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Grosso Modo

Juan Ramón Corvillo, abogado de Cáceres: "30 matrimonios y una puerta"

Casi la mitad de las 1.436 rupturas registradas el pasado año en la comunidad se produjo tras quince años de matrimonio, con una duración media de 16,2 años

Cáferes by Corvi.

Cáferes by Corvi. / Juan Ramón Corvillo

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Juan Ramón Corvillo

Juan Ramón Corvillo

Cáceres

Extremadura registró el pasado año 1.436 divorcios. Casi la mitad llegó después de quince años de matrimonio. La duración media de las uniones disueltas fue de 16,2 años y cerca de un tercio había superado las dos décadas. Son cifras frías para historias llenas de hijos, hipotecas, enfermedades, herencias, vacaciones repetidas y discusiones que empiezan en la cocina y terminan años después en un juzgado.

Nuestra ciudad conoció ya hace tiempo esa realidad. El 11 de marzo de 1932 se publicó la primera Ley del Divorcio española. Durante aquel año y el siguiente, Cáceres registró 37 procedimientos de divorcio o separación. Treinta de ellos fueron divorcios. Treinta matrimonios atravesaron una puerta que acababa de abrirse.

La ley era nueva. Los desencuentros, seguramente, llevaban años sentados a la mesa.

En una capital pequeña, una ruptura apenas podía permanecer dentro de casa. La conocían los parientes, los vecinos, los compañeros de trabajo y quienes observaban desde una ventana. Cambiar de domicilio, dejar de acudir juntos a los actos familiares, repartir a los hijos o aparecer por separado en la plaza convertía una decisión íntima en conversación pública. Cada expediente judicial llevaba detrás una vida desordenada y delante una comunidad dispuesta a ordenarla con rumores. Además, separarse significaba seguir encontrándose en el mercado, en las fiestas, ante el notario o al doblar cualquier esquina de siempre.

Aquella puerta se cerró en 1939. El divorcio regresó al ordenamiento español en 1981 y el procedimiento se simplificó en 2005. Entre unas fechas y otras cambiaron las leyes, las costumbres y el peso social de una separación. La sustancia humana permaneció: hay matrimonios que se rompen mucho antes de que alguien se atreva a decirlo.

Hoy Cáceres mira estas cifras desde otra época. El divorcio ha dejado de ser una rareza, aunque continúa teniendo consecuencias muy concretas. Una vivienda que parecía definitiva, unas amistades compartidas, los domingos familiares, las cuentas corrientes, los cuidados futuros y una versión común del pasado deben reorganizarse de pronto. El Código Civil puede repartir bienes y fijar obligaciones. Pero carece de artículos para adjudicar los recuerdos.

Los treinta divorcios cacereños de 1932 y los 1.436 extremeños del pasado año pertenecen a mundos distintos. Los une algo elemental: ninguna pareja llega de improviso a esa puerta. Antes hay un pasillo largo, hecho de aplazamientos, silencios y decisiones pospuestas. La ley ofrece la salida. El camino hasta ella siempre empieza en casa.

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