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Rincones únicos

Una lápida escondida entre olivos: el curioso reto que guarda el refugio verde tras las murallas de Cáceres

El Olivar de la Judería combina naturaleza, historia y misterio junto a la Ciudad Monumental, siendo un refugio fresco en verano

Una lápida escondida entre olivos: el curioso reto que guarda el refugio verde tras las murallas de Cáceres

Sofía Pérez Ramiro

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Sofía Pérez Ramiro

Sofía Pérez Ramiro

Cáceres

Cuando el verano cacereño convierte cualquier paseo a pleno sol en una prueba de resistencia, la ciudad guarda una alternativa a escasos minutos de su Plaza Mayor. Un pequeño laberinto de terrazas, olivos e higueras permite refugiarse bajo los árboles mientras las murallas se levantan prácticamente sobre la cabeza. Es el Olivar de la Judería, uno de esos lugares capaces de reunir naturaleza, pasado y algún misterio sin abandonar la Ciudad Monumental.

Llegar hasta allí supone cambiar de escenario en apenas unos pasos. El ruido de las zonas más transitadas va desapareciendo mientras las casas encaladas del barrio de San Antonio conducen hacia la calle Hernando Pizarro, donde se encuentra el acceso. Tras él aparece un parque que parece llevar siglos escondido junto a la muralla, aunque su historia como espacio público es bastante más reciente.

El Olivar de la Judería abrió como parque en 2002. Su ubicación, sin embargo, lo conecta con una parte mucho más antigua de Cáceres: la Judería Vieja y el paisaje de huertos y pequeños terrenos cultivados que históricamente acompañó a esta zona.

Un balcón que mira hacia fuera

Aquí Cáceres se contempla al revés. Habitualmente se entra en la Ciudad Monumental para admirar palacios, torres y murallas desde dentro. En el Olivar, la fortificación se observa desde abajo, una perspectiva que permite hacerse una idea mucho más clara de la altura que alcanzaban sus defensas.

Entre la vegetación aparecen diferentes tramos del recinto amurallado y la Torre Adosada. Pero basta girarse para que la panorámica cambie nuevamente. Al otro lado se abren las vistas hacia la Ribera del Marco y la Sierra de la Mosca, alejando visualmente al visitante del casco urbano.

Ese contraste explica parte del encanto del lugar. En pocos metros se pasa de las callejuelas estrechas de la Parte Antigua a un espacio donde predominan árboles, pájaros y horizontes abiertos.

Un nombre que cuenta cómo era el barrio

Los olivos no cumplen únicamente una función ornamental, sino que también ayudan a explicar la identidad de este rincón y el origen de su denominación. El parque ocupa terrenos vinculados al antiguo barrio judío cacereño, un entramado de viviendas humildes, calles estrechas y desniveles muy diferente de las construcciones señoriales que dominan otras zonas monumentales.

La disposición en terrazas recuerda además la necesidad de aprovechar cada fragmento de terreno en una ladera pronunciada. Huertos y árboles frutales formaban parte de una manera de habitar la ciudad en la que el espacio doméstico y el cultivo convivían a muy poca distancia.

Hoy permanecen olivos, higueras, flores y otras especies vegetales. Una combinación que también atrae pequeñas aves y que transforma el parque según avanza el año.

Agua protegida entre murallas

La cercanía de la Ribera del Marco convirtió este entorno en un punto estratégico para el abastecimiento. De ahí que comprender el Olivar implique también mirar más allá de los grandes palacios cacereños y acercarse a cuestiones mucho más cotidianas: dónde se cultivaba, cómo se conseguía agua o de qué manera se aprovechaba el terreno.

Y bajo ese paisaje todavía quedan preguntas sin una respuesta definitiva. Una de ellas conduce hasta la comunidad judía medieval. Se ha planteado que su antiguo cementerio pudo localizarse en terrenos próximos, al otro lado del barranco, aunque no existe una identificación arqueológica definitiva que permita señalar actualmente su emplazamiento.

Una lápida donde nadie espera encontrarla

Pero el detalle que probablemente provoque más preguntas está dentro del propio parque. Entre sus elementos puede encontrarse una lápida con el nombre de Isidora Mozo Corrales. Aunque actualmente el texto está prácticamente borrado, en ella se podía leer este nombre junto a la inscripción "fallezio 25/ 10/ 298, 86 años".

Lápida en el Olivar de la Judería de Cáceres.

Lápida en el Olivar de la Judería de Cáceres. / Rubén Núñez Quesada

Su presencia en un lugar situado dentro de la antigua judería podría hacer imaginar enterramientos medievales o historias ocultas bajo el terreno. La explicación es bastante más reciente: la pieza fue reutilizada durante el acondicionamiento del parque. Precisamente esa ubicación inesperada terminó convirtiéndola en una de las curiosidades más peculiares del Olivar.

La sombra también es un monumento en agosto

Con temperaturas elevadas, los grandes protagonistas dejan momentáneamente de ser las piedras. Los olivos y las higueras proporcionan zonas de sombra y hacen del recinto una parada especialmente agradable cuando recorrer las plazas abiertas de la Parte Antigua resulta menos apetecible.

No hace desaparecer el verano cacereño ni funciona como un espacio climatizado al aire libre, pero su vegetación, orientación y tranquilidad ofrecen un respiro diferente en mitad de una visita monumental. Al final de la tarde, además, las vistas hacia la Sierra de la Mosca añaden otro motivo para desviarse de los recorridos habituales.

El secreto está a unos pasos de las multitudes

Cáceres tiene lugares que resulta prácticamente imposible visitar sin encontrarse con alguien fotografiándolos. El Olivar juega en otra categoría, ya que está cerca de algunos de ellos, pero conserva esa extraña sensación de haber encontrado un rincón apartado sin haber salido realmente del centro.

Precisamente ahí es donde reside uno de sus mayores atractivos, no hace falta abandonar las murallas para encontrar naturaleza ni alejarse kilómetros para escapar durante un rato del Cáceres más transitado.

A veces, uno de los mejores refugios de la época estival puede estar a la vuelta de la esquina creciendo silenciosamente bajo multitud olivos, mientras cientos de visitantes buscan la mejor fotografía entre palacios y torres.

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