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Una historia de Cáceres a través de sus objetos

Los escudos olvidados de Cáceres que revelan una emboscada, un crimen y una obra frustrada

La iglesia de Santiago conserva las armas de los Osma y los Guzmán, dos linajes que frenaron la gran reforma renacentista del templo y cuya historia permanece grabada en la piedra

Reconstrucción cromática de los escudos de los Osma (arriba) y de los Guzmán (abajo), conservados en la iglesia de Santiago.

Reconstrucción cromática de los escudos de los Osma (arriba) y de los Guzmán (abajo), conservados en la iglesia de Santiago. / CEDIDA

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Jorge Rodríguez Velasco

Jorge Rodríguez Velasco

Cáceres

Cáceres bien podría ostentar el título de capital de la heráldica. No en vano, ha sido denominada en numerosas ocasiones la ciudad de los mil escudos. Basta con recorrer las calles de la Ciudad Monumental para comprobarlo: conserva más de un millar de blasones repartidos por fachadas, palacios, iglesias, conventos y sepulcros, que conforman uno de los conjuntos heráldicos más importantes de España.

Lejos de constituir un simple elemento decorativo, cada uno de esos escudos encierra una historia. Tras la conquista de Cáceres por Alfonso IX de León, en 1229, la villa comenzó a poblarse con familias llegadas desde distintos territorios del reino.

Para consolidar la repoblación, los monarcas favorecieron su asentamiento mediante generosos repartimientos de tierras, dehesas y heredades, que constituyeron el fundamento de su riqueza. Con el paso de las generaciones, aquellos linajes afianzaron su posición ocupando los principales oficios concejiles, prestando servicio a la Corona y estrechando lazos con otras familias nobles mediante una inteligente política de alianzas matrimoniales.

Los escudos olvidados de Cáceres que revelan una emboscada, un crimen y una obra frustrada

Los escudos olvidados de Cáceres que revelan una emboscada, un crimen y una obra frustrada / CEDIDA

Como expresión visible de ese poder, sus armas comenzaron a labrarse en las fachadas de sus casas principales, en las capillas que fundaban y en los sepulcros destinados a perpetuar su memoria.

Los apellidos Ovando, Carvajal, Ulloa, Mayoralgo o Golfín son algunos de los más conocidos de la nobleza cacereña. Sus escudos coronan varios de los edificios más emblemáticos de la Ciudad Monumental. Sin embargo, la historia nobiliaria de Cáceres no fue escrita únicamente por esos grandes linajes. Junto a ellos existieron muchas otras familias que también desempeñaron un papel destacado en la vida de la villa y cuya memoria permanece grabada en la piedra.

Una reforma que nunca terminó

Un buen ejemplo se encuentra en la iglesia de Santiago. Quien levante la vista en su interior advertirá que la mayor parte de los escudos pertenecen al linaje de los Carvajal. No es casualidad.

A esta poderosa familia se debe la gran reforma emprendida a mediados del siglo XVI, cuando el arcediano Francisco de Carvajal y Sande encomendó al arquitecto Rodrigo Gil de Hontañón la transformación del antiguo edificio medieval en un gran templo renacentista.

Sin embargo, aquel proyecto nunca llegó a culminarse. La nueva traza diseñada por el arquitecto, concebida con planta de cruz latina, exigía derribar las antiguas capillas funerarias de los Osma y los Guzmán para prolongar el crucero.

La oposición de sus patronos, unida a las dificultades económicas que atravesó la obra, frustró definitivamente la reforma y dio lugar al aspecto que hoy presenta el templo.

Los Osma y los Guzmán sirven así como ejemplo de esos otros linajes de la nobleza cacereña cuya memoria ha quedado eclipsada por la notoriedad de los grandes apellidos.

Un clérigo acusado de asesinato

El linaje de los Osma, también citado en la documentación como Dosma, procedía de Aragón y estaba establecido en Cáceres desde antiguo. Dos hijos de Pero de Osma y Mari Esteban de Valdivieso representan el momento de mayor esplendor de la familia durante la segunda mitad del siglo XV.

García de Osma tuvo el honor de figurar entre los doce primeros regidores del concejo cuyos nombres fueron extraídos por la reina Isabel mediante insaculación entre los caballeros de la villa, el 9 de julio de 1467.

Aún mayor notoriedad alcanzó su hermano Rodrigo de Osma, que abrazó la vida eclesiástica. Fue beneficiado de las parroquias de San Mateo, Santa María y Santiago, arcipreste de Cáceres y deán de la catedral de Badajoz.

Su trayectoria, sin embargo, estuvo marcada por la violencia. Las fuentes le atribuyen la muerte de un eclesiástico en Roma y una emboscada contra varios canónigos de Badajoz, hechos que motivaron la intervención de los Reyes Católicos.

Antes de morir en la Ciudad Eterna, probablemente bajo la protección del cardenal Bernardino de Carvajal, fundó su capilla funeraria en la iglesia de Santiago.

Sobre la capilla todavía puede contemplarse el blasón de los Osma: un escudo partido que combina dos espadas cruzadas acompañadas de flores de lis con un león rampante contornado.

Las calderas de los Guzmán

La otra capilla pertenece a los Guzmán. Fue fundada hacia 1525 por el presbítero Juan Alonso de Guzmán, como recuerda la inscripción de su sepulcro mural: "Aquí yaze Juan Alonso de Guzmán, clérigo, fundador de esta capilla. Falleció a XI de enero de MDXXV años".

A su muerte, el patronato pasó a su sobrino Jerónimo Holguín y la fundación se mantuvo durante generaciones.

Aunque el apellido Guzmán ocupa un lugar destacado en la historia de la nobleza castellana, su presencia en Cáceres fue mucho más discreta que la de otros linajes. Aun así, su escudo continúa presidiendo la capilla fundada por Juan Alonso.

Su blasón muestra dos calderas jaqueladas, con asas rematadas en cabezas de serpiente y rodeadas por una bordura sembrada de armiños.

Las capillas de los Osma y los Guzmán son hoy mucho más que dos espacios funerarios. Constituyen el testimonio de unas familias cuyo poder llegó a condicionar la transformación de uno de los principales templos de Cáceres y recuerdan que, detrás de cada escudo de la Ciudad Monumental, se esconde una historia de prestigio, alianzas, conflictos y memoria.

En las próximas semanas continuaremos descubriendo los escudos y la historia de otros linajes de la pequeña nobleza cacereña.

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