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Cacereñeando (XXI)

Casiano Suero, una vida entregada a los jóvenes y marginados de Cáceres

Sacerdote, profesor y referente social, volcó buena parte de su trayectoria en ayudar a los más desfavorecidos y en favorecer su integración en la ciudad

Casiano Suero.

Casiano Suero. / CEDIDA

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Juan de la Cruz

Cáceres

Del Cáceres de Aquellos Tiempos, a lo largo de la segunda mitad del pasado siglo, queda la estela, la figura, el trabajo y, sobre todo, el pulso, el reto y el compromiso humanitario y humanista de Casiano Suero López (Valdefuentes, 1936-Cáceres, 1998). Sacerdote y profesor, tanto de la Congregación de la Preciosa Sangre como de la Universidad Laboral, admirado y querido por todos.

Hijo de un guardia civil, natural de Zarza de Montánchez, destinado en Valdefuentes, que deseaba regresar a su pueblo, donde transcurrió la primera infancia de un niño que albergaba, entre otras debilidades propias de la edad, la inquietud y la travesura y, claro es, esos sueños que cabalgaban en su inquietud religiosa.

Tras alcanzar su padre el destino en su municipio, Casiano va creciendo entre cultivos, tradiciones, anhelos, estampas y sensibilidades cruzadas a caballo del sabor de los surcos de pueblo y campo. Un niño de aquellos lejanos tiempos y de aquellos cuasi perdidos pueblos de la Extremadura que ahondaba en los años cuarenta y cincuenta que, a la hora de iniciar su andadura por el bachillerato, lo hace en el Seminario-Instituto de la Preciosa Sangre de Cáceres (Congregatio Missionarium Pretiosissima Sanguinis), junto a su hermano Fabián.

Aquel chiquillo va conociendo poco a poco, día a día, entre la inquietud y la profundidad, la vida del padre Gaspar del Búfalo, fundador de la orden, que creó en 1815, en la población de Giano dell'Umbria, "con el fin de promover la reforma moral y religiosa hecha por Pío VII", y que, más allá de su sede fundacional, abrió su primera casa en la capital altoextremeña gracias a la extraordinaria donación que hiciera en su día el último marqués de Ovando, Vicente Mariano de Ovando Solís Perero Maraver y Aponte.

Finalizado el bachiller, Casiano se sintió atraído y cautivado por profesar en la orden de la Preciosa Sangre, iniciando su trayectoria como seminarista, compartiendo clases con compañeros como José Luis Rojo, que sería párroco de Arroyo, o Paulino Hernández, párroco de la iglesia de San Mateo.

Casiano Suero, cautivado por la Orden de la Preciosa Sangre

La profundidad del espíritu religioso de la orden, implantada en Cáceres, en el corazón de la Ciudad Medieval, va calando profundamente en la formación del estudiante que, curtido paulatinamente en la vida del fundador de la orden, pasa diversos períodos vacacionales anhelando conocer con mayor intensidad la vida y los pasos del fundador de la Preciosa Sangre, llevando a cabo diversos viajes por Austria, Alemania, Italia y Portugal, y formándose en el espíritu religioso del padre Del Búfalo, hoy venerado como santo.

Tras los estudios llega la toma de hábitos: misa en la iglesia de San Francisco Javier, en Cáceres y, posteriormente, cuajado de emoción, celebra su primera misa en Zarza de Montánchez.

Posteriormente se incorpora como sacerdote de la orden en Cáceres, predicando la hondura y el rigor de la Preciosa Sangre, abriendo el eco de su palabra, serena y amplia, intensa y profunda, en sus prédicas y homilías. Más tarde pasa unos años como profesor superior en el colegio San Francisco Javier, en la localidad pacense de Fuente de Cantos. Después retorna a la capital de la Alta Extremadura y, firme en sus objetivos, comienza a distinguirse por una amplia labor social, compatibilizando su palabra, su verbo y su compromiso con la Legión de María y, más tarde, con Hermandades del Trabajo.

Casiano da rienda suelta, entonces, a esa identidad que le distinguía en los diversos ámbitos sociales de Cáceres, mientras multiplica, con compromiso e identidad personal y religiosa, su vertiente más sensible, incrustándose en un trabajo continuado y permanente entre los jóvenes y los más humildes y desfavorecidos, tratando de impulsar la máxima ayuda en los carriles de su integridad con las personas que saben de su formación, de su generosidad y de su ayuda.

Un buen día, Casiano es nombrado superior y vicario para la provincia de España y Portugal de la Orden de la Preciosa Sangre, a cuyo frente se encuentra a lo largo de tres legislaturas y alcanza señalados logros, tal como consta en las páginas de la historia de la Compañía y de la Orden de la Preciosa Sangre.

Ayudando a los marginados y jóvenes

Al mismo tiempo, va emergiendo una figura carismática en la ciudad que encuentra eco en todos. Casiano abre su trabajo e inquietudes al complejo mundo de la vida de aquellos gitanos cacereños, se convierte en un luchador infatigable en el polígono chabolista de Las Labradoras, junto al padre Juan Vázquez, llama a las puertas del Ayuntamiento, presidido por Alfonso Díaz de Bustamante, y se vuelca en su apostolado con los calés cacereños. Ayuda al poblado, logra que se les facilite a los gitanos una serie de vales, con respaldo económico de numerosos cacereños, para adquirir productos en determinados establecimientos, celebra allí la misa los domingos y hasta los niños del poblado hacen su primera comunión con trajes donados por miembros de la sociedad local.

En su andadura, con el semblante más humano y batallador, Casiano Suero también fue el inspirador de la barriada de Las Trescientas, cuyas viviendas, en un principio, estaban destinadas a los chabolistas gitanos. Posteriormente, Casiano se convierte en consiliario de Hermandades de Asuntos Varios (derivada de las Hermandades del Trabajo, que tanto hicieron por los cacereños), ofreciendo su lado más humano y solidario con todos.

De este modo iba abriendo las puertas de una relación amistosa y entrañable con personas como Julián Murillo Díez, Juan Pablos Abril, Dionisio Acedo Iglesias, Pedro Rodríguez de Ledesma, Valeriano Gutiérrez Macías y un amplio segmento de cacereños que trataban de atender, ayudar y cooperar con la labor, gigantesca, de Casiano Suero.

Más tarde se incrusta en el corazón de esa marginalidad que latía severamente en los barrios madrileños de Orcasitas y La Fortuna, convalida los estudios de sus asignaturas eclesiásticas con las civiles, se licencia en Filosofía y Letras y ejerce la docencia como profesor de Filosofía en la Universidad Laboral de Toledo.

Desde la capital castellanomanchega viaja con frecuencia hasta el Cáceres de su alma, donde se encuentra con el abrazo amigo de cientos de cacereños. Ilustres unos, humildes otros. Sus miradas, cuajadas de añoranza, se encaminan hacia su tierra. Por lo que, tras obtener la dispensa sacerdotal, se seculariza e imparte clases en la Universidad Laboral.

Una persona muy querida en Cáceres

En 1976 contrae matrimonio con Loli Turégano, hija del matrimonio Turégano Valiente, adoptan un hijo, Juan Carlos, y, con la llegada de Jaime Velázquez a la presidencia de la Diputación Provincial, es nombrado director del Colegio San Francisco, posibilitando una labor pedagógica y social de gran calado.

Obtuvo la cátedra de Literatura, gustaba de la lectura, preferentemente de la obra de los clásicos y de la novela de carácter y argumentación histórica; le apasionaba escuchar música con la mente transitando por los más variados horizontes, viajar sin rumbo fijo, recorrer los caminos, los senderos y las rutas de los pueblos extremeños entre ese puñado de curiosidades e historias, pasear meditando, silenciosa y serenamente, por las callejuelas y plazoletas de la Ciudad Histórico-Monumental de Cáceres, de las que llegó a guardar las llaves de tres casas palaciegas.

Estaba enamorado de la vida, entre sus azares, inquietudes y amplitud de todos y cada uno de los avatares y recorridos que iba alcanzando hasta conseguir los mayores retos de sus expectativas.

Cuando disfrutaba del pálpito de ese equilibrio de logros, afectos y amistades, con tan solo 62 años nos dijo adiós, dejando a Cáceres un poco huérfana de ese abanico de aspectos que conformaban su filosofía humana, amiga y maestra, con quien tuvimos algunas conversaciones como aprendiz de su culta y esmerada palabra y conocimiento, de su mano amiga, de su noble mirada.

Casiano Suero fue, ante todo, una excelente persona, humano y humanista, luchador y riguroso, muy conocido por todos, por la intensidad y profundidad de miras en la apertura de su compromiso social y humano, por lo que se entregó a todos, tendiendo puentes de ayuda, preocupación y orientación.

"En la vida hay tiempo para enriquecer todos los campos del conocimiento y la inquietud de las personas", solía repetir en la lección personal de cada día ante sí y ante los surcos de sus reflexiones y convencimientos. Una reflexión de Casiano Suero, inmerso e incrustado en el paisaje del Cáceres de Aquellos Tiempos.

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