Rincones únicos
El corazón de Cáceres donde dos mil años de historia se esconden tras un nombre con trampa
Más allá de ser un icono turístico, el Foro de los Balbos ofrece una experiencia cambiante con la luz del día y la noche, sirviendo incluso como escenario para producciones audiovisuales

Sofía Pérez Ramiro

Un lugar que sin duda es representativo de la ciudad de Cáceres es el Foro de los Balbos. No solo por ser uno de los espacios más transitados por los cacereños, sino también porque constituye una parada obligatoria para la mayoría de los turistas que visitan la ciudad. Situado junto a la Plaza Mayor, es un rincón que prácticamente todo el mundo identifica o, al menos, cree conocer. Sin embargo, entre sus columnas romanas, escalinatas y muros de piedra esconde numerosos secretos que pasan desapercibidos para buena parte de quienes lo recorren.
El foro parece funcionar como una antesala del casco histórico, pero también como un resumen de la propia evolución de Cáceres. En muy pocos metros se superponen restos romanos, elementos defensivos, arquitectura religiosa y transformaciones urbanas mucho más recientes.
Muchos aprovechan para fotografiar las imponentes columnas de granito, descansar en las escaleras de la iglesia de San Francisco Javier o contemplar una de las estampas más reconocibles del casco histórico, pero pocos saben que el lugar guarda curiosidades históricas y arquitectónicas que permiten entender mejor la evolución de Cáceres a lo largo de casi dos mil años.
Una identidad construida con el paso del tiempo
El nombre por el que hoy se conoce este espacio puede inducir a error, y es que el Foro de los Balbos no fue el foro romano de la ciudad. La denominación apareció mucho después en honor a Lucio Cornelio Balbo, un influyente político y militar romano que ejerció como patrono de la antigua colonia romana Norba Caesarina, el origen de la actual ciudad de Cáceres
Esas piezas de granito tampoco fueron levantadas originalmente en el lugar que ahora ocupan. Proceden de construcciones romanas y fueron trasladadas y reutilizadas siglos más tarde. La práctica era frecuente en ciudades que aprovechaban materiales de edificios anteriores para levantar nuevas estructuras. De este modo, las columnas han sobrevivido durante casi dos milenios, aunque cambiando de función y probablemente también de ubicación.
Ni siquiera existe la certeza de que todas pertenecieran al mismo conjunto. Las diferencias apreciables entre algunas piezas apuntan a que una pudo incorporarse posteriormente para completar la composición. Actualmente, no sostienen ningún edificio, su función es monumental y simbólica, pero siguen siendo una de las imágenes más reconocibles del centro cacereño.
También el término "Balbos" está rodeado de cierta ambigüedad. Remite a una influyente familia romana originaria de Gades, la actual Cádiz, aunque no hay pruebas concluyentes que relacionen directamente esas columnas con una construcción promovida por sus integrantes. La tradición terminó imponiendo un nombre que la arqueología no ha podido confirmar.
La historia también permanece bajo el pavimento
Buena parte de lo que explica este rincón no se encuentra a simple vista. Bajo la plaza continúan acumulándose restos de diferentes periodos históricos. La superposición de construcciones convierte el subsuelo de esta zona en un espacio especialmente complejo desde el punto de vista arqueológico.
La forma actual del foro tampoco ha sido siempre la misma. Su aspecto abierto responde a distintas intervenciones urbanísticas realizadas durante los siglos XIX y XX. Antes de esas transformaciones, la distribución de los edificios y de los accesos era diferente.
Los desniveles del suelo todavía ofrecen algunas pistas sobre esa evolución. Sin embargo, suelen quedar eclipsados por las columnas y la fachada de la iglesia de San Francisco Javier. Mientras la mayor parte de las cámaras apunta hacia arriba, el pavimento conserva también huellas del crecimiento y de los cambios experimentados por la ciudad.
De acceso religioso a punto de encuentro
Las escalinatas de la iglesia forman hoy parte de la vida diaria del foro. Vecinos y visitantes se sientan en ellas para descansar, conversar o contemplar el movimiento de la plaza. Su cometido original, sin embargo, era muy distinto. Fueron concebidas como un acceso monumental al templo jesuita construido en el siglo XVIII.
Con el paso del tiempo, aquellas gradas dejaron de ser únicamente la entrada a un edificio religioso y acabaron convertidas en un mirador improvisado y en un lugar de reunión. Desde allí se contempla el tránsito constante entre la Plaza Mayor y la parte antigua, pero sin las aglomeraciones que se registran unos metros más abajo.
La configuración del espacio produce además un efecto curioso. En determinados puntos, la voz rebota entre las fachadas y la piedra genera un eco fácilmente perceptible. No se trata de un misterio, sino del resultado de la forma semicerrada de la plaza y de los materiales que la rodean.
Un escenario diferente cuando cae el sol
Durante el verano, el Foro de los Balbos adquiere otra dimensión. Las corrientes de aire que atraviesan la zona y las sombras proyectadas por los edificios lo convierten en una parada agradable durante las tardes más calurosas. Cuando el sol comienza a bajar, la piedra cambia de tonalidad y las columnas adquieren reflejos dorados.
La iluminación nocturna completa la transformación. El espacio deja de ser únicamente un lugar de paso y se convierte en uno de los puntos más fotogénicos del casco histórico. Esto lo ha llevado a ser utilizado como escenario cultural y audiovisual. Aquí se suelen celebrar proyecciones al aire libre y, además, se rodaron escenas de La Casa del Dragón, cuando los decorados convirtieron temporalmente este rincón de Cáceres en parte de Desembarco del Rey.
El Foro de los Balbos no necesita grandes explicaciones para impresionar, pero sí algo de tiempo para ser entendido. Quien lo atraviesa deprisa ve un conjunto de elementos que recuerdan cómo fue la ciudad hace muchos años, pero aquellos que se detienen a conocerlo descubren que este espacio tiene mucho más que contar de lo que se ve a simple vista, y esto es lo que hace que sea uno de los lugares más llamativos de Cáceres.
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