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Consejos estivales

Todo lo que metes "por si acaso" y acaba haciendo turismo sin salir de la maleta

Viajeros frecuentes y especialistas recomiendan reducir el equipaje a lo esencial, dejando en casa prendas y objetos que rara vez se utilizan durante las vacaciones

Todo lo que metes "por si acaso" y acaba haciendo turismo sin salir de la maleta

Sofía Pérez Ramiro

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Sofía Pérez Ramiro

Sofía Pérez Ramiro

Cáceres

Con la llegada del verano vuelve a aparecer la misma escena en miles de hogares: una maleta abierta sobre la cama y la sensación de que, por mucho espacio que tenga, nunca será suficiente. Da igual que el destino esté a dos horas o al otro lado del país.

Al final, son muchos quienes terminan metiendo más ropa y objetos de los que realmente utilizarán, empujados por los inevitables "por si acaso". Sin embargo, expertos en organización de equipaje y viajeros frecuentes coinciden en que el verdadero problema no suele ser el tamaño de la maleta, sino la forma de prepararla.

Los grandes "invitados" que nunca se utilizan

Hay objetos que verano tras verano repiten viaje sin llegar a salir de la maleta. Uno de los ejemplos más habituales son los libros y revistas. La idea de dedicar horas a la lectura junto a la piscina o la playa resulta atractiva antes de salir de casa, aunque la realidad suele ser distinta y el móvil, el descanso o las actividades terminan relegando esas páginas al fondo del equipaje.

Algo parecido ocurre con la ropa elegante. Vestidos, americanas o prendas pensadas para una ocasión especial ocupan un espacio considerable, pero en la mayoría de escapadas acaban sustituidas por ropa fresca y cómoda. A ello se suma la costumbre de llevar camisetas, pantalones o bañadores de sobra "por si se manchan", cuando muchas veces ni siquiera se llega a utilizar la mitad.

Tampoco faltan las zapatillas deportivas, preparadas para entrenamientos que rara vez llegan, ni los zapatos de tacón o un calzado diferente para cada conjunto. El resultado suele ser el mismo, durante toda la semana se utilizan prácticamente las mismas sandalias o zapatillas cómodas.

Otro clásico es el botiquín sobredimensionado, con medicamentos y material sanitario para cualquier imprevisto imaginable, cuando la mayoría de esos productos pueden adquirirse fácilmente en una farmacia si realmente son necesarios.

Cinco cambios que liberan media maleta

Los especialistas recomiendan sustituir algunos de esos objetos por alternativas mucho más prácticas. En lugar de cargar con novelas en papel, proponen utilizar aplicaciones de lectura o un libro electrónico. Los zapatos de vestir pueden dejar paso a unas sandalias planas que sirvan tanto para el día como para la noche.

También aconsejan prescindir de la plancha de pelo, poco útil durante unas vacaciones marcadas por la humedad o los baños, y optar por un secado natural o un sencillo spray fijador. En cuanto a la ropa de abrigo, una chaqueta fina o un pañuelo grande suelen ser suficientes para las noches más frescas.

La ropa deportiva también puede reducirse al mínimo. Una camiseta básica y un pantalón corto sirven tanto para pasear como para realizar ejercicio ocasional, evitando incorporar prendas con un único uso.

Los diez trucos que utilizan los viajeros más experimentados

Más allá de elegir bien qué llevar, los expertos coinciden en que organizar la maleta correctamente permite ganar mucho espacio. El consejo más repetido es crear un armario cápsula, con pocas prendas que combinen entre sí y permitan formar numerosos conjuntos.

A ello se suma viajar con la ropa más voluminosa puesta, utilizar packing cubes para comprimir y organizar la ropa, enrollar camisetas y prendas ligeras en lugar de doblarlas y seguir fórmulas como la conocida 5-4-3-2-1, que limita el número de prendas para evitar excesos.

Los especialistas también recomiendan restringir el calzado a dos o tres pares como máximo, utilizar un neceser con envases de viaje y cosméticos sólidos, planificar los conjuntos antes de salir de casa y olvidarse de preparar la maleta pensando en situaciones poco probables.

Otro consejo, aunque pueda parecer contradictorio, consiste en no llenar el equipaje hasta el borde. Dejar un pequeño espacio libre facilita guardar compras, reorganizar la ropa durante el viaje y regresar con la maleta sin dificultades.

Menos equipaje, más vacaciones

El mejor consejo puede resumirse en una pregunta antes de guardar cada objeto: ¿lo utilizaré de verdad o solo me tranquiliza llevarlo? Una semana no necesita siete conjuntos completos, sino un grupo reducido de prendas capaces de cambiar según cómo se combinen.

La experiencia demuestra que las mejores vacaciones no son las que empiezan con más equipaje, sino las que permiten moverse con la tranquilidad de llevar únicamente lo que realmente se va a utilizar.

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