Aventuras y desventuras
El hallazgo olvidado en un palacio de Cáceres tras quince días de lluvia
El presidente de la Diputación Provincial de Cáceres, Manuel Veiga López, impulsó a mediados de los noventa la investigación de un fresco oculto en el Palacio de Ulloa

Casa de los Ulloa. / E. P.

Somos conscientes que durante la dilatada historia de nuestra entrañable ciudad han aparecido infinidad de publicaciones que nos han ido descubriendo e ilustrando sobre gran variedad de temas. No hay nada como visitar nuestras bibliotecas locales, provinciales o regionales, y podemos encontrarnos con verdaderas obras curiosas e interesantes. Sin menospreciar ninguna época en concreto, es evidente, gracias a la tecnología a la hora de dar vida a una publicación, que durante el siglo XIX y XX concretamente aparecieron mas de un centenar de libros y trabajos editoriales magníficos. ¿Que decir de los pocos años que llevamos vividos de este complicado siglo XXI, donde han salido a la luz un importante número de trabajos referidos a Cáceres?
De todas estas tareas divulgativas somos conscientes un elevado número de ciudadanos, sobre todo aquellos que vemos en los libros una magnifica e inigualable ventana para aprender, soñar, viajar, etc.
Pero hoy, en este limitado espacio, vamos a recordar alguna experiencia personal que hemos vivido y que está estrechamente relacionada con esta nuestra ciudad, tan rica en historia como en patrimonio, así como en riqueza culinaria, gastronómica, etc. Se trata de pequeñas crónicas de temas que no aparecen de manera oficial.
Para ello, vamos a situarnos mentalmente en los años noventa del pasado siglo. Era presidente de la Excma. Diputación Provincial don Manuel Veiga López (1983-1995), con quién tuve el placer de mantener una relación bastante fluida, además de la profesional, gracias a su enorme interés por incorporar patrimonio a nuestra ciudad y de invertir en cultura tanto a nivel local como provincial.
Gracias a su decidida tarea, nos requirió en varias ocasiones a su despacho para que, de manera discreta, desplazarnos a diferentes lugares e informarle personalmente de temas curiosos e interesantes para nuestra tierra.
En esta ocasión, nos indica que nos acerquemos al Palacio de Ulloa, edificio levantado en el siglo XV frente a la Iglesia de San Mateo. Siendo el primer miembro de dicha familia procedente de Galicia, llamado Sancho Sánchez de Ulloa, quién, llegando a nuestra ciudad en el siglo XIV, levantó mencionada casa noble. Dándose la curiosidad que en este lugar nació y vivió durante algunos años de su vida el insigne cacerense don Pedro de Ulloa y Golfín (1627-1679), cuyos padres eran don Gonzalo de Ulloa y Chávez y doña Juana Pacheco y Golfín, siendo el mencionado don Pedro el autor de interesantísimas obras históricas y genealógicas referidas a nuestra querida tierra, entre las que cabe recordar al titulado Memorial de Ulloa.
Al mencionado edificio se le fueron realizando diferentes obras de acondicionamiento y mejora sobre los siglos XVI, XVII y sucesivos, pero especialmente sobre el siglo XX, siendo así su función la de casa parroquial de la cercana iglesia de San Mateo, motivo por el cual una parte del mismo era la vivienda del sacristán y familia, además de tener varios salones donde estaban guardadas algunas imágenes procesionales de la cofradía de la Vera Cruz. Pasando posteriormente su titularidad a la Asociación Acisjf, que le dio diferentes finalidades, hasta que, a finales de la década de los años ochenta del pasado siglo, fue vendido dicho edificio histórico a la Diputación Provincial.
Y es en este punto cuando Veiga nos requiere para visitar dicho palacio, pues, estando en el invierno del año 1990, cuando unas mas que torrenciales lluvias llevaban mas de quince días precipitándose sobre nuestra ciudad, van produciendo un considerable daño sobre el mencionado palacio de los Ulloa, el cual carece de gran parte de su techumbre, lo que ha provocado que uno de los salones del primer piso queden a la vista unas desconocidas pinturas que, hasta aquel preciso momento, estaban totalmente encaladas, tal y como era la tradición de estos espacios, desconocidos de su verdadero contenido histórico.
Siguiendo la amable petición del presidente, nos desplazamos en dos ocasiones y observamos y fotografiamos mencionadas pinturas murales, que poco a poco van saliendo a la luz como consecuencia de la dañina lluvia, además de observar que algunas zonas han sido destruidas con la apertura de ventas y puertas, desconociendo la existencia de mencionadas pinturas, obras que, según apreciación inicial, guardan mucha similitud con las existentes en otros edificios históricos de la ciudad y alrededores, como el por entonces también en ruinas Convento de San Benito, ermita de Santa Ana o Ermita de San Jorge, entre otros, que se suelen fechar en el siglo XVI.
De todo lo cual hacemos un oportuno informe a don Manuel Veiga, quién, a su vez, comunica el hallazgo a las autoridades locales y regionales, mientras que inmediatamente envía a técnicos y operarios provinciales para evitar que las inclemencias del tiempo continúen dañando tan sorprendentes pinturas. Lo que se consigue a medias, dado que los días sucesivos se producen algunos derrumbes de los muros por la poca atención que se le ha prestado durante bastante tiempo.
Al solicitarnos el asesoramiento de persona o personas para iniciar unos discretos trabajos de consolidación de tan interesante trabajo pictórico, sugerimos a la persona de doña María Antonia González Luceño, Licenciada en Bellas Artes, que en aquellos años había realizado diferentes trabajos en la ciudad, así como para la propia diócesis.
Todo lo sucedido con posterioridad al respecto se escapa de nuestra participación directa e indirecta, así como de conocimiento alguno. No obstante, tenemos que indicar que nuestra modesta colaboración con don Manuel Veiga López no finalizó en este caso, ya que fuimos requeridos en varias ocasiones mas para que, de manera discreta, en nuestra condición de simple investigador, le fuéramos informando personalmente a él.
En esta nueva ocasión, nos situamos el día 11 de mayo del año 1993, que era martes, cuyo signo del zodiaco era tauro, con una visibilidad del 71%, cuando, al llegar a nuestro puesto de trabajo, se nos requiere para que visitemos la parte baja del palacio provincial y, en concreto, al patio próximo a la cafetería del mismo, donde se están realizando unos discretos y rápidos trabajos de localización de posibles enterramientos de los Golfines u allegados, dado que este edificio históricamente era el Convento de Santa María de Jesús, que fue levantado en el año 1483 sobre lo que quedaba del beaterio de Santa María. Amplio espacio que ocupaban humildes casas de don Gome González de Trujillo, casado con doña Catalina González, cuyas dos hijas, Inés de Cristo y Beatriz, junto a su señora tía María Moñina, fueron las primeras beatas.
Se continúan los trabajos al día siguiente, realizados por operarios de la institución provincial bajo la dirección del arquitecto provincial, saliendo a la luz pequeños fragmentos de vasijas, cristales variados, una espuela supuestamente de niño y varios huesos, tanto de animales domésticos como salvajes. Se profundiza en el terreno unos dos metros por otro tanto de largo. Descubriendo un antiguo colector en desuso en dirección al Arco del Cristo.
Y siguen los trabajos de localización los días 13 y 14 y el lunes 17, de manera inexplicable, se da la orden de cerrar todo lo descubierto y dar por finalizado tan interesante trabajo. Evidentemente, no se encuentra ni rastro de ninguno de los pretendidos enterramientos históricos.
Pero la tarea cultural e histórica de don Manuel Veiga no finaliza aquí; ya iremos compartiendo algunas otras experiencias similares.
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