Entrevista
Ángel Martín Chapinal, párroco de Cáceres: "Regularizar a más de un millón de personas será positivo para nuestra sociedad"
El sacerdote de la diócesis de Coria-Cáceres reclama una respuesta coordinada ante el aumento de las llegadas y más vías de acogida, empleo y regularización

E. P. E.

La soledad de los mayores, las personas sin hogar y los problemas de salud mental entre los jóvenes son algunas de las realidades que más preocupan a Ángel Martín Chapinal (Ávila, 1963). Al frente de la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe desde hace casi cuatro años, actualmente compagina esta labor con sus responsabilidades como vicario de Evangelización y Pastoral y delegado diocesano de Migraciones y Refugiados, cargos que le permiten mantener un contacto directo con algunas de las situaciones de mayor vulnerabilidad social en la ciudad. Desde su experiencia reflexiona, entre otras cuestiones, sobre el aumento de la inmigración, las dificultades que afrontan quienes llegan a Cáceres y el papel que debe desempeñar la Iglesia para acompañar a quienes más lo necesitan.
Vocación social
Pregunta: Lleva casi cuatro décadas como sacerdote. ¿Cuándo comprendió que la acción social debía ser uno de los pilares de su labor pastoral?
Respuesta: Creo que esa sensibilidad viene de mi familia. Mi padre era pastor de ovejas y mi madre se dedicaba a la casa y a sacar adelante a sus seis hijos. Tuvieron que trabajar mucho y soportar injusticias por parte de los "señores" que dirigían las fincas en las que mi padre tenía que cuidar el ganado. Después influyó mucho la educación que recibí en el seminario, donde nos enseñaron que la vocación no podía limitarse a la oración, sino que exigía comprometerse con la vida diaria de las personas. Al llegar a los primeros pueblos comprobé que había mucha gente pasándolo mal, y a partir de ahí fui entendiendo que las parroquias deben estar abiertas para cualquiera que pueda necesitarlas.

Ángel Martín Chapinal, en la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe. / El Periódico
Realidades ocultas
P: Desde su experiencia, ¿cuáles son las realidades sociales que permanecen ocultas para buena parte de la ciudadanía cacereña?
R: Además de la realidad de las personas migrantes, a la que estoy especialmente dedicado, lo que peor llevo es la situación de las personas sin hogar. Me duele encontrar a alguien pidiendo en la puerta de la iglesia y no poder ofrecerle una solución. Muchas veces intentas pagarle una habitación o proponerle que acuda a espacios como el Centro Vida, pero algunas personas no aceptan esa ayuda debido a problemas como el alcoholismo, la salud mental u otras circunstancias personales. Por eso siempre le digo a la gente que no les den dinero directamente. También me preocupa mucho la soledad, especialmente entre las personas mayores. Se sufre mucho cuando no existe una red familiar, social o de amistades. Desde hace dos años tenemos lo que llamamos el "grupo de la soledad", que empezó con cuatro o cinco personas y ahora reúne cada lunes a más de veinte. Comparten cómo se encuentran, hablan de sus familias y celebran los cumpleaños, por lo que está resultando una experiencia muy bonita.
P: ¿Y qué situaciones están dejando más huella en los jóvenes y sus familias?
R: A mí me preocupan mucho el suicidio y la salud mental. Hemos tenido varios casos este año y es algo que, como sociedad, debemos plantearnos seriamente. Durante mucho tiempo ha sido un asunto tabú, aunque ahora se le está dando más visibilidad, pero las cifras son muy duras, no solo por quienes se quitan la vida, sino también por las familias que quedan profundamente marcadas. Por eso, desde la Iglesia contamos con la Pastoral del Duelo para acompañarlas.
Apoyo parroquial
P: Cuando alguien llama a la puerta de la parroquia, ¿qué tipo de ayuda puede encontrar?
R: Todos los miércoles está abierta la acogida de Cáritas parroquial. El grupo recibe a quienes llegan, estudia cada caso y trata de ofrecer ayuda, ya sea para un alquiler, comida, un desplazamiento o cualquier otra necesidad, aunque la persona debe pertenecer al ámbito de la parroquia. Muchas veces, más que un apoyo económico, lo que necesitan es formación para mejorar sus posibilidades de encontrar trabajo. Lo primero es escuchar cada situación y orientar hacia el recurso más adecuado.
Migración y acogida
P: Como delegado de Migraciones y Refugiados, ¿cuál es hoy la situación de la inmigración en Cáceres?
R: Además de delegado diocesano, formo parte de un grupo asesor de la Conferencia Episcopal. Aquí sigue llegando gente porque los problemas de sus países de origen continúan siendo muy graves. Quienes vienen directamente a la Península suelen hacerlo en avión, con un permiso turístico de tres meses, y después quedan en situación irregular. Proceden sobre todo de Venezuela, Colombia, Cuba y distintos puntos de Centroamérica. Los migrantes africanos suelen llegar desde Canarias dentro de proyectos desarrollados por las administraciones o asociaciones de acogida.
P: ¿Ha percibido un aumento de la llegada de personas migrantes?
R: Diría que sí, porque la situación en sus países no termina de estabilizarse y continúan buscando una salida. Los procesos de regularización están ayudando a personas que llevaban cinco o seis años sin documentación y vivían con el miedo a ser explotadas o expulsadas. También sería necesaria una campaña en los países de origen para explicar que muchas veces llegan sin tener siquiera dónde dormir. No pueden viajar pensando que esto es el paraíso. Además, habría que ampliar aquí las posibilidades de acogida y regularización.
P: ¿Han detectado casos de explotación laboral entre personas migrantes?
R: Sí, hemos conocido situaciones muy duras. Los abusos se producen especialmente en domicilios particulares, con mujeres dedicadas al cuidado de mayores. Algunas permanecían disponibles las 24 horas, los siete días de la semana, con salarios muy bajos y condiciones que ellas mismas comparaban con la esclavitud. También hemos conocido a personas empleadas sin contrato en fincas próximas a Cáceres, sin una vivienda digna ni un salario adecuado. En los casos más extremos aparece la trata, no solo con fines sexuales, sino también laborales. Debemos vigilar estas situaciones y exigir que todas las personas sean tratadas con dignidad.
P: ¿Con qué recursos cuentan para atender todas estas necesidades?
R: Las primeras semanas son especialmente difíciles: muchos necesitan ropa, mantas o los artículos más básicos porque llegan únicamente con lo puesto. Gracias a las Religiosas Apostólicas del Corazón de Jesús contamos con una casa en Aldea Moret, con capacidad para seis o siete personas, que utilizamos como recurso de acogida desde hace unos ocho años y que recientemente han donado al Obispado. Esta labor se desarrolla también con la Asociación de Empleadas de Hogar, que ha trabajado en la regularización de más de 200 personas en Cáceres, Katibi Abogados, que nos asesora jurídicamente, y otras asociaciones comprometidas con que los migrantes sean tratados con dignidad.
P: Y a escala nacional, ¿considera que se está gestionando adecuadamente la inmigración?
R: España recibe cada año 70 u 80 millones de turistas y, dentro de ese volumen, puede haber alrededor de un millón que han llegado durante los últimos años con visado turístico, pero que en realidad tenían un proyecto migratorio. Sería necesario reforzar las embajadas y los consulados para facilitar una migración regular desde los países de origen. Y entiendo que las empresas españolas pueden contratar allí a trabajadores para traerlos de forma legal, aunque el problema aparece cuando termina el contrato y deben regresar. También hay que destacar la iniciativa legislativa popular para la regularización, promovida por la ciudadanía y las organizaciones sociales, que reunió más de 700.000 firmas en todo el país y alrededor de 600.000 se presentaron en el Parlamento, donde permanecieron bloqueadas más de dos años. Sin embargo, gracias a la presión social se ha ido avanzando. Regularizar a ese millón largo de personas puede ser muy importante y positivo para la sociedad: son trabajadores que empezarán a cotizar, tendrán su situación en regla y aportarán seguridad a las familias y empresas que los contraten.
P: ¿Es Cáceres una ciudad acogedora con las personas migrantes?
R: Ellos mismos nos dicen que Cáceres es una ciudad muy acogedora, con gente sencilla que los trata con normalidad. Puntualmente puede producirse algún incidente, pero no percibimos un racismo generalizado. Recuerdo especialmente el caso de Jonathan, el joven nicaragüense que falleció el pasado año. Fue una de las experiencias más dolorosas que he vivido, tanto por su muerte como por acompañar a sus familiares.
Iglesia abierta
P: Desde su responsabilidad como vicario de Evangelización y Pastoral, ¿qué debería cambiar la Iglesia para volver a conectar con quienes se han distanciado?
R: Debemos mejorar la manera de transmitir lo que hacemos y conseguir que el mensaje llegue a quienes lo están pasando mal. La Iglesia no es únicamente un lugar para rezar; también nos preocupan los problemas de la gente. El papa Francisco dijo que debíamos tener las puertas abiertas no solo para que la gente entrara, sino también para salir nosotros al encuentro de quienes lo necesitan. Por ello, el lema del curso pastoral 2026-2027 será precisamente "Volver al corazón para acoger a Dios y al prójimo".
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