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Descifrando la realidad

Domingo Barbolla, sociólogo de Cáceres: "Todos y cada uno somos necesarios"

La identidad individual surge de la interacción mutua y la construcción cultural compartida que nos permite sobrevivir como miembros de un grupo

Ciudadanos paseando por la calle.

Ciudadanos paseando por la calle. / Carlos Gil

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Domingo Barbolla Camarero

Domingo Barbolla Camarero

Cáceres

El ser humano es en el grupo. Nada que objetar a esta afirmación, a la vez la identidad exige a su vez la visión particularidad de cada uno de los miembros de ese grupo; todos y unos en su amplia realidad. El diálogo de esta mutua interacción es la construcción cultural que nos permite sobrevivir como individuos concretos en el grupo, con los otros. Lo fácil es vernos como unicidades maldiciendo el influjo brutal de los otros, el límite marcado en el continuo marcaje -en ocasiones agobiante- de los demás, de ahí que en la conciencia individual remarquemos lo específico de esa identidad apartándonos en lo posible de la lógica común, como si esta separación nos protegiera de los límites de ese mutuo común.

A salvo de ellos, de esos otros en su múltiples modalidades, recreamos el ensueño de las islas habitadas en tiempos continuos estivales, a modo de amantes, a lo sumo, solicitamos del grupo ese otro venerado por la magia del amor, a ese le dejamos ser nosotros mismos si hemos de hablar en el poético lenguaje del momento. Buscamos, también, amigos benefactores cercanos a lo específico de nuestra identidad y a algún que otro aplaudidor de nuestros recreados atributos en esto del saber hacer. Escogemos a modo de tribu sagrada a los nuestros hasta hacer trinchera combativa frente a esos otros que en nada parece apetecernos su respirar. Felicidad llamamos a este milagroso estado; de conseguirlo sonreímos a la vida como lógica conquista de la misma y de nuestro valor, específico imaginario de la mente humana que prefiere el encuentro con la apacible sonrisa de lo igual.

Sabemos, no obstante, que la realidad es más amplia que los límites del miedo en los que encerramos nuestras preferencias a la hora de escoger desechando lo no escogido como masa, aborregamiento y otros atributos que me permiten separar. Cada uno de nosotros somos el grupo mismo, otros en su amplia literalidad, nada sin los otros y todo e individuales gracias al mismo; el núcleo de nuestra identidad surge del todo, de lo común pertenecido al grupo que permite para ser la edificación de lo específico en cada uno. Lo uno como entidad en lo todo emanado de ese todo, amplia sonrisa compartida en los rostros mirados como estrategia evolutiva para vivir. Somos cultura compartida porque de no serlo no seríamos, es ella, los lazos comunicados y entendidos, la que soporta lo único en lo común; lo común como depósito celestial para alimentar lo único visible en el rostro de cada uno de nosotros. Nosotros como un yo y otro y otro y otro…hasta reunir de nuevo al grupo en perfecto círculo que ejercita el flujo maravilloso de la vida; entre ellos tú y yo y yo y tú y nosotros. Tengámoslo en cuenta.

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