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Rincones únicos

Conoce el callejón más fresco de Cáceres donde el pasado sigue incrustado en las paredes

El popular Callejón de los Huesos en Cáceres oculta restos óseos que se habrían mezclado con la mampostería al desaparecer los cementerios parroquiales

Conoce el callejón más fresco de Cáceres donde el pasado sigue incrustado en las paredes

Sofía Pérez Ramiro

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Sofía Pérez Ramiro

Sofía Pérez Ramiro

Cáceres

Entre las calles del casco histórico de Cáceres, la ciudad esconde un rincón tan misterioso como llamativo: el conocido como Callejón de los Huesos. Su nombre oficial es Callejón de Don Álvaro, pero el apodo popular terminó imponiéndose por la presencia de restos óseos, posiblemente humanos, incrustados entre las piedras de uno de sus muros.

El estrecho pasadizo parte desde la cuesta de la Compañía, la vía que comunica la plaza de San Jorge con la de San Mateo. A primera vista puede parecer uno más de los numerosos callejones que atraviesan la Ciudad Monumental. Sin embargo, basta con detenerse unos segundos y observar sus paredes para descubrir los fragmentos que han alimentado durante décadas historias, preguntas y leyendas.

Una pared levantada con restos del pasado

La explicación más aceptada no habla de asesinatos, emparedamientos ni venganzas, aunque esas versiones hayan contribuido a aumentar su fama. La hipótesis histórica apunta a que los huesos llegaron hasta allí cuando comenzaron a desaparecer los antiguos cementerios situados alrededor de las parroquias.

Durante siglos fue habitual enterrar a los difuntos junto a las iglesias. Cuando esos camposantos dejaron de utilizarse y los cementerios comenzaron a trasladarse fuera de los núcleos urbanos por razones sanitarias, parte de la tierra y de los materiales pudo reutilizarse en nuevas construcciones. En ese proceso, algunos restos humanos habrían terminado mezclados con el material utilizado en la construcción del callejón.

Los huesos, por tanto, no se colocaron con una finalidad decorativa, como ocurre en determinados osarios o capillas. Tampoco formaban originalmente parte visible del muro. La pared estaba cubierta por una capa de cal que se fue deteriorando con el paso del tiempo hasta dejar al descubierto los fragmentos que hoy llaman la atención de vecinos y visitantes.

Un origen que continúa sin resolverse

No existe documentación que permita determinar con certeza de qué cementerio procedían los restos. La cercanía de la iglesia de San Mateo ha llevado a relacionarlos con antiguos enterramientos situados en ese entorno, aunque no puede afirmarse de forma concluyente.

A simple vista pueden pasar desapercibidos. Sin embargo, una observación más detenida permite localizar decenas de fragmentos, desde pequeños trozos hasta partes de huesos largos incrustadas entre las piedras. Además, en la parte superior del muro, casi escondida por la hiedra, también aparece una cruz rudimentaria que refuerza el carácter funerario y enigmático del lugar.

Cruz del Callejón de los Huesos.

Cruz del Callejón de los Huesos. / Cáceres al detalle

El paso del tiempo no solo ha dejado al descubierto los restos. Los muros han perdido parte de su verticalidad y el callejón tuvo que reforzarse mediante un pequeño arco que une ambos lados. Este elemento arquitectónico suele quedar en segundo plano frente a los huesos, pero permite entender la antigüedad y evolución de la construcción.

Leyendas frente a explicaciones históricas

La ausencia de respuestas definitivas ha convertido el callejón en terreno fértil para la imaginación. A lo largo de los años han circulado relatos sobre personas asesinadas, cuerpos ocultos y vecinos emparedados. Ninguna de estas historias cuenta con respaldo documental, aunque forman parte del patrimonio oral que rodea al casco antiguo.

La realidad planteada por los historiadores resulta menos novelesca, pero ayuda a comprender cómo se transformaban las ciudades antiguas. La reutilización de materiales era habitual y la relación cotidiana con la muerte era muy distinta a la actual. Los restos del callejón serían así una consecuencia inesperada de aquella forma de construir y de gestionar los espacios funerarios.

Un refugio de sombra durante el verano

Aunque no se trata de un atractivo creado específicamente para los meses estivales, el Callejón de los Huesos posee varias características que lo convierten en una parada interesante durante el verano. Su estrechez, los altos muros de piedra y las horas de sombra permiten que sea uno de los puntos más frescos del casco histórico.

Además, pese a estar ubicado cerca de las zonas de mayor afluencia de turistas, suele mantenerse alejado de las mayores concentraciones y conservar un ambiente tranquilo. La visita apenas requiere unos minutos y puede integrarse fácilmente en un recorrido por las principales paradas de la parte antigua cacereña.

El atardecer y la noche son dos de los mejores momentos para descubrirlo. La iluminación tenue de la Ciudad Monumental acentúa su atmósfera, mientras la luz lateral permite apreciar mejor la textura de la piedra y los restos incrustados convirtiéndolo en un escenario especialmente fotogénico.

Callejón de Don Álvaro en Cáceres.

Callejón de Don Álvaro en Cáceres. / Cedida a El Periódico Extremadura

En una ciudad conocida por sus palacios, torres y plazas monumentales, este pequeño callejón demuestra que algunas de las historias más sorprendentes no ocupan grandes edificios. A veces basta con apartarse unos metros de las rutas más transitadas, mirar con atención una vieja pared y descubrir que el pasado de Cáceres todavía permanece, literalmente, entre sus piedras.

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