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Nuestro pasado

El día que Cáceres recibió entre arcos de triunfo al obispo Llopis Ivorra

El prelado valenciano llegó a la ciudad el 18 de junio de 1950 y recorrió a pie el trayecto desde la Cruz de los Caídos hasta Santa María entre las ovaciones de los cacereños

Llopis en una bendición de camiones de bomberos en la plaza Mayor.

Llopis en una bendición de camiones de bomberos en la plaza Mayor. / E. P.

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Ángel García Collado

Ángel García Collado

Cáceres

Cáceres recibió el verano de 1950 con un acontecimiento que congregó a buena parte de la ciudad en las calles. Manuel Llopis Ivorra, recién nombrado obispo de la diócesis de Coria, llegó a la capital cacereña el 18 de junio y realizó su entrada entre arcos de triunfo y, según relataban las crónicas de la época, en medio de las «delirantes ovaciones del pueblo».

El nuevo prelado recorrió a pie el trayecto comprendido entre la entonces denominada Cruz de los Caídos y la plaza de Santa María. Aquella caminata ceremonial atravesó una ciudad todavía marcada por las estrecheces de la posguerra, pero que se volcó en la bienvenida al religioso valenciano que iba a desempeñar un papel destacado en la historia contemporánea de Cáceres.

La llegada de Llopis Ivorra quedó recuperada en las páginas de El Periódico Extremadura del 23 de abril de 1998, dentro de un repaso a los principales acontecimientos ocurridos en 1950. El artículo presentaba al obispo como una de las personalidades más relevantes de la época por «el legado y las obras» que dejó durante su etapa al frente de la diócesis.

La noticia de su designación se había conocido el 4 de febrero. Hasta entonces ejercía como párroco de Santo Ángel, en Valencia. La Santa Sede y el Gobierno español buscaban para la diócesis a un sacerdote joven, descrito en las informaciones de aquellos días como «virtuoso y bien curtido en las tareas sacerdotales de la cura de almas».

Fue consagrado obispo el 30 de abril en la catedral de Valencia, en una ceremonia oficiada por el nuncio de su santidad, monseñor Cicognani. El 2 de junio tomó posesión de la diócesis por procurador y nueve días después hizo su entrada en Coria, que entonces seguía siendo la sede y capital diocesana. El periódico lo recibió en portada con una frase solemne: «Bendito el que viene en nombre del Señor».

De Santa María a Aldea Moret

La recepción de Cáceres se produjo apenas una semana después. Tras recorrer las calles hasta Santa María, el obispo se dirigió a los cacereños a través de Radio Cáceres. En su alocución llegó a mencionar expresamente las palabras de bienvenida publicadas por este diario, muestra de la estrecha relación que mantuvo con el periódico durante aquellos primeros meses.

Llopis Ivorra comenzó en julio una ronda de visitas para conocer de cerca la ciudad que formaba parte de su diócesis. Entre sus primeras paradas estuvieron el cuartel del Regimiento Argel y Aldea Moret, uno de los barrios obreros más importantes de la capital y una zona que todavía arrastraba numerosas necesidades sociales.

Su llegada coincidió con un Cáceres en plena transformación. En el Gran Teatro se celebraban concursos de villancicos, los escolares preparaban belenes y por las calles desfilaba la tuna salmantina. La ciudad había despedido el año anterior sin fortuna en la lotería, pero contemplaba con expectación la llegada de un nuevo obispo que pronto se convertiría en una figura estrechamente vinculada a su vida religiosa y social.

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