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Nuestro pasado

Hervás reconoció en 1952 a Enrique Pérez Comendador como Hijo Predilecto de la Villa

Las autoridades civiles, religiosas y culturales de Extremadura se congregaron en Hervás para honrar al artista en un acto de gran relevancia

Pérez Comendador con la escultura de Rodríguez Marín.

Pérez Comendador con la escultura de Rodríguez Marín. / El Periódico

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Esteban Valero Vizcano

Esteban Valero Vizcano

Cáceres

Hervás rindió homenaje el 6 de julio de 1952 al escultor Enrique Pérez Comendador, a quien concedió el título de Hijo Predilecto de la Villa en un solemne acto institucional que reunió a destacadas autoridades civiles, religiosas y culturales de Extremadura.

La localidad cacereña vivió aquel día una de las jornadas más significativas de su historia reciente, al reconocer públicamente la trayectoria y el prestigio alcanzado por uno de sus hijos más ilustres. La ceremonia contó con la presencia del reconocido pintor Eugenio Hermoso, amigo personal del escultor y una de las figuras más destacadas de la pintura extremeña del siglo XX.

Junto a él asistieron importantes representantes institucionales, entre ellos el alcalde de Badajoz, Antonio Masa, el prelado de Plasencia y el gobernador civil de Cáceres, cuya participación puso de manifiesto la relevancia que había adquirido el homenaje tanto en el ámbito regional como en el cultural.

Durante el acto, las autoridades destacaron la extraordinaria aportación artística de Pérez Comendador y su constante vinculación con Hervás, localidad que siempre estuvo presente en su vida y en su memoria a pesar de la proyección nacional e internacional que alcanzó su carrera.

Una trayectoria de prestigio

Enrique Pérez Comendador (Hervás, 1900 – Madrid, 1981) había desarrollado una de las carreras escultóricas más brillantes del panorama artístico español del siglo XX. Tras iniciar su formación artística en su localidad natal, continuó sus estudios en Madrid, donde ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Allí consolidó una sólida formación académica que marcaría el estilo de su producción posterior.

A lo largo de las décadas siguientes obtuvo numerosos reconocimientos y becas que le permitieron ampliar estudios en diferentes países europeos, especialmente en Italia, donde entró en contacto con la gran tradición escultórica clásica y renacentista. Esa influencia se reflejó en una obra caracterizada por el equilibrio formal, el dominio de la anatomía y una especial sensibilidad para el retrato y la figura humana.

Su producción incluyó monumentos públicos, esculturas religiosas, retratos de personalidades y obras conmemorativas, muchas de las cuales fueron instaladas en ciudades españolas y en diversos espacios institucionales. Su prestigio artístico quedó respaldado por la obtención de importantes premios nacionales y por su participación en exposiciones oficiales, donde su obra recibió una notable acogida por parte de la crítica especializada. Pérez Comendador también desempeñó una intensa labor docente y académica, llegando a ocupar responsabilidades relevantes dentro de las instituciones artísticas españolas. Su reconocimiento culminó con su ingreso como miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, una de las más altas distinciones a las que podía aspirar un creador en España.

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