Blog del cronista
Este pueblo medieval de Cáceres tiene piscina natural, castillo y noches llenas de estrellas
Reúne un conjunto histórico de aire medieval, una piscina natural de aguas cristalinas, las ruinas del castillo de la Almenara y cielos privilegiados para contemplar las estrellas

Si, lo sé. Suena a película, pero ¿te imaginas un lugar donde el tiempo parece haberse detenido hace varios siglos, donde el murmullo de las aguas cristalinas de la montaña se mezcla con el aroma a olivar y donde cada rincón esconde una leyenda de reyes, caballeros y secretos medievales? Pues bienvenido a la villa de Gata, el fascinante pueblo que da nombre a una de las comarcas más auténticas, salvajes y espectaculares de Extremadura: la Sierra de Gata, en el extremo noroeste de la provincia de Cáceres. Si buscas un destino diferente para tu próxima escapada de turismo rural, prepárate, porque este rincón te va a enamorar.
Su Conjunto Histórico
Declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1995, el casco urbano de Gata es una verdadera joya de la arquitectura popular serrana. Paseando por sus calles estrechas, empinadas y empedradas, descubrirás cómo las viviendas tradicionales han sabido conservar su fisonomía medieval adaptándose perfectamente a la escarpada orografía del terreno.
Estas casas se levantaban utilizando materiales nobles de la zona: robustos muros de granito en la planta baja, entramados de madera vista, paredes de adobe encalado en los pisos superiores y tejados de pizarra o teja árabe. El diseño era sumamente práctico: la planta baja se reservaba para las cuadras o las bodegas donde se guardaban el vino y el aceite, mientras que el piso de arriba servía como vivienda, a menudo adornado con preciosas balconadas voladas de madera.
Uno de los paseos más evocadores te llevará por su antiguo Barrio Judío. En este laberinto de callejones misteriosos, si afinas la mirada, verás marcas grabadas en los dinteles de piedra de las puertas. Símbolos como cruces y motivos cristianos que los judíos conversos tallaron con prisa tras el edicto de expulsión de 1492, en un intento desesperado por demostrar su conversión al cristianismo y esquivar las garras de la Inquisición.
En el corazón del pueblo se ubica la emblemática Fuente del Chorro, una soberbia obra renacentista del siglo XVI labrada en una sola pieza de granito. Corona esta fuente un impresionante escudo imperial de Carlos V, concedido al pueblo por su fidelidad durante la Guerra de las Comunidades. Pero lo que hace única a esta pieza es un misterio heráldico: el águila tallada solo tiene una cabeza y mira hacia la izquierda, lo que en las estrictas normas de la heráldica de la época simbolizaba bastardía. Aunque no hay documentos oficiales, los historiadores sugieren que el cantero que la labró fue un judío converso que, de esta ingeniosa manera, se vengó sutilmente de la Corona.
Joyas monumentales que no te puedes perder
Gata esconde un patrimonio monumental sorprendente. La joya de la corona es la Iglesia Parroquial de San Pedro Apóstol, declarada Bien de Interés Cultural en 2023. Construido entre 1508 y 1609 con sillería de granito de la mejor calidad, este imponente templo asombra por su aspecto exterior robusto y defensivo. Sin embargo, la verdadera magia está en su interior, que cuenta con una nave asombrosamente ancha cubierta por monumentales bóvedas de crucería estrellada. No dejes de contemplar su majestuoso Retablo Mayor, una obra maestra del Renacimiento realizada por el escultor Pedro de Paz y el pintor Pedro de Córdoba.
Si miras hacia las alturas, verás recortarse contra el cielo la silueta del Castillo de la Almenara, situado en un cerro escarpado a unos 700 metros de altitud. Esta fortaleza de origen musulmán (siglo XI) fue reconquistada por Alfonso IX en 1212 y pasó a manos de la prestigiosa Orden Militar de Alcántara. Aunque hoy se encuentra en ruinas consolidadas, su torre del homenaje pentagonal sigue en pie dominando el paisaje. Subir hasta allí requiere un pequeño esfuerzo, pero la recompensa es una panorámica de 360 grados que abarca gran parte de la comarca y la frontera con Portugal.
Para los amantes de la aventura y el misterio, hay una ruta inolvidable que parte del pueblo y lleva hasta las ruinas del Convento del Hoyo (o de Nuestra Señora de Monteceli). Este monasterio franciscano fundado en 1399, y reconstruido en el siglo XVI con el apoyo de Felipe II, está estrechamente ligado a la figura de San Pedro de Alcántara. Hoy, sus muros de piedra y el ábside de su iglesia descansan en silencio, devorados por un frondoso bosque de robles, alcornoques y madroños. Perderse por estos senderos mientras el sol de la tarde se filtra entre las ruinas es una experiencia verdaderamente mágica.
Naturaleza, frescor y noches estrelladas
El entorno natural de Gata es el complemento perfecto para su historia. En los meses de verano, el punto de encuentro ineludible es la piscina natural de Puente de la Huerta, en el cauce de la Rivera de Gata. Junto a un puente de cantería y equipada con césped y una cafetería, es el lugar ideal para darse un baño de aguas cristalinas rodeado de naturaleza.
Tampoco puedes irte sin visitar el majestuoso Cedro de Gata, un árbol singular de Extremadura de más de 220 años. Traído desde el Líbano por un monje franciscano del Convento del Hoyo, este gigante vegetal destaca por su imponente porte en medio del casco urbano.
Y al caer la noche, prepárate para mirar al cielo. La Sierra de Gata es uno de los mejores destinos de España para practicar el astroturismo. Gracias a la pureza de su atmósfera y a la total ausencia de contaminación lumínica, contemplar las estrellas desde enclaves como la Almenara es una experiencia cósmica única.
Gastronomía serrana con sabor a tradición
La cocina tradicional de Gata es el reflejo de una gastronomía de subsistencia, de fuerte arraigo pastoril y con pinceladas de la herencia árabe y judía. Todos sus platos giran alrededor del Aceite de Oliva Virgen Extra de la variedad Manzanilla Cacereña, amparado bajo la Denominación de Origen Protegida Gata-Hurdes.
Para empezar, nada mejor que un refrescante Zorongollo, una ensalada veraniega de pimientos rojos asados a la brasa, cebolla, huevo duro y ajo. Si el frío aprieta, el plato estrella es el Esparragau, un guiso denso de berza y patata aderezado con un refrito de ajo y pimentón de la Vera.
No te vayas sin probar el Mojeteo (ensalada de naranjas con cebolla tierna, aceitunas, huevo cocido y bacalao desmigado) , el reconfortante Frite de Cabrito cocinado a fuego lento en cazuela de barro, o la típica Patatera, un embutido a base de magro de cerdo ibérico y patata cocida. De postre, endúlzate con las crujientes perrunillas, las roscas de yema o los tradicionales sapillos de Semana Santa, elaborados con pan dulce frito y miel. Todo ello, por supuesto, regado con un vaso del auténtico vino de pitarra local.
Gata es turismo slow de primer nivel, debes disfrutarlo relajadamente y estar atento a tu alrededor, ya que hay muchos detalles en cada calle, en cada casa, Gata no es solo un destino; es un viaje para tus sentidos. Así que prepara las maletas este agosto y ven a disfrutarlo.
¡Hasta nuestro próximo pueblo con encanto!
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