La verdad es que no estoy del todo contenta, porque me habría gustado poder terminar mi carrera profesional. En mi caso, la jubilación llegó antes de lo que esperaba por motivos de salud y no fue una decisión voluntaria. Sin embargo, la experiencia de mis padres fue muy diferente. Ellos sí estaban deseando jubilarse después de más de cuarenta años trabajando. Con el paso del tiempo sentían que necesitaban descansar, disfrutar de una vida más tranquila y dedicar tiempo a actividades que antes no podían hacer porque estaban condicionados por los horarios laborales. Aun así, no podemos quejarnos, porque tanto ellos como yo contamos con una pensión que nos permite vivir con cierta tranquilidad económica", destaca.
Más de cincuenta años al volante
Un caso similar es el de Juan Doncel, que lleva 16 años jubilado. Tras más de medio siglo dedicado al transporte por carretera como camionero, tuvo que poner fin a su vida laboral porque su estado de salud ya no le permitía desempeñar su trabajo con las garantías y la seguridad que requería la profesión. Una jubilación que, al igual que la de Pilar Berrocal, no respondió a una decisión personal, sino a la imposibilidad de continuar ejerciendo su actividad.

Juan Doncel, camionero jubilado desde hace 16 años. / Esteban Valero Vizcano
"Tenía ganas de jubilarme porque el temblor que sufría en la mano hacía que cada vez me resultara más difícil realizar algunas de las tareas de mi trabajo, como cumplimentar los discos del tacógrafo analógico. Llegó un momento en el que entendí que no podía seguir desempeñando mi profesión en las condiciones que exigía. Solicité la jubilación y me la concedieron cuando tenía 64 años. La empresa contrató a otra persona para ocupar mi puesto y yo pasé directamente a estar jubilado. En cuanto a quienes desean retirarse antes de alcanzar la edad ordinaria, creo que, si una persona se encuentra bien física y mentalmente y puede seguir trabajando, lo mejor es esperar hasta que le corresponda jubilarse".
El factor psicológico de la jubilación
Después de conocer las historias y las diferentes formas de afrontar la jubilación de varios cacereños y cacereñas, el reportaje busca ahora una explicación profesional para entender qué hay detrás de estas decisiones. Para ello, hemos hablado con Violeta Acedo, psicóloga en Cáceres con una amplia trayectoria, que analiza cómo influyen los factores personales, emocionales y laborales a la hora de decidir si una persona quiere jubilarse, continuar trabajando o adelantar su retirada.
"No todas las personas desean jubilarse antes y es importante dejarlo claro, para muchas, el trabajo sigue siendo una fuente de satisfacción, de relaciones sociales y de identidad, por lo que prefieren continuar mientras se encuentran bien, sin embargo, cuando una persona expresa el deseo de adelantar la jubilación, normalmente no responde a una única causa, sino a la combinación de factores personales, laborales, familiares y económicos. Uno de los principales motivos que es el desgaste acumulado tras muchos años de trabajo, aunque dependiendo de la profesión, puede existir un importante cansancio físico o emocional que hace que la persona sienta que ha llegado el momento de cerrar esa etapa. En otros casos, simplemente existe la posibilidad económica de elegir y se prioriza dedicar el tiempo a proyectos personales que antes quedaban relegados", destaca Acedo.
El cambio de prioridades
Asimismo, la psicóloga señala que actualmente se está produciendo un cambio en la forma de entender el trabajo. Durante generaciones, la actividad laboral ocupó un papel central en la identidad de muchas personas, con la estabilidad económica como principal prioridad. Sin embargo, hoy, aunque esa seguridad sigue siendo importante, cada vez son más quienes conceden mayor valor al bienestar personal, al equilibrio entre la vida laboral y familiar y al tiempo de calidad. Según explica, este cambio de mentalidad está favoreciendo que la jubilación deje de verse únicamente como el final de la etapa profesional y empiece a entenderse como una oportunidad para descubrir nuevos intereses y desarrollar otras facetas de la vida.
"Desde la psicología, la cuestión más importante no es tanto cuándo llega la jubilación, sino cómo afrontamos ese cambio de etapa. Dejar atrás de un día para otro la rutina, los hábitos, la sensación de utilidad o las relaciones sociales que aporta el trabajo puede convertirse en un proceso complejo si no encontramos nuevas fuentes de bienestar. La Teoría de la Continuidad, desarrollada por el gerontólogo Robert Atchley, explica que la adaptación suele ser más positiva cuando las personas mantienen cierta conexión con la vida que tenían antes de jubilarse, sustituyendo la actividad laboral por nuevos proyectos, intereses y relaciones que sigan dando sentido a su día a día. Por eso, una buena jubilación no depende únicamente de la edad o de la situación económica, sino también de la capacidad de encontrar nuevos objetivos: disfrutar de las aficiones, aprender, viajar, participar en actividades culturales o compartir tiempo con familiares y amigos. Porque, al final, jubilarse no significa dejar de estar activo, sino comenzar una nueva etapa en la que seguir construyendo una vida con propósito".
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